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Andrew Clapham "Período obscuro para los derechos humanos"

(AFP)

Los derechos humanos no son una prioridad en las relaciones internacionales, se mantienen como el “pariente pobre” entre los asuntos económicos, el comercio y la seguridad, de acuerdo con el director de la Academia de Ginebra para el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos.

Con ocasión del Día Internacional de los Derechos Humanos, Andrew Clapham declara a swissinfo.ch que, sin embargo, se ha avanzado en los últimos años, especialmente con la creación de los exámenes periódicos en el Consejo de Derechos Humanos, aunque el organismo de la ONU padezca aún su proceso de crecimiento.

swissinfo.ch: ¿Estados, individuos e instituciones 'ad hoc' otorgan a los derechos humanos el lugar que ameritan?

Andrew Clapham: Me gustaría decir que sí, pero creo que tenemos un período oscuro de los derechos humanos. La situación en Siria, donde los derechos humanos son violados todos los días no genera la preocupación que uno esperaría en el mundo. Hay una especie de inquietud frustrada, pero la gente mantiene otras prioridades. Sucede lo mismo en otros contextos, el mundo de las inversiones, del comercio, incluso del comercio de armas, no creo que a los derechos humanos se les dé la prioridad que se les debería dar.

Así, aunque tenemos la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, con una gran plantilla y oficinas en todo el mundo, creo que en términos de relaciones internacionales, los derechos humanos siguen siendo el pariente pobre respecto a otras preocupaciones como el comercio, la seguridad nacional y el desarrollo económico.

swissinfo.ch: Uno de los problemas hasta hace poco era lograr la aceptación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos como referencia común. Algunos países se rehusaban con objeciones religiosas y culturales o por sus tradiciones. ¿Los derechos humanos son ahora universales?

AC: Yo creo que en general hemos ido más allá de ese debate. Es muy raro que en las Naciones Unidas un Estado se queje hoy de que los derechos humanos no son aplicables o de que son una especie de construcción occidental.

Tenemos una aceptación universal, por lo menos a nivel oficial, pero el problema es que con esa aceptación viene el riesgo de que se les vea como todo y nada, que los banaliza un poco. Si alguien dice que todo el mundo debe gozar de los derechos humanos y luego hay contradicciones al respecto, de alguna manera los derechos humanos pierden algo. Así que es importante no seguir convenciendo a la gente de la existencia de los derechos humanos, sino  centrarnos en la detección de los infractores y la prevención de los abusos.

swissinfo.ch: Cuando se habla de las dificultades relacionadas con la aceptación de los derechos humanos, es un problema occidental, un problema oriental, un problema para el desarrollo o los países desarrollados?

AC: Históricamente, por ejemplo, Estados Unidos no ha sido un gran partidario del concepto de los derechos económicos, sociales y culturales. Sin embargo, el presidente (Barack) Obama, a punto de iniciar su segundo mandato, se ha referido indirectamente a un derecho a la salud. Eso no es un cambio total para Estados Unidos, pero representa el comienzo de algo. El programa de salud jugó un papel importante en la elección y la idea de que el Estado tiene la obligación de asegurar que todos tengan acceso a la salud es cada vez más aceptada.

Por otro lado, un país como China, que no ha ratificado el convenio de derechos civiles y políticos y ha rechazado algunos reclamos sobre derechos políticos y  libertad de expresión, en realidad no niega en las Naciones Unidas o incluso ante su gente, que esos derechos existan. Arguye que aplica una limitación justificada en términos de seguridad nacional.

Así que el lenguaje de los derechos humanos ya no es “aceptamos o no” o “debemos aceptar algunos derechos o no”. Es mucho más preciso y creo que eso es algo bueno.

swissinfo.ch: Un aspecto de los derechos humanos atañe a las instituciones encargadas de supervisar su aplicación. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU fue reemplazada por el Consejo de Derechos Humanos. ¿Permitió ese cambio olvidar los problemas que acosaban a la antigua Comisión ?

A.C.: El Consejo ha tenido un éxito parcial. Por ejemplo, la Comisión solamente se ocupaba de algunos países. Hemos tenido muchas discusiones sobre países como Irak, Irán, Haití, el Congo y otros, pero no con respecto a pesos pesados ​​como Gran Bretaña, Francia, China, Estados Unidos y Rusia. Por lo que yo recuerdo, ninguno de ellos fue condenado alguna vez o realmente analizado en la Comisión. Con el Consejo, todos los Estados son sometidos a discusión bajo las mismas condiciones mediante el Examen Periódico Universal (EPU). Eso es un progreso, no solamente porque se discute la situación en los países más grandes, sino también en los países más pequeños, en los que había problemas de derechos humanos, pero a nadie le importaba realmente evocarlos.

¿Hay errores de la fase inicial, dolores de crecimiento? Sí, creo que los hay. Creo que el EPU sufre de exceso de amabilidad y diplomacia. Si alguien bajara de Marte y comenzara a mirarlo, lo consideraría un club muy caballeroso con personas intercambiando cumplidos, y no una revisión como debería ser. Sin embargo, eso era inevitable en la primera ronda cuando la gente se estaba ubicando y me parece difícil creer que la revisión no será más robusta en los próximos diez años.

swissinfo.ch: Su academia ayuda a capacitar a las personas sobre la manera de promover los derechos humanos. ¿Cree usted que el respeto de los derechos humanos tiene que venir de los individuos antes que de las instituciones?

AC: Todo el progreso en materia de derechos humanos se ha dado porque personas, a veces trabajando para los gobiernos o la ONU, empujan los mecanismos de protección de los derechos humanos. Los tratados importantes de las Naciones Unidas a menudo han sido impulsados ​​por personas dedicadas que por lo general laboran  en el sector no gubernamental. Así, por ejemplo, las convenciones sobre la tortura, las desapariciones o discapacidades tienen su origen en las personas que trabajan para lograr que esos derechos sean protegidos y no en los Estados que deciden conceder esos derechos como una asunto de generosidad o de nobleza. Entonces, hay una continua lucha para exigir esos derechos. Por supuesto, la maquinaria está construida por los Estados, por lo que se requiere un trabajo conjunto. Sin embargo, la historia de los derechos humanos se basa en la demanda de los individuos.

Día de los Derechos Humanos

El Día de los Derechos Humanos se celebra todos los años el 10 de diciembre para conmemorar la aprobación (1948), por la Asamblea General de Naciones Unidas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Cuando la Asamblea aprobó la Declaración, con 48 Estados a favor y ocho abstenciones, fue proclamado como un “estándar común en el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse”, con medidas progresivas de carácter nacional e internacional, para asegurar su universal y efectivo reconocimiento y observancia.

La declaración, con su gama de derechos políticos, civiles, sociales, culturales y económicos no es un documento vinculante. Sin embargo, proporciona la base para más de 60 instrumentos de derechos humanos.

Consejo de Derechos Humanos.

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Andrew Clapham

Andrew Clapham es el director de la Academia de Ginebra para el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos, y profesor de Derecho Internacional Público en el Instituto Universitario de Estudios Superiores Internacionales y de Desarrollo de Ginebra.

Dicta cátedra en Derechos Humanos Internacionales y Derecho Público Internacional.

Clapham trabajó como asesor especial en materia de responsabilidad corporativa para la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Mary Robinson , y como asesor en Derecho Internacional Humanitario con Sergio Vieira de Mello, representante especial del Secretario General de la ONU en Irak.

Es autor de Derechos Humanos, una muy breve Introducción, centrada en temas como la tortura, la detención arbitraria, la privacidad, la salud y la discriminación.

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Traducción, Marcela Águila Rubín


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