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Una mujer y dos niños son evacuados de sus hogares ante el avance de las fuerzas iraquíes sobre el barrio de Al-Haramat, en Mosul, el 11 de mayo de 2017, en plena ofensiva para arrebatar zonas de la ciudad de manos del grupo yihadista Estado Islámico

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El grupo Estado Islámico (EI) pone explosivos en las casas, con sus habitantes dentro, y bloquea las puertas para evitar que huyan. Así se preparan los yihadistas para el asalto final de las fuerzas iraquíes en Mosul.

Las tropas iraquíes avanzan cada día un poco hacia las estrechas callejuelas de la ciudad vieja, último bastión del grupo EI en Mosul que sus combatientes pretenden defender hasta la muerte, como les pidió su líder Abu Bakr al Bagdadi.

Los habitantes conocen igualmente el cercano final, pero para ellos es imposible huir.

"Dáesh (acrónimo árabe del EI) vino a nuestra casa y soldó la puerta. Nos dieron un poco de agua, una tela blanca y nos dijeron: 'Tened vuestra mortaja'", contó una habitante del barrio de Zinjili a uno de sus allegados, residente en la parte este de Mosul, que las fuerzas iraquíes recuperaron a finales de enero.

En un mensaje de voz, confiesa entre lágrimas ser prisionera en su propia casa, sin comida, con su marido y sus cuatro hijos, de los cuales la mayor tiene 15 años.

"Cuando sospechan que una familia quiere irse, les encierran en su casa. Y en algunos casos, sueldan las puertas", confirma un habitante del barrio de Mashahda, en la ciudad vieja, que se presenta con el nombre de Abu Rami.

- Casas bomba -

"Estas familias solo pueden morir de hambre, por enfermedades o por los bombardeos", suspira el joven de 35 años, en conversación telefónica con la AFP.

El grupo EI practica esta estrategia de "detención" de civiles "desde hace poco", explica.

Con aproximadamente 600 hombres aún presentes en la parte oeste de la segunda ciudad del país, según el militante de la sociedad civil Abdelkarim al Obeidi, los yihadistas son superados en número por los miles de combatientes de los servicios antiterroristas (CTS), del ejército y de la policía federal.

Los escudos humanos son su defensa. Unas 250.000 personas están retenidas en el casco viejo y en el puñado de barrios de alrededor controlados por el grupo EI, estima Obeidi.

Para evitar un éxodo de civiles, los yihadistas también colocan explosivos en las casas, una táctica ya utilizada ampliamente contra las fuerzas gubernamentales estos últimos meses para contener su avance.

"Los grupos de Dáesh ponen bombas en las casas con sus habitantes dentro", afirma a un reportero de la AFP en Mosul Este el general de división Thamer Abu Turab, de la fuerza de reacción rápida del ministerio del Interior.

Desde el avance lanzado la semana pasada en el noroeste de la ciudad, "ya hemos encontrado ocho casas como ésta, donde nuestros equipos de desminado han desactivado artefactos y liberado a las familias", señala.

- "Dentro de poco los perros" -

Esta estrategia del miedo parece eficaz. Los habitantes que el grupo EI no encierra se esconden ellos mismos en sus casas, en el sótano con las exiguas reservas de comida que les quedan.

La situación alimentaria, ya preocupante cuando se lanzó la ofensiva en Mosul a mediados de octubre, se vio agravada por los meses de combates.

"La gente de Dáesh tienen todo lo que hace falta porque saquearon las casas y sustrajeron las reservas de comida de los habitantes", indica Obeidi, pidiendo lanzamientos aéreos de alimentos para los civiles.

"Actualmente, el hambre mata a más gente que los bombardeos y los combates", precisa Hossameddine al Abbar, miembro del consejo provincial de Nínive, la provincia cuya capital es Mosul.

El miedo y el hambre acechan en las callejuelas de la ciudad vieja.

"Detrás de las paredes de las casas, hay habitaciones enteras, sótanos llenos de gente demasiado aterrorizada para huir. Y ahora les mata el hambre", describe por teléfono a la AFP Abu Imad, un exempleado de un restaurante que vive en el barrio de Zinjili con su mujer y sus cuatro hijos.

"Conozco personas que empezaron a comer plantas y que hierven papel (para comerlo después)", confiesa. "A este paso, la gente comerá dentro de poco los perros y los gatos", concluye.

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AFP