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Louise Bourgeois o las manos de una hechicera

Louise Bourgeois, 2010. Hauser & Wirth

La galería de arte contemporáneo Hauser & Wirth de Zúrich presenta una inusitada exhibición fotográfica centrada en las manos de esta escultora francesa (1911-2010), relevante personalidad del siglo XX.

Este contenido fue publicado el 28 abril 2011 - 08:59
Araceli Rico, Zúrich, swissinfo.ch

Un portafolio de 18 fotografías tomadas por el artista belga, radicado en París, Alex Van Gelder, se exhibe como homenaje a esta creadora cuya obra ahonda en el misterio de la sexualidad y los instintos del ser humano.

Entre las manos del limosnero que pide, las manos fervientes de quien reza, las manos largas y elegantes de un pianista o las de aquel que acusa con el dedo, las manos nervudas y arrugadas de Louise Bourgeois no dejan de ejercer una extraña e inquietante fascinación.

Una complicidad perfecta

Después de algunos años de amistad con Alex Van Gelder, experto en arte africano y cineasta, Louise Bourgeois, poco antes de fallecer, lo designa como la única persona que pueda fotografiarla en la intimidad de su estudio neoyorquino.

En efecto, entre el fotógrafo y la modelo se había establecido un lazo de confianza y de entendimiento lo suficientemente intenso como para que ambos pudieran situarse de un lado y otro de la cámara fotográfica, haciendo entre los dos sesiones dirigidas de una manera más bien intuitiva para dar lo mejor de sí mismos.

A la edad de 98 años, Louise Bourgeois seguía sorprendiendo al mundo por la audacia de sus creaciones, y es así que se embarca en este nuevo proyecto en el cual el retrato es considerado una extensión más de su propio trabajo artístico.

En estas fotos la autora ofrece su presencia física inmediata como un elemento valioso para la interpretación de su arte y, sus manos, en particular, como las herramientas indispensables para la materia que ella bien sabía transformar.

“Yo soy lo que mis manos hacen”

Esto exclamaba la artista durante las sesiones de fotografía realizadas por Alex Van Gelder, lo cual hace pensar que en su larga vida esta mujer había terminado por confundir totalmente su identidad con lo que creaba.

El arte en este caso se convierte para Louise Bourgeois en la huella que deja el cuerpo en todo aquello que toca, como si este fuera su sello distintivo. Por eso en algún otro momento comentaba: “Yo no tengo ego, yo soy mi trabajo”.

En las fotografías expuestas en la galería Hauser & Wirth, las manos de la  

pintora y dibujante surgen sobre el fondo de su vestimenta negra, aisladas y únicas, semejantes a personajes que ejecuta un ritual.

Se pensaría quizá en las manos de una gran hechicera, la maga que transforma con el vigor poderoso de sus falanges, nudillos, nervios y venas. Toda ella está ahí con su alma, la piel dura y reseca es el envoltorio de la potencia extraordinaria de su creación, acaso un escudo contra la muerte.

Una fuerza contenida

Entrelazadas, apretujadas, restregándose una a la otra, jamás abiertas o extendidas, las manos que aparecen como motivo de esta serie excepcional, se presentan bajo una luz misteriosa, con sombras que las van modelando para dejar al descubierto su inquietante estructura.

Como rocas excavadas dentro de una caverna milenaria, las manos marchitas y deterioradas de Louise Bourgeois son la metáfora viva de la vejez. Pero, asimismo, de alguien que sabía manipular con maestría la piedra, el mármol, el hierro, el bronce, el yeso, la madera, el alambre, la tinta y el papel.

“Yo me hice escultora porque tenía dentro emociones que antes no podía yo expresar con el simple gesto de mi mano para dibujar o pintar, necesitaba de un gesto más fuerte, necesitaba mis dos manos”, explicaba la autora en un entrevista.

La mujer como creadora y tema del arte

Hacia la década de los años 70 la escultora francesa comenzó a interesarse cada vez más en el papel de la mujer dentro de la problemática del arte, dando inicio a sus controvertidas instalaciones como la conocida ‘Destrucción del padre’ y, por supuesto, sus famosas ‘Arañas’, piezas enormes hechas en bronce que hablan de la figura materna.

La araña, contrariamente a lo que se piensa, era para Louise Bourgeois una figura llena de creatividad y paciencia, puesto que el animal saca de su cuerpo las secreciones para hacer el hilo con el cual va a tejer su telaraña y protegerse del mundo junto con sus hijos.

¿No es esto justamente lo que revelan las manos duras y resistentes de esta mujer? A pesar de la edad y la decrepitud ella sacaba de sí misma su propia defensa frente a un exterior que sin duda se presentaba como algo amenazador.

Incansable, igual a una araña que persiste en tejer y tejer su tela, hasta el final de sus días Louise Bourgeois dio forma a sus sueños, miedos, amores y obsesiones, en una extensa y fascinante obra considerada hoy como una de las expresiones artísticas más reveladoras del siglo XX.

La exhibición ‘Armed Forces’, dedicada a las manos de la memorable escultora, cerrará sus puertas el 14 de mayo de 2011.

Datos clave

La galería Hauser & Wirth de Zúrich presenta una exhibición fotográfica dedicada a la genial artista Louise Bourgeois.

La extensa obra de esta artista desaparecida en 2010 abarca no solo la escultura, sino otras disciplinas como la pintura, las artes gráficas, el dibujo y las llamadas instalaciones.

Sus obras han sido reconocidas por el gran público en numerosas exposiciones individuales y colectivas en todo el mundo.

Louise Bourgeois nacida en París y radicada desde 1938 en Nueva York fue la primera mujer a quien se consagró en 1982 una exhibición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Fueron innumerables sus exposiciones en destacados centros de arte como la Tate Modern de Londres, el Centro Georges Pompidou de París, el Museo Guggenheim de Nueva York y galerías de arte contemporáneo en Estados Unidos y Sudamérica.

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