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No a la violencia Inquieta a Suiza fragilización de paz colombiana

Una niña senrada en el suelo con una bandera de Colombia. Ante ella, vista parcial de un soldado armado.

La paz en Colombia enfrenta aún enormes desafíos (Foto de archivo, Boyacá, 2002).

(Afp / Luis Acosta)

El anuncio de la vuelta a las armas de un grupo de la exguerrilla colombiana no solo impactó en ese país sudamericano sino también en la comunidad internacional. Suiza, desde siempre implicada en acompañar el proceso de paz de Colombia, expresa su preocupación. Analistas helvéticos, sin embargo, no se sorprenden por el nuevo rumbo del postconflicto.

El Ministerio de Exteriores de Suiza (DFAE) recibió “con preocupación” el anuncio hecho por el exjefe de las FARC Iván Márquez” el 29 de agosto, de retomar las armas. De confirmarse, ese “reinicio de la lucha armada constituiría, evidentemente, un retroceso”, indica a swissinfo.ch el servicio de comunicación de esa dependencia.   

Suiza “llama a los protagonistas a renunciar a toda violencia en un contexto donde el fortalecimiento de los Acuerdos de Paz y el diálogo” son más necesarios que nunca.

Las autoridades helvéticas, sin embargo, “reconocen la labor realizada hasta el momento en la aplicación del acuerdo entre todas las partes”, aunque sostienen que su mera aplicación “no es suficiente para asegurar una paz duradera”.

Un total de 13 000 miembros de las FARC se desarmaron y desmovilizaron. La mayoría no ha vuelto a tomar las armas. Unos 12 000 exguerrilleros están en vías de reintegrarse a la vida civil, precisa el DFAE.

“Dos trenes en la misma dirección”

“Lo nuevo en esta coyuntura es la declaración pública de Iván Márquez a través del video [de anuncio de retorno a las armas], pero la situación de fondo ya se percibía”, explica el profesor ginebrino Jean-Pierre Gontard, otrora mediador para la paz en ese país sudamericano.

Gontard, caracteriza a los disidentes de las FARC, como “uno de los grupos de la guerrilla residual que siguen operando en Colombia y no constituye un fenómeno nuevo en ese país”.

Profundo conocedor de la historia y la dinámica del proceso guerra-paz en la nación sudamericana, Gontard crítica el anuncio de Márquez, Jesús Santrich y una veintena de cuadros rearmados.

Dice que en coincidencia con el sector del expresidente Álvaro Uribe, “ambos quieren terminar con los Acuerdos de Paz. Son como dos trenes que van en la misma dirección. Los dos tienen la misma cantidad de vagones que antes, pero ahora están pitando fuerte. La declaración del 29 de agosto les da una visibilidad tremenda, pero no tiene mucha significación”.

Tal vez, concluye, esta nueva coyuntura permita comprender aún mejor en Colombia que hay gente seria y otra que apuesta a que la guerra continúe.

“No es una sorpresa”

Para los que viven en Colombia, el anuncio del grupo disidente de la actual Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), “no constituyó una sorpresa, ya había señales de que algo iba a pasar”, enfatiza el pedagogo social suizo Beat Wehrle, responsable de coordinar desde Bogotá los proyectos latinoamericanos de la ONG Terres des Hommes Alemania.

Si bien se habla de un posconflicto, explica, “en realidad se trata de un postacuerdo entre dos sectores armados, que fue deficiente, y que no incorporó a otros actores importantes de la sociedad colombiana, como las víctimas, las mujeres, los niños”.

Y muchos de esos actores no armados que quedaron fuera, analiza Wehrle, son hoy las principales víctimas de la continuidad del conflicto, en particular los líderes sociales que estaban en medio, sin pertenecer a ninguno de los dos bandos.

Con estadísticas en la mano, recuerda que según un reciente informe de la organización local INDEPAZ (Instituto de Estudios para la Paz y el Desarrollo), entre enero del 2016 y mayo del año en curso, fueron asesinados 732 líderes sociales, así como 135 excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, es decir, la antigua guerrilla.

Si bien luego de firmado el Acuerdo se dieron algunos elementos de construcción de la paz, “se produjo sobre todo una reconfiguración del conflicto” que se caracteriza por un cumplimiento positivo de las FARC y un llamativo incumplimiento del actual gobierno que se percibía en los últimos meses de la presidencia anterior, precisa Wehrle.

Lo anterior, con el agravante de que los espacios territoriales dejados por esa organización no quedaron vacíos, sino que fueron ocupados por otros actores -sea bandas criminales paramilitares, denominadas BACRIN, el narcotráfico, u otros actores armados-, ante la ausencia real del Estado y de políticas públicas.

Frustración ciudadana

¿Las perspectivas políticas futuras?, pregunta swissinfo.ch. “Los disidentes de las FARC envían una señal muy perjudicial al ya fragilizado proceso de paz”, explica. Y ello, en una coyuntura política muy particular, previa a las elecciones del domingo 27 de octubre, precisa.

Ese día se realizarán elecciones regionales con el objetivo de elegir gobernadores en 32 departamentos, diputados a las Asambleas Departamentales, alcaldes en más de 1000 municipios, concejales y otros cargos locales.

La decisión de los disidentes “es un duro golpe al partido político que conformó la antigua guerrilla y refuerza al sector más belicista y sus propuestas políticas”. Adicionalmente, concluye, “la nueva coyuntura habla de la frustración que atraviesa la sociedad colombiana. No solo porque pareciera que no se va a aprender nunca, sino porque la extrema izquierda con sus jugadas fortalece a la extrema derecha”.

Suiza mantiene su apuesta por la paz

La Suiza oficial, en el marco de la cooperación en Colombia 2017-2020, sostiene acciones preventivas que buscan atenuar los riesgos y la vulnerabilidad de la población “en relación con la persistencia o el riesgo del recrudecimiento de la violencia armada”, afirma el DFAE a swissinfo.ch.

Ese compromiso por la paz pasa en particular por el apoyo a la participación política, el respeto a los derechos humanos, el trabajo de memoria, y la remoción de las minas antipersona.

Adicionalmente, la Ayuda Humanitaria helvéticaEnlace externo, explica el DFAE, promueve el registro legal de la población vulnerable para hacer avanzar la restitución de sus derechos y el acceso a los servicios básicos. Contribuye también a la aplicación de las decisiones de “restitución de tierras en el territorio en la perspectiva de garantizar los derechos de las víctimas y de contribuir a la consolidación de la paz”.

En el plano más global, Suiza mantiene un contacto permanente con las ONG y organizaciones internacionales, tanto en Berna, como en Ginebra y Colombia.

Con respecto, específicamente, a los 732 dirigentes sociales asesinados en los últimos tres años, las autoridades suizas “son totalmente conscientes de esas cifras y toman esta problemática con toda seriedad”, subraya la oficina de prensa del Ministerio de Exteriores.

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