“La Suiza francófona tiene mucho que ganar de una Francia fuerte”

Richard Werly es un invitado habitual en los platós de la televisión francesa como comentarista político del país. TV5 MONDE

En Suiza, pocos medios disponen de corresponsales propios en el extranjero. ¿Quiénes son estas personas que han elegido vivir en el extranjero para narrar el mundo a sus compatriotas? ¿Qué relación tienen con Suiza como periodistas? SWI swissinfo.ch ofrece el retrato de cinco de ellos. Tercera escala: Francia.

Este contenido fue publicado el 31 julio 2020 - 18:14

Cada región del mundo tiene sus peculiaridades. Pero siendo oriundo de la Suiza francesa, ser corresponsal en Francia reviste sin duda una dimensión especial. Durante algunos meses más, Richard Werly seguirá siendo una de las plumas del diario ginebrino Le Temps en París. A continuación, un encuentro con un adicto a la actualidad cuya prosa es florida y sofisticada. Cuarto retrato de nuestra serie.

Los primeros años

Richard Werly, 53 años, corresponsal en París de Le Temps. Le Temps / Photo Eddy Mottaz

Hijo de padre suizo y madre francesa, Richard Werly creció en Nièvre (departamento de la región Borgoña-Franco Condado). Estudió historia y ciencias políticas en París y consiguió su primer empleo como periodista en el diario galo La Croix.

Ya desde entonces le parecía más interesante trabajar como corresponsal en el extranjero que ser parte de una redacción tradicional. “Siempre supe que quería dedicarme a la información internacional”, dice.

Convencido de ello, hizo lo necesario para mudarse a Tailandia en 1990. Se convirtió entonces en periodista freelance de SWI swissinfo.ch (entonces Radio Suiza Internacional) y del Journal de Genève. Aunque vivía en Francia, siempre mantuvo un lazo sólido con su familia en Ginebra, por lo que trabajar para la prensa suiza fue algo natural para él.

Richard Werly recuerda con un gran afecto el país de la sonrisa. “Me casé [en Tailandia], tuve un hijo [que aún vive allí] pero, más allá del aspecto personal, fue mi primera experiencia como corresponsal, así que me marcó”.

La llegada a Le Temps

A finales de los años 90 se integró al equipo del diario Le Temps convirtiéndose en el recién llegado del amplio espectro periodístico francófono. En aquella época cubría conflictos armados, especialmente los de Camboya y Birmania.

En el año 2000, gracias a una alianza entre Le Temps y el diario francés Libération, para el cual también escribe, Richard Werly se convirtió en el responsable de la recién creada corresponsalía en Japón. Estuvo solo tres años en el país asiático porque jamás se convirtió en el polo económico y geopolítico que se esperaba. Sin embargo, pese a su breve estancia, afirma que “el encuentro con Japón fue verdaderamente fascinante”.

La guerra, nuevamente

Regresó a la redacción en Ginebra, pero no por mucho tiempo. Su experiencia en conflictos armados y su deseo de viajar lo llevaron a cubrir la guerra de Irak (2003), el conflicto entre Líbano e Israel, y la llamada Captura de Trípoli (la detención de un miembro de Al Qaeda) en la capital de Libia, en 2011, aunque formalmente fungía como corresponsal en Bruselas.

Pese a ello, Richard Werly jamás se ha definido como “corresponsal de guerra". Los periodistas de prensa siempre están menos expuestos que los fotógrafos o camarógrafos que van al frente de combate, dice. Él, en cambio, podía “permanecer en la segunda línea, donde es posible hablar con la gente y contar historias”.

El franco-suizo se considera afortunado de haber podido cubrir guerras desde esta perspectiva. Piensa que se requiere un agudo sentido de la observación y una buena narrativa, pero cree los periodistas que cubren conflictos deben ser desmitificados. “La guerra es algo realmente ordinario. El 10% es pelear y el 90% restante consiste en una vida triste y llena de problemas cotidianos”.

No obstante, admite que "trabajar en una zona de conflicto genera un tipo de adrenalina semejante a la que experimentan los grandes atletas”.

Un nuevo desafío

Posteriormente, impulsado por el deseo de vivir nuevos desafíos, solicitó la corresponsalía de Bruselas. Para entonces corría el año 2006.

