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Nargis no quebranta a los generales birmanos

Pese a las raras apariciones con las víctimas del Nargis, las autoridades militares birmanas descuidan las necesidades de la población.

(AFP)

El régimen dictatorial de Birmania (Myanmar) no parece amenazado a pesar de la grave crisis humanitaria provocada por el ciclón Nargis y las presiones internacionales. El punto de vista de dos especialistas suizos.

A casi tres semanas de que el tifón asolara el delta del Irrawaddy en el sudoeste birmano la junta militar no afloja el control implacable del país y de sus fronteras, pese a los ingentes llamados de la comunidad internacional.

"Desde sus principios en 1962 y todavía más después del golpe de Estado militar de 1988, el régimen atravesó todas las crisis sin ser afectado, inclusive durante las manifestaciones de los monjes en septiembre pasado, una protesta violentamente reprimida", analiza el editor Matthias Huber, de la Asociación Suiza-Birmania.

El peso de las mentalidades

Una opinión que comparte León de Riedmatten, representante en Bangkok del Centro para el Diálogo Humanitario, una fundación basada en Ginebra.

Interrogado por la Agencia France Presse, este antiguo mediador entre el régimen birmano y la opositora Aung San Suu Kyi declara: "el generalísimo Than Shwe y su número dos, Maung Aye, ya mostraron en el pasado hasta qué punto podían resistir a todas las conmociones".

Más aún cuando los vecinos de Birmania jamás empujaron el régimen a abrirse. "La Asociación de Naciones de Sudeste Asiático (ASEAN) siempre defendió el principio de la no-injerencia en los asuntos interiores de sus países miembros", recuerda Matthias Huber.

El especialista, quien pasó largos periodos en Birmania, antes de que se le prohibiera la entrada al país, evoca también el peso de las mentalidades. "Hace ya treinta años que me intereso por Birmania. A cada crisis, me digo que el régimen no podrá continuar con su línea y que se van a producir cambios. Sin embargo, el régimen sigue de pie".

"El budismo, la acción sin violencia, la esperanza de una mejor existencia en una vida futura, todo concurre para un importante fatalismo de la población birmana", recuerda Matthias Huber. "Sin olvidar, por supuesto, el temor a enfrentar a más de 400.000 soldados que no vacilan en disparar a la muchedumbre".

Luchas por el poder

De ahí que el cambio sólo pueda venir del propio gobierno. "La sola esperanza es que el régimen se fracture del interior y que un grupo de militares considere que todos los límites han sido superados. De hecho, Than Shwe está muy enfermo y seguramente ya hay luchas de poder para su sucesión", estima Matthias Huber, al subrayar que este régimen militar es particularmente opaco.

El editor ginebrino evoca también la posibilidad de una revolución de palacio: "no se excluye que una parte del ejército acabe por ponerse del lado de la población contra el régimen en el poder".

Un escenario posible si el régimen continúa frenando los socorros a las poblaciones siniestradas y si se obstina, a mediano plazo, en descuidar las necesidades del país.

"Si no se hace algo, cientos de miles de personas estarán amenazadas a corto y mediano plazos. Además de la destrucción de las viviendas y de las infraestructuras, se perdieron las existencias de arroz, así como las semillas para los próximos cultivos, que deben comenzar el mes que entra", subraya Matthias Huber.

Precisa: "hay que saber también que desde principios del año, Birmania quintuplicó sus exportaciones de arroz (600.000 toneladas) para sacar provecho del incremento de los precios de las materias primas. A menos que reciba una fuerte aportación exterior, no habrá más arroz en Birmania este año".

Una ayuda indispensable

Frente a tal crisis humanitaria, haría falta, según León de Riedmatten, una operación contundente de tipo puente aéreo, con embarcaciones militares cerca de las aguas jurisdiccionales birmanas y helicópteros que aseguren el encaminamiento de los víveres y de los socorros humanitarios.

"La capacidad del régimen a organizarse frente a esta catástrofe es casi de cero", explica por su parte Matthias Huber.

Sin duda, por esa razón el régimen birmano aceptó el lunes (19.05) que los países de la ASEAN coordinen la ayuda internacional en favor de los siniestrados. Pero el régimen continúa filtrando los socorros internacionales aunque tres cuartas partes de los dos millones de supervivientes carecen aún de todo.

swissinfo, Frédéric Burnand, Ginebra
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Contexto

Se espera la llegada del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, a Birmania el jueves (22.05).

Tratará de convencer al régimen de los generales de permitir el incremento de la ayuda internacional para los 2.4 millones de personas damnificadas por el ciclón Nargis.

Ban Ki-moon espera poder reunirse con el número uno del régimen birmano "generalísimo" Than Shwe, quien ha rechazado hablar con él por vía telefónica.

Los días 2 y 3 de mayo el ciclón Nargis golpeó el sur del país.

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Una puerta entreabierta

La junta militar birmana aceptó el lunes (19.05) el despliegue inmediato de equipos médicos para ayudar a los supervivientes del ciclón Nargis, en respuesta a una reunión ministerial urgente del Asean.

Los ministros de Exteriores de los diez países de Sudeste asiático (incluida Myanmar, Birmania) decidieron establecer un mecanismo de coordinación de la ayuda internacional que será dirigido por el Asean.

Las autoridades birmanas también autorizaron al subsecretario de las Naciones Unidas para los Asuntos Humanitarios John Holmes, quien viajó a Rangún, a desplazarse al delta del Irrawaddy, la zona más severamente golpeada por la catástrofe.

LA ONU indicó que su personal extranjero no tenía aún acceso a la región del delta, donde la situación es descrita como desesperada: varios cientos de miles de supervivientes sufren hambre, epidemias y carecen de refugios.

Una conferencia de solicitación de fondos para Birmania tendrá lugar el domingo próximo (25.05) en Rangún bajo la égida de la ONU y de la Asean.

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