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Policías antidisturbios y opositores al Gobierno de Nicolás Maduro enfrentados durante una manifestación en Caracas, abr 10, 2017. Miles de simpatizantes de la oposición venezolana volvieron el lunes a las calles del país petrolero para protestar contra el presidente Nicolás Maduro, al que acusan de haber desvirtuado su gobierno convirtiéndolo en una dictadura. REUTERS/Christian Veron

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Por Eyanir Chinea

CARACAS (Reuters) - Miles de simpatizantes de la oposición venezolana volvieron el lunes a las calles del país petrolero para protestar contra el presidente Nicolás Maduro, al que acusan de haber desvirtuado su gobierno convirtiéndolo en una dictadura.

Con banderas de Venezuela y carteles como "SOS ¡elecciones ya!", miles de estudiantes, dirigentes políticos y partidarios de la oposición protestaron en Caracas por quinta vez en 10 días, agravando una crisis política que se reavivó luego que el Poder Judicial se arrogó facultades legislativas.

A pesar que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dio marcha atrás a los polémicos fallos, la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, sigue sin poder aprobar leyes porque la máxima corte asegura que se encuentra en "desacato".

"Tenemos que salir de este Gobierno tan nefasto. No hay medicinas, no hay comida, lo que hay es inseguridad", dijo César Cáceres, un técnico electricista de 54 años en una plaza de Caracas donde se congregaron los manifestantes. "Seguiremos en la calle porque ya no se puede vivir, hay que luchar".

En la última semana, casi 200 personas fueron detenidas durante las protestas, de las cuales 57 aún se encuentran tras las rejas, según la ONG local Foro Penal.

En otras ciudades, cientos de personas formaron largas filas para firmar un petitorio con el que buscan la renuncia de los magistrados del TSJ que aprobaron las controvertidas sentencias.

BOMBAS LACRIMÓGENAS DESDE EL AIRE

Como en protestas previas, efectivos de las fuerzas de seguridad impidieron el paso de los manifestantes hacia el centro de Caracas con piquetes y gases lacrimógenos, generando enfrentamientos con jóvenes encapuchados que lanzaron piedras y palos.

En un inusual comportamiento, testigos de Reuters pudieron ver cómo la policía lanzó bombas lacrimógenas desde helicópteros para dispersar a la multitud, que prendió fuego a neumáticos y realizó algunos actos vandálicos. Incluso, los gases llegaron hasta una clínica de Caracas, donde un bebé tuvo que ser evacuado por asfixia.

Ramón Muchacho, alcalde del municipio capitalino de Chacao, donde se produjeron el grueso de los choques, contabilizó 12 heridos, entre ellos un periodista con la pierna fracturada tras el impacto de una bomba lacrimógena.

"Lo que vimos todos los venezolanos y el mundo fue el peor rostro de la represión", dijo el diputado opositor José Manuel Olivares en rueda de prensa. "Vimos cómo se atrevieron a atacar centros de salud. Ni en las guerras se atacan los hospitales y los centros de salud".

El ministro del Interior y Justicia, Néstor Reverol, dijo más tarde que 18 personas habían sido detenidas por hechos de violencia. Testigos de Reuters vieron cómo efectivos de la policía, con el rostro cubierto, se llevaron a algunos de ellos mientras no hacían más que conversar en una esquina.

"Estos sectores extremistas promueven hechos de violencia en los días en que nuestro pueblo celebra el asueto de semana santa, asumiendo así el papel de anticristo", dijo.

Diversos gobiernos de América y Europa han pedido a Maduro respetar la separación de poderes, liberar a un centenar de presos políticos y convocar a elecciones generales. Sin embargo, el mandatario, quien se encuentra en una cumbre en Cuba, ha pedido que cese la injerencia sobre su país.

La oposición culpa a Maduro por la grave crisis económica que sufre Venezuela, con la inflación más alta del mundo, recesión y escasez, pero el líder socialista dice que sus adversarios libran una "guerra económica" para desbancarlo.

(Escrito por Diego Oré; Reporte adicional de Efraín Otero, Corina Pons y Brian Ellsworth en Caracas, Mircely Guanipa en Punto Fijo, María Ramírez en Ciudad Bolívar y Lisandra Paraguassu en Brasilia. Editado por Silene Ramírez)

Reuters