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En los mercados de Suiza nunca faltan los productos biológicos.

(Keystone)

El paisaje heterogéneo y las pequeñas dimensiones de las granjas hacen de Suiza un país propicio a los cultivos biológicos. Las cifras así lo demuestran: los suizos ocupan el primer puesto mundial en el consumo de productos respetuosos del medio ambiente.

Huevos, pan, legumbres, lácteos, frutas y, en menor medida, quesos y carne. Los productos biológicos preferidos por los suizos no conocen la crisis.

Sus ventas van en constante aumento, con 1.440 millones de francos de volumen de negocio en 2008, lo que representa un aumento del 11,2% respecto a 2007. El crecimiento de este sector es dos veces superior al del conjunto del mercado alimentario.

La cantidad de granjas biológicas, que actualmente abarca poco más de 6.000, se ha triplicado en 10 años y hoy la superficie de campos cultivados de forma ecosostenible constituye más del 11% de la superficie cultivable total. En todo el mundo, sólo Liechtenstein, con el 29%, y Austria, con el 13%, presentan aún mayores proporciones.

Aún así a los cultivos biológicos les cuesta salir de un mercado muy específico y especializado. En el mundo rural sigue siendo considerada como una simple alternativa a los modelos convencionales dominantes, a pesar de que sus promotores la quisieran elevar al rango de ‘futuro de la agricultura.

Un mérito de la generación del 68

“En 2008 el gasto per cápita para productos de agricultura biológica en Suiza fue de 187 francos. Los suizos se confirman así, una vez más, como los mayores consumidores ‘bio’ del mundo”, analiza Melanie Imhof, de la asociación Bio Suiza.

Los suizos alemanes son quienes demuestran una preferencia por los productos sin sustancias químicas, pero puede afirmarse que el consumo de agricultura biológica se encuentra bien distribuido en todas las regiones del país.

“La alimentación biológica es seguida mayormente por la generación del 68”, comenta Urs Niggli, director del instituto de investigación sobre agricultura biológica FiBL.

“Pero en estos últimos tiempos”, prosigue, “cuestiones como la seguridad alimentaria y el calentamiento global han igualmente estimulado la conciencia ecológica de las generaciones más jóvenes”.

Visiones pioneras

Para el observador externo, que conoce a Suiza sobre todo por sus bancos, los grupos farmacéuticos y la industria química (basta con pensar en la empresa Syngenta, con base en Basilea, que es una de las principales productoras mundiales de pesticidas) los datos de consumo biológico podrían sorprenderle.

Las explicaciones de esta ‘Suiza Verde’ son múltiples. “El paisaje extremadamente heterogéneo y una política sumamente conservadora hacen que hoy tengamos numerosas granjas biológicas de pequeñas dimensiones, poco competitivas a escala internacional”, explica a swissinfo.ch Urs Niggli.

“Para estas explotaciones modestas la agricultura biológica representa una opción óptima”, continúa. Pero es que además en Suiza ha habido numerosos pioneros de los cultivos orgánicos.

Entre ellos destaca el doctor Hans Müller, quien difundió el concepto de agricultura sostenible y colaboró, ya en 1959, en el lanzamiento del primer bio-müesli. Un papel precursor que Suiza inició en los años 70 con la creación por parte de campesinos e investigadores del FIBL. Se trata del primero y más grande instituto de investigaciones sobre la agricultura biológica del mundo.

“El mundo político y los científicos reaccionaron con escepticismo: la agricultura ‘bio’ no era considerada interesante desde un punto de vista económico y tenía un componente fuertemente ideológico”, recuerda Niggli. “Y, sin embargo, ahora nuestras competencias son muy solicitadas a escala internacional”.

Un factor determinante para el crecimiento del sector ha sido la participación de Migros y Coop, los principales supermercados del país, responsables de la venta tres de cada cuatro productos biológicos.

Incitar a los agricultores

Tanto en Suiza como en el resto del mundo, la demanda de productos de agricultura biológica supera ampliamente la oferta. A pesar de ello, sigue siendo muy difícil convencer de la necesidad de cambio a la gran mayoría de agricultores.

“Para el campesino tradicional se trata de una técnica completamente nueva: la actividad debe ser reorganizada de forma fundamental para hacerla robusta y funcional. Muchos están convencidos de que no habrá mercado suficiente a largo plazo”, observa Urs Niggli.

A ello se suma que el mundo político y las administraciones no dan señales claras. “Pero para los campesinos es muy importante escuchar a las autoridades decir: esta es una estrategia interesante, que merece ser probada”.

Bio Suisse detecta igualmente los obstáculos de carácter financiero que han llevado a muchas granjas de montaña a renunciar a los productos ‘bio’. Los costes añadidos generados por la reconversión biológica a menudo superan los ingresos y los pagos directos son insuficientes.

La asociación afirma estar especialmente preocupada por la intención de la Confederación de cambiar de estrategia y suprimir la “contribución biológica” que el Estado concede en paralelo a los pagos directos habituales. Para los campesinos, ello significa verse obligados a renunciar a varios miles de francos anuales.

La agricultura del futuro

“La agricultura biológica se encuentra hoy en un punto crítico”, reconoce Urs Niggli, “pues si quiere salir de su mercado restringido debe saber adaptarse al nuevo contexto global y a sus nuevas problemáticas. La sociedad debe, por tanto, interrogarse acerca de cuáles técnicas agrícolas y conocimientos científicos favorecen la sostenibilidad.

El director del FIBL no tiene dudas al respecto: “La producción biológica es una solución a los problemas como la erosión de los suelos, la pérdida de la biodiversidad, la falta de agua, el calentamiento global o la seguridad alimentaria. Simplemente, es la agricultura del futuro”.

Luigi Jorio, swissinfo.ch
(Adaptación al español: Rodrigo Carrizo Couto)

Pagos directos

La Confederación apoya la agricultura a través de un sistema de subsidios directos, que equivalen a unos 2.500 millones de francos suizos anuales.

Cada granja recibe una contribución de base que depende principalmente de la superficie cultivada y del número y tipo de animales. Los campesinos biológicos reciben una contribución suplementaria cercana al 1% del total de subsidios.

En el marco de la Política Agrícola 2011, Berna pretende desarrollar aún más el sistema de pagos directos, sustituyendo así las medidas sin una finalidad específica por nuevos instrumentos.

En lugar de favorecer un sistema global de producción, como por ejemplo la agricultura biológica, el Estado indemnizará individualmente los efectos positivos de la agricultura sobre el medio ambiente y la biodiversidad.

Bio Suisse se opone a la mencionada reforma dado que suprime de hecho la contribución biológica. Si no se incita a los campesinos a tener una visión global de la producción y a comprender el ecosistema en el que trabajan, no sirve de nada ayudar a los agricultores a proteger su medio ambiente, según considera la asociación.

Fin del recuadro

Agricultura biológica en otros países

La agricultura biológica en Suiza cubre un 11% de la superficie cultivable total del país.

Austria y Alemania esperan alcanzar el 20% de cultivos biológicos.

Holanda quisiera aumentar la mencionada superficie de cultivo en un 5% anual.

Francia tiene la intención de imponer que en los comedores públicos se llegue a un 20% de alimentos biológicos en 2012.

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swissinfo.ch


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