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Meteorología popular: las señales de la naturaleza

Un viento helado permite determinar si se avecinan borrascas.

(Keystone)

Los campesinos de las montañas alpinas y de los valles más recónditos de Suiza prefieren fiarse de sus creencias populares para predecir el tiempo.

Es una antigua tradición en todo el mundo rural que se apoya en los conocimientos de la naturaleza y de sus respectivas regiones.

Suiza es uno de los países que posee los servicios meteorológicos más avanzados y modernos de toda Europa, con una capacidad de acierto en las previsiones de casi un 99%, pero los campesinos prefieren confiar en la sabiduría popular para saber de qué manera evolucionará el tiempo, si va a llover, o si el invierno será largo y duro. Y no se equivocan.

Mezcla de creencias ancestrales, de supersticiones, pero sobre todo de conocimientos transmitidos de generación en generación. Sabiduría popular que se rige por sus propios códigos y obedece a un sistema de referencias basado en la observación y la memorización de los ciclos climáticos a través de los años.

Algunos ejemplos

Los campesinos de las riveras del Rin en Basilea vaticinan, por ejemplo, un invierno largo y rudo, si sus casas son invadidas por pequeños insectos que generalmente resisten al frío y se alimentan normalmente bajo la nieve. Es un signo que nunca falla y que, por cierto, tiene su explicación científica. Se trata aquí de una previsión a largo plazo.

A corto plazo, los agricultores ginebrinos estudian del comportamiento de las nubes alrededor de la montaña del Saleve, situada en la frontera con Francia. Si repentinamente se acumulan inocentes nubes blancas, es seguro que dentro de un par de horas se desatará la lluvia. En verano, ese es un signo de tormenta inminente.

Sus colegas del Jura bernés no se quedan atrás. El viento les indica qué tiempo hará en las próximas horas. El viento helado que sopla repentinamente desde el noreste anuncia borrascas y lluvia. Si se producen bolsas de aire caliente, una tormenta de verano se avecina a pasos agigantados.

En la región de Kreuzlingen, en las riberas del lago Constanza, el comportamiento de los pájaros sirve de indicador de las previsiones meteorológicas. El retorno prematuro de las cigüeñas blancas, ya en el otoño, es un signo de que la primavera será benigna. Por el contrario, si las aves comienzan a emigrar antes del fin del verano, habrá que esperar un invierno rudo.

Los mensajes de las nubes

Los pastores del valle de Blenio, en el cantón italófono del Tesino, se fían también del estudio de las nubes, pero sobre todo de la flora silvestre. Si las hojas de los arbustos de follaje demoran en caer en el otoño, es señal de buen tiempo, y el regreso de las cabras a los establos puede ser retrasado por algunas semanas.

En el Alto Valais, la observación atenta y minuciosa de los glaciares, la nieve y el hielo, indica a los campesinos las diferentes formas de interpretar el tiempo. El ruido profundo de los torrentes antes del invierno, constituye malignos presagios de aluviones, como las nieves de ciertas cumbres que no alcanzaron a derretirse durante el verano.

"Pero lo que más sorprende a los especialistas del climáticos", explica a swissinfo David Galland, investigador del clima del Instituto de Investigaciones Climáticas de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, "son los conocimientos de los microclimas de los campesinos en general. Y es precisamente ahí donde fallan las previsiones, pues aún no manejan todos los factores locales", explica.

Es además lo que hace reír a ciertos campesinos de la región de la Gruyère, en Friburgo, pues ya no creen en las previsiones del tiempo que les entrega la radio y la televisión. "Cada vez que anuncian lluvia, nosotros tenemos buen tiempo", aseguraba meses atrás a una radio local, un productor lechero, que busca transformar su granja en un centro turístico.

Y ese es el punto fuerte de los campesinos, que conocen de generación en generación los caprichos de los microclimas de sus regiones. Saben por ejemplo que entre dos montañas el viento se encargará de barrer rápidamente las nubes cargadas de lluvia y entonces apuestan que, contrariamente a lo que dijo el meteorólogo, en ese lugar no lloverá. Y así sucede.

Alberto Dufey


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