"¿Por qué diablos me hicieron eso?"

Bella llegó a la edad de 16 de Somalia a Suiza, cargando con ella un dolor que 200 millones de mujeres comparten. Cuando tenía cinco años su familia realizó en su cuerpo una lesión grave a su integridad. 

Este contenido fue publicado el 18 febrero 2020 - 11:00
Christina Brun (SRF), Céline Stegmüller


Según UNICEF, la prevalencia de la Mutilación Genital Femenina (MGF) en Somalia es del 98%. El país de África oriental tiene la tasa más alta del mundo de este tipo de agresiones, pero la mutilación genital femenina es común en muchos países africanos, así como en Oriente Medio y en el sudeste asiático. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que tres millones de niñas corren el riesgo de ser sometidas a la mutilación genital femenina cada año.

Una práctica ilegal difícil de erradicar

En Suiza, la mutilación genital femenina es ilegal desde 2012, tras un cambio en el código penal. Las familias residentes en Suiza que sometan a sus hijas al procedimiento, ya sea en Suiza o en el extranjero, pueden enfrentarse a una pena de hasta diez años de prisión y a multas importantes, según la gravedad del acto y las circunstancias personales. 

La primera persona condenada en virtud de esta ley fue una solicitante de asilo somalí en 2018. El juez decidió que la madre, que había dispuesto que sus dos hijas jóvenes fueran sometidas a la mutilación genital femenina en Somalia antes de llevarlas a Suiza "sabía o debería haber sabido" que la mutilación genital femenina es ilegal en Europa y está desaprobada internacionalmente.

Prevención y apoyo  

A pesar de la prohibición penal, en Suiza 15 000 niñas ya han sufrido o corren el riesgo de sufrir una MGF. Varias ONG están combinando sus esfuerzos para concienciar a las comunidades migrantes afectadas, con la esperanza de romper el tabú y poner fin a esta práctica. 

La Red contra la mutilación genital femenina, un proyecto financiado por las autoridades, ofrece ayuda, apoyo y asesoramiento tanto a las mujeres como a los hombres que se preocupan por la MGF. Mientras tanto, los médicos y los servicios sociales reciben más educación sobre cómo tratar a las mujeres circuncidadas y cómo colaborar con intérpretes interculturales, como Bella.  

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