Expo Milán 2015 Lo que se llevan los visitantes del pabellón suizo

¿Todo es gratuito o las mercancías tienen un precio? Los que toman demasiado no dejarán nada a los demás. 

¿Todo es gratuito o las mercancías tienen un precio? Los que toman demasiado no dejarán nada a los demás. 

(swissinfo.ch)

En la Exposición Universal de Milán, el pabellón suizo pretende ganar puntos con valores internos. ¿Lo logra? Dos semanas después de su inauguración,  swissinfo.ch habla con visitantes del ‘Confooderatio Helvetica’.

“Simboliza el verdadero principio que subyace en la Expo” señala entusiasmado Marco, de Padua, quien acaba de salir del ascensor del sitio suizo, acompañado por algunos amigos y con un vaso de agua en la mano. “Aquí podemos experimentar realmente lo que es el consumo responsable”, dice el estudiante preuniversitario.

Sarah, de Fehraltorf (cantón de Zurich), encuentra atinada la idea de “que habrá tanto como habrá”. Se trata de “no tomar a manos llenas, sino de pensar en los otros”.

Milano 2015

Del 1 de mayo al 15 de octubre, la Exposición Universal espera a más de 20 millones de visitantes, dos millones de Suiza. Unos 10 millones de entradas han sido vendidas.

El tema ‘Alimentar el planeta - Energía para la vida’, aborda los problemas en materia de alimentación que afronta la humanidad: más de 800 millones de personas padecen hambre y aún más sufren las consecuencias dietas malsanas.

Los países participantes presentan sus avances en agricultura, producción agroalimentaria e investigación, y proponen modelos de desarrollo sostenible para garantizar a la humanidad una alimentación sana y suficiente.

Barbara, de Rapperswil (cantón de San Gall), se muestra un poco decepcionada de la arquitectura. “Pero me encanta la idea de que la gente pueda llevarse alimentos, para mostrar que poco a poco estas reservas se agotarán”.

“Se trata de una idea muy original acerca de la sostenibilidad y sobre los recursos que faltan día a día. Un tema central en la sociedad actual”, añade Roberto, de Milán. “Esto demuestra que todo tiene un final”, acota Atanas, un hombre mayor de Berlín. De manera contraria, no está muy contento con el equipo, que todavía le parece un poco desorganizado.

Tal vez esto se debe al hecho de que es necesario entrenarse y a que una gran multitud visita el pabellón suizo.

Como en anteriores exposiciones universales, una cola relativamente larga se forma todos los días a la entrada del pabellón suizo. Incluso si en esta ocasión no se apostó a clichés tales como las montañas, teleféricos o innovaciones.

Un feliz inicio

“Las reacciones en su mayoría son positivas. En las exposiciones universales siempre hay una especie de ‘hit parade’ de los pabellones más atractivos. Y nos encontramos entre ellos, porque tenemos uno que contribuye al tema de la Expo que es la alimentación y la sostenibilidad”, señala Andrea Arcidiacono, portavoz del sitio suizo, quien nos guía al interior de los ‘silos de alimentos’.

“¿Y habrá suficiente para todos?” Esta pregunta se plantea en lo alto de las torres del pabellón, de 15 metros de altura, a las puertas de Milán. En las paredes interiores de cada una de las cuatro torres se apilan cajas de alimentos, cuyos niveles son visibles desde el exterior, así como desde el web del pabellón.

Un ascensor conduce a un cuarto piso en la primera torre, donde uno puede  tomar pequeños sacos de café (desde los años 1930, Suiza es un importante exportador de café). En la segunda torre, rodajas de manzanas secas (proporcionadas por pequeños productores de la Suiza oriental) atraen a los visitantes, en la tercera los esperan pequeños paquetes de sal de los Alpes suizos, mientras que en la última pueden saciar su sed con el agua potable local (es posible llevarse el vaso).

