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Migrante: ese deseado enemigo

Millones de personas en todo el mundo se ven obligadas a abandonar sus hogares.

(Keystone Archive)

Unos 150 millones de seres humanos viven bajo un cielo diferente al que les vio nacer. Un millón 404 mil 203, residen en Suiza y forman el 19,6% de la población.

La celebración este martes del Día Internacional del Migrante se lleva a cabo bajo el lema "Dignidad y Respeto", y sus organizadores exhortan a todos los gobiernos del mundo a ratificar el principio fundamental de que todas las personas tienen derecho a un tratamiento justo e igualitario.

Huyendo de la guerra, la persecución política, la miseria, el crimen, millones de seres humanos cruzan las fronteras de una geopolítica mundial que se torna cada vez más compleja. No existe una sola región del mundo que no albergue desplazados y que no registre éxodos más o menos importantes.

"Unos 150 millones de hombres, mujeres y aun niños, que representan alrededor del 3% de la población mundial, han abandonado su suelo natal y viven como extraños en el país que residen", asienta la Conferencia Mundial contra el Racismo, de las Naciones Unidas.

"De Guatemala a guatepeor"

El organismo advierte sobre el deterioro alarmante de las condiciones de esos andariegos. "Los migrantes constituyen un grupo particularmente vulnerable, cuyos derechos no sólo como trabajadores sino también como seres humanos son sistemáticamente violados".

En su informe a la Comisión de Derechos Humanos, Gabriela Rodríguez Pizarro, relatora especial de la ONU establece que "a menudo la violencia física y otras violaciones de derechos se cometen contra personas cuyo color, aspecto físico, indumentaria, acento o religión son distintos de los mayoritarios en el país de acogida".

En suma: los migrantes son obligados a dejar sus lares por situaciones adversas, arriesgan la vida en la empresa (recuérdese a las víctimas de los 'boat people' o a los 'braceros' mexicanos acribillados por la 'migra' estadounidense) y cuando alcanzan por fin la "Tierra Prometida", ésta les niega sus bondades.

"A pesar del reconocimiento por parte de las agencias internacionales de los abusos a los que son sometidos los trabajadores migrantes, todavía hay muchos países que se niegan a otorgar a los migrantes sus derechos internacionales reconocidos", destacaron en un comunicado los organizadores esta jornada.

El trabajo de los trashumantes

Las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) establecen que, de los 150 millones señalados, 80 millones de trashumantes integran las filas del sector, mientras que la Organización Internacional para las Migraciones precisa que las mayores concentraciones se producen en Asia, Europa y América del Norte y el resto en Africa, América Latina y Oceanía.

Esa búsqueda incesante de El Dorado, de un regazo de paz o, al menos, de una tierra de sobrevivencia, no es un fenómeno nuevo en los anales del devenir humano.

Suiza, tierra de emigrantes

Suiza, por ejemplo, fue durante muchos siglos un pueblo de emigrantes. De hecho, hasta finales del siglo XIX el saldo migratorio fue positivo. Desde el Renacimiento hasta la Revolución Industrial, eran más los helvéticos que dejaban sus terruños, que los extranjeros que venían a asentarse en ellos.

Más de dos millones de ciudadanos de la antigua Confederación hicieron carrera militar bajo una bandera ajena a la suya. Expatriados primero en Europa, miles y miles de suizos se dejaron seducir más tarde por el canto de las sirenas americanas.

Las primeras presencias suizas en el Nuevo Mundo se produjeron en los tiempos de la colonización americana (siglo XVI) pero uno de los casos más ilustrativos del peregrinaje helvético tuvo lugar entre 1816 y 1817 cuando Suiza, como el resto de Europa, fue víctima de una catastrófica hambruna.

Más de 2000 ciudadanos suizos, 800 procedentes de Friburgo, emprendieron entonces la aventura de establecer en Brasil la 'Nova Friburgo', una hazaña que costó la vida a cientos de entre ellos y que estuvo a punto del naufragio.

Las primeras oleadas

En el sentido inverso, entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVIII, decenas de millares de hugonotes encontraron hogar en Suiza y en el siglo XIX los helvéticos asistieron a la llegada de los primeros refugiados políticos cuyas ideas progresistas les ganaron la simpatía de los anfitriones.

Empero, las cosas se complicaron más tarde. La situación geográfica de Suiza, en pleno corazón de Europa, y el fortalecimiento de su desarrollo económico, se convirtieron en poderosos atractivos para miles de personas que en vano se afanaban por allegarse el pan en sus lugares de origen.

La historia suiza registra entonces la primera ola de inmigración económica. Entre 1890 y 1914 la proporción de extranjeros residentes en Suiza se duplicó, para representar el 16% de la población total.

En víspera de la primera Guerra Mundial, Suiza resiente la necesidad de mano de obra extranjera para la construcción de sus líneas férreas y en el sector siderúrgico que conoce de un crecimiento importante. Se introduce entonces un esquema que va a prolongarse: los puestos de obreros son para los extranjeros. Los más de éstos, ya desde entonces, italianos.

Estalla la hostilidad

La Gran Guerra priva a Suiza de 200.000 trabajadores extranjeros y la inmigración se estanca. Paradójicamente, es entonces cuando se rompen los diques de la hostilidad hacia los foráneos. Una expresión de ese sentimiento se observa en el sello con la letra 'J' sobre los pasaportes de los judíos durante el nazismo.

A finales de la II Guerra Mundial Suiza vuelve de nueva cuenta la mirada hacia los extranjeros con vistas a satisfacer sus requerimientos laborales. Sin embargo, las condiciones son otras y las contrataciones se efectúan bajo esquemas transitorios y en condiciones coyunturales.

En materia de inmigración, el último medio siglo está marcado en Suiza por toda suerte de posturas y por una gran variedad de solicitantes: opositores a los regímenes de la Cortina de Hierro, tránsfugas de los sátrapas de la América Latina, víctimas de la atomización yugoslava, de los conflictos en Africa, en Asia, del desempleo y la delincuencia en diversas partes del mundo...

La situación actual

Con base en una política que tiende a poner coto al ingreso de los extranjeros (mediante una estrategia de círculos prioritarios de acuerdo con las zonas geográficas), la Confederación Helvética ha instrumentado al mismo tiempo procesos para la integración de los inmigrantes que a finales de agosto ascendían a un millón 407 mil 203: es decir, 19,6% de la población.

La mayor presencia extranjera, de acuerdo con las cifras oficiales, es la de los italianos (22.4%); le sigue la de los ciudadanos de la ex Yugoslavia (13.8%); Portugal (9.6%); Alemania (8.1%); España (5.8%); Turquía (5.7%); Francia (4.3%); Austria (2.1%); Gran Bretaña (1.5%) y otros -incluidos los latinoamericanos- (1.5%).

A pesar de ese elevado porcentaje, los suizos han ratificado su voluntad de "tierra de acogida" y en más de media docena de ocasiones han rechazado en las urnas las embestidas derechistas en detrimento de aquellos que se vieron obligados a ganar los caminos para soñar en otras lenguas.

Marcela Aguila Rubín.


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