"Bruselas tiene una particularidad: en la teoría, uno es corresponsal, pero en el terreno práctico, uno está a cargo de la sección europea del periódico, pero operando desde el exterior”, dice. Desde Bruselas, Richard Werly se propuso hablar sobre la maquinaria institucional europea y “cuán complicadas” pueden ser las relaciones entre Suiza y la Unión Europea.

De regreso al origen

Cuando en 2014 hubo una vacante en la corresponsalía en Francia, su nombramiento era la elección natural. Sin embargo, como entonces el periódico había cerrado su corresponsalía en Bruselas, Richard Werly también se hizo cargo de los temas europeos, en colaboración con un periodista freelance.

Francia tiene un carácter especial para este periodista binacional, ya que le une un vínculo personal. Pero se obliga a “guardar suficiente distancia” para mirar las cosas con objetividad.

En 2017, Richard Werly formó parte de los corresponsales extranjeros que pudieron entrevistar a Emmanuel Macron, que acababa de ser elegido presidente de Francia. Richard Werly

Para él, un corresponsal de prensa tiene como misión contar lo que sucede en el país en el que se encuentra. “Pero en el caso de Francia, me dirijo a un público suizo francófono que conoce bien el país, que ya tiene todo un contexto”. Por lo tanto, “se dedica a ayudar a los suizos a entender mejor a Francia”.

Considera que "la Suiza francófona tiene mucho que ganar con una Francia fuerte”. "Si Francia brilla, la Suiza francófona se beneficia desde el punto de vista cultural y económico... negarlo no conduce a ninguna parte". Werly es consciente de que Francia es un vecino al que los suizos francófonos les gusta despreciar, y hace énfasis en el verbo “gustar”. “Hay una relación emocional entre las dos regiones y negarla sería poco justo. Sin embargo, hay que mantener también una visión crítica”.

Tras casi seis años en París, considera que la imagen de Suiza en Francia es una maleta con doble compartimento. Y explica que en el apartado principal están “la historia, las relaciones y la cultura comunes, el saber vivir”. En el compartimento secundario encontramos la evasión fiscal y el tema de la neutralidad que “en ocasiones han sido utilizadas de una forma cuestionable. Desde este punto de vista, Suiza parece mucho más egoísta y rentable”. Sin embargo, Richard Werly afirma que cuando se habla con el “francés de la calle” existe “un respeto natural cuando él evoca su nacionalidad [suiza], lo que significa que nuestro país goza de una imagen positiva”.

La percepción de Suiza en el mundo

Después de recorrer una buena parte del mundo, el periodista tiene una visión global de la imagen de Suiza a nivel internacional. Y esta cambia radicalmente según el lugar. “No ves las mismas facetas [de Suiza] si estás en Japón que si estás en Francia”.

En Asia, la imagen de Suiza es realmente excelente. Es "la tierra de los clichés positivos. Pero cuanto más te acercas, más difiere esta percepción”. En Bruselas, por ejemplo, "nuestro país es percibido como sólido y bien administrado, pero también como un socio quisquilloso, excesivamente exigente y, a veces, arrogante”.

Para Richard Werly, la ventaja innegable de ser un corresponsal suizo radica en el hecho de que "no suscitas controversias, a diferencia de un corresponsal estadounidense, por ejemplo". Durante su carrera, que continuará en Washington a partir de la primavera de 2021, asegura que “nunca ha escuchado una opinión negativa sobre Suiza como nación ni sobre sus habitantes”.

Richard Werly, su cuenta en Twitter: @LTwerly

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Relaciones Francia-Suiza

En 2019, casi 200 000 suizos vivían en Francia, formando la comunidad más grande de suizos en el extranjero, es decir, 26% del total de expatriados suizos.

Muchos clubes y empresas suizas están activos en este país proporcionando una red privilegiada a los suizos que residen allí.

Con cercanía geográfica, cultural y lingüística, Francia y Suiza comparten 600 km de fronteras, mantienen relaciones sólidas que se rigen por numerosos tratados bilaterales.

Francia es el cuarto socio comercial más grande de Suiza en términos de importaciones y exportaciones.

Suiza también es el país anfitrión más popular para los expatriados franceses, con alrededor de 185 000 personas en 2018.

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