El principio es simple: el piso de las cuatro torres es una plataforma que se puede hacer descender durante la Expo en función del consumo, con el fin de poder experimentar el decremento de las provisiones. Hasta ahora parece que las rodajas de manzana y el agua son más apreciadas que la sal y el café. “Sin embargo, mientras los pisos superiores de las cuatro torres no estén vacíos, no haremos descender el suelo”, explica Arcidiacono. “Eso significa que en dos o tres semanas, los visitantes no encontrarán sino café y sal”.

“Experimentación social”

Se trata entonces de un “pabellón dinámico, una especie de experimento social que hacemos aquí, en Milán”. Pero si, como se espera, tres millones de personas visitarán el pabellón suizo, no habrá suficientes productos para todos. Las torres contienen 2,5 millones de sacos de café y dos millones de paquetes de sal. Hay incluso menos rebanadas de manzana y raciones de agua.

Sin embargo, la eventualidad de una aprovisionamiento insuficiente es parte del concepto, dice Arcidiacono: “Cuando no quede nada, las torres estarán vacías, y daremos a conocer ese vacío. Es también un mensaje: los primeros visitantes han tomado tanto que no alcanzó para los siguientes. Y es también una imagen de la sociedad actual, en la que muchos tienen demasiado y otros no tienen lo suficiente”.

Pero, ¿los visitantes se despachan realmente con moderación? Arcidiacono relata: “Tuvimos el caso de un visitante que tomó una caja entera de rodajas de manzana. Descendió en el elevador y una vez abajo, la gente lo miró y le hizo preguntas. Se sintió avergonzado y devolvió la caja”.

También nosotros salimos del pabellón utilizando el ascensor, con rodajas de manzanas y un vaso de agua en la mano. “Yo solamente me traje el vaso”, dice  Federica, de Lecco. “Es que no hay que comportarse de forma egoísta, sino pensar también en los que nos rodean”, dice la joven de 18 años.

Wakaba y su madre, que vienen de Yokohama, Japón, también se llevan poco.  “Es importante no ser demasiado egoístas y no tomar solamente para uno mismo sino compartir con los demás”, dice.

Luca, de Stuttgart, da prueba de moderación. “Solamente tomé agua. Dejé las otras cosas que no eran muy importante para mí”.

Parte de la historia de Suiza

Una señora de Locarno y un señor de Monte Carasso (Tesino) bebieron un poco de agua y llevan un poco de café. El hecho de que el café proceda de Nestlé y que esa multinacional del sector alimentario tenga su propia exposición en un pabellón anexo no parece molestar a nadie, a pesar de las críticas en la prensa. “Nestlé es parte de la historia de Suiza”, señala Arcidiacono, y añade que el pabellón suizo se basa en una asociación público-privada. “El Parlamento nos obliga a buscar financiamiento de terceros. Y las grandes multinacionales se han dado cuenta de que las empresas tienen una responsabilidad social”.

“No teníamos consciencia de que Suiza comercializara tanto café y manzanas”,  comenta sorprendida Wiebke, una alemana que sale del ascensor con un grupo de amigos.

Aunque no hay espectáculos en el pabellón suizo (a diferencia de otras representaciones) está bien posicionado, a pesar de su enfoque metódico. “Es sobrio. Sin gran espectáculo, muy refinado”, dice Sandro, 20, del Oberland bernés. “Suiza no hace publicidad, sino que se centra en el tema. Será interesante ver qué torre se agotará primero”.

“Muchos países se basan en tecnologías, videos, y quieren perfilarse”, dice Giulio, estudiante preuniversitario de Padua, a lo que un profesor de Brescia agrega: “Otros se basan más en el turismo”.

Por supuesto, también hay un enfoque más concreto del tema de la comida en el pabellón suizo, con un restaurante, una barra de bebidas, raclette y talleres sobre el chocolate, así como una multitud de otras actividades relacionadas con los temas de la solidaridad y la gestión de los recursos, dice Arcidiacono.

Pero, ¿qué pasará con el lema sobre la sostenibilidad al final de la Expo? “Está prevista la reutilización de las torres en Suiza como invernaderos urbanos. Algunas ciudades y una fundación han expresado su interés”. En todos caso, el 75% de los materiales utilizados son reciclables. Incluso los elementos de concreto, producidos en Suiza, lo mismo que la comida para los visitantes.


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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