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Max Frisch: A diez años de su muerte

Una década después de su muerte, Max Frisch recoge el respeto de seguidores y adversarios.

(Keystone Archive)

Ligado a su patria en una relación ambigua, junto con Friedrich Dürrenmatt, la otra eminencia de la literatura suiza, Frisch era el crítico más audaz de su propio país y de su tiempo. En su obra, el novelista analizaba algunos valores fundamentales de Suiza.

Frisch criticaba la inmovilidad helvética, cuestionaba la neutralidad política, el ejército suizo y fustigaba el oportunismo.

Max Frisch, uno de los grandes hombres de letras suizos, murió el 4 de abril de 1991. Tenia 80 años. El mismo año, Suiza conmemoraba el 700 aniversario. Frisch era un crítico agudo de su propia patria. A diez años de su muerte, muchas obras de Max Frisch siguen siendo vigentes.

A Max Frisch no le gustaba dejar las palabras en las manos de los poderosos. "¿Qué será de la patria, preguntaba Frisch, si únicamente los banqueros y los militares llenan esta palabra con sentido?" Quizá es por eso que algunos críticos acusaron a Frisch de echar piedras sobre su propio tejado.

Durante toda su vida literaria, Frisch se esforzaba en que la palabra escrita y hablada no quedase sólo en las manos de los poderosos. Creía en la necesidad de la insubordinación tanto en la literatura como en la vida diaria. Frisch estaba convencido de que la literatura debe sacudir, conmover y provocar. En el transcurso de su existencia literaria, Frisch ganó autoridad moral en su patria, autoridad que hoy respetan tanto sus adversarios como sus admiradores.

Frisch tenía un oficio exacto. Estudiaba arquitectura en la Universidad Politécnica de Zúrich. Comparaba el edificio de la letra con los espacios construidos en firme y en piedra. Y a la hora de definirse, se quedaba con la palabra. Para Frisch, la poesía del espacio construido era el mundo fijo, definitivo e inmovible. A cambio, la letra y la palabra representaban al mundo modificable, móvil y abierto. Max Frisch quedaba nómada, urbano y en constante movimiento.

A diez años de su muerte se releen las obras de Max Frisch, tanto en Suiza como en otros países, donde sus libros están disponibles en traducciones. Sus diarios (1946-49, 1966-71), sus obras de teatro (Andorra), sus novelas (Stiller, Homo Faber) y sus textos analíticos (Guillermo Tell para la escuela) no han perdido su vigencia.

Nadie ha podido ocupar el espacio de Max Frisch en el medio literario suizo. Hoy en día, el discurso analítico y polémico sobre la patria y otros temas candentes es más disperso y ya no se concentra en una sola voz.

El tiempo es el juez más cruel, tanto para la literatura como para las ideas. Y muchas ideas no perduran. Pero Max Frisch se permitió una pregunta fundamental: "¿Es la patria sólo para aquellos que la aman?" Cada generación dará una respuesta diferente a la inquietud de Frisch. El autor de la novela "Pongamos que me llamo Gantenbein" ha sobrevivido modas y estilos.

Erwin Detling, Zúrich

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