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Carro tirado por caballos en una calle comercial del barrio del sur de Teherán, Molavi, el 11 de mayo de 2017

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En el hervidero de gente de Molavi, un barrio popular del sur de Teherán, las elecciones presidenciales del 19 de mayo suscitan poco entusiasmo y auguran muchas desilusiones.

Desde la revolución islámica de 1979, presidentes de todas las corrientes de la vida política han dirigido sucesivamente el país: conservadores, reformadores, pragmáticos y, desde 2013, el moderado Hasán Rohaní, que aspira a un nuevo mandato de cuatro años.

Pero ninguno ha conseguido cambiar realmente la vida de los iraníes más modestos. El temor del régimen es que éstos decidan de forma masiva no acudir a las urnas.

"No creo que pase nada en el futuro, sea cual sea el futuro presidente. Puede que yo vote, pero sé que nada cambiará" afirma Babak Kiani, un comerciante de 35 años instalado en Molavi.

Molavi fue uno de los barrios más activos de la capital iraní, pero hoy sus tiendas y sus deteriorados edificios están ocupados por gente ociosa a causa de la falta de empleo y de oportunidades económicas.

El barrio queda muy lejos, tanto en sentido real como figurado, de los cafés y de las tiendas de moda, de los rutilantes centros comerciales y de los modernos edificios de los barrios elegantes del norte de Teherán, una megalópolis de 14 millones de habitantes.

Los habitantes de Molavi no se identifican con los seis candidatos que van a pedirles sus votos dentro de una semana: tres conservadores (entre ellos el religioso Ebrahim Raissi y el alcalde de Teherán, Mohammad Bagher Ghalibaf), dos reformadores y Hassan Rohaní, un religioso moderado.

Todos ellos debatieron en la televisión pero "ninguno habló de nosotros" afirma Mohsen que trabaja en una tienda mayorista del bazar de Molavi. "Nadie habla de un joven de 30 años que no puede fundar una familia porque no tiene dinero" dice.

Los cuatro últimos años han sido difíciles para Mohsen, aunque el gobierno pudo reducir la inflación y poner fin a parte de las sanciones internacionales que golpeaban al país, gracias a un acuerdo sobre su programa nuclear con las grandes potencias, en julio de 2015.

- La sombra de Ahmadinejad -

Mohsen lamenta también la falta de progreso en el ámbito de las libertades públicas, pese a los esfuerzos de Rohaní, por el que votará pese a todo, ya que "es el mejor" de los seis.

"Me incautaron el coche durante un mes porque había subido el volumen de mi estéreo para celebrar la victoria de mi equipo de fútbol" recuerda, aún con rabia.

Ama de casa, Nadia Ghelichi juzga con severidad los cuatro años de Rohaní, con "más resultados negativos" que positivos: "La pobreza y el desempleo han aumentado, los jóvenes se han vuelto drogadictos".

Con un índice del 12,5% de la población activa (27% entre los jóvenes), el desempleo es una plaga en Irán que el presidente Rohaní no ha podido frenar durante su primer mandato.

"El único por el que quiero votar es [Mahmud] Ahmadinejad", afirma Nasser Zamani, agente de seguridad. "Todo estaba bien entonces, había abundancia, yo trabajaba en la construcción y realmente había trabajo. Dios mío, era un buen presidente", asegura.

Pero la candidatura en 2017 del expresidente ultraconservador (2005-2013) fue descartada por el Consejo de Guardianes de la Constitución, encargado de seleccionar a los candidatos.

Ahmadinejad, que llevó a cabo una política muy antioccidental, sigue siendo muy popular entre los más pobres, que recuerdan que decidió entregar a cada iraní subsidios sociales directos.

AFP