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Desafío Democrático Conciliar -o no- intereses mayoritarios y minoritarios

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Algunos cantones son más iguales que otros.

Algunos cantones son más iguales que otros.

(Keystone)

Todos los electores suizos son iguales, pero algunos lo son más, en función de su lugar de residencia. La garantía constitucional de 1848 que protege a las minorías significa que la voluntad de la mayoría es a veces anulada. swissinfo.ch inquiere si este sistema ha quedado desfasado.

En el ejemplo más reciente, del 3 de marzo, una ley para apoyar a los padres que desean combinar trabajo y familia - mediante el apoyo a servicios para el   cuidado de los niños- fue aceptada por más del 54% de los votantes.

Ya había conseguido la bendición del gabinete, y la aprobación de las dos cámaras del Parlamento.

Sin embargo, y dado que requería una modificación constitucional, tuvo que ser sometida a votación nacional. Y en ese escrutinio no obtuvo la “mayoría cantonal”. Una enmienda constitucional solamente puede hacerse con la aceptación de más de la mitad de los cantones suizos.

No hace falta un conocimiento profundo de las matemáticas para ver que las decisiones de los electores en algunos lugares pesan mucho más que en otros. El semicantón rural de Appenzell Rodas Interiores - que cuenta con medio voto -  tiene una población de menos de 16.000 habitantes; el cantón de Zúrich, con 1,4 millones, tiene un voto. Según el cálculo que se haga, eso puede significar que el voto de un ciudadano de Appenzel Rodas Interiores tiene el mismo peso que los de 35 o 44 sufragantes de Zúrich.

El fracaso de la reforma sobre la familia provocó un aluvión de comentarios en los medios suizos de comunicación y generó reflexiones sobre la equidad del sistema, y la posibilidad de cambiarlo, merced a la evolución demográfica.  En 1850, la diferencia entre Appenzell Rodas Interiores y Zúrich era solamente de ocho a uno.

La “doble mayoría”

Referéndum facultativo: Las leyes aprobadas por el Parlamento pueden ser impugnadas si los opositores reúnen 50.000 firmas en los 100 días siguientes a la publicación de la ley.

Referéndum obligatorio: Si la nueva ley supone un cambio en la Constitución, hay que someterla a escrutinio.

Iniciativa popular: Cuando los grupos de interés proponen una nueva legislación, deben reunir 100.000 firmas de apoyo en un lapso de 18 meses, y someter la iniciativa a escrutinio nacional.

Doble mayoría: Tanto el referéndum obligatorio como la iniciativa deben ser aceptados, no solamente por la mayoría de la población, sino también por la mayoría de los cantones.

De los 585 referéndums efectuados desde 1848, nueve obtuvieron una mayoría popular y una minoría de los cantones.

El primer caso fue un referéndum sobre pesos y medidas en 1866; el siguiente, que se llevó a cabo 89 años más tarde, concernía la protección del consumidor. En ambos casos, la mayoría popular fue muy escasa.

Los otros siete han tenido lugar desde 1970.

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Bases históricas

Lo que puede parecer ilógico ahora, era perfectamente razonable cuando fue creada la Confederación Suiza en 1848, como explica el politólogo Wolf  Linder a swissinfo.ch.

“Suiza nació de la voluntad federalista de los cantones. Y ese era el precio a pagar: los que querían un Estado federal tenían que ofrecer a los pequeños cantones un compromiso para persuadirlos de unirse”.

“Fue parte del paquete. Había cantones católicos y protestantes, y cantones de habla francesa y de habla alemana, y la idea del federalismo era proteger a las minorías, los católicos y los francófonos”.

Para Ruedi Lustenberger (PDC/Lucerna), vicepresidente del Consejo Nacional, el acuerdo está “escrito en piedra”. Suprimirlo equivaldría a una “traición” a la idea del sistema bicameral, que hizo que los cantones católicos conservadores se  unieran al nuevo Estado.

Lustenberger está convencido de que el sistema no debe ser alterado, a pesar de su apasionado apoyo al rechazado artículo constitucional sobre la familia.

Para él, es irrelevante que la demografía haya cambiado en el último siglo y medio.

“Las fronteras no han cambiado. Los cantones fueron considerados con las estructuras que ya tenían. Un cantón no es solamente su gente. También es un área y una cultura. ¡Es así!”

La cohesión nacional

¿No podría ser que el hecho de que la minoría pueda frustrar la voluntad de la mayoría, debilite los lazos que mantienen unida a la nación?

Linder dice que de cualquier manera las divisiones en la sociedad son cada vez mayores. Hay una creciente brecha económica, con los puestos de trabajo tradicionales, como la agricultura y las pequeñas empresas en el mercado interno, por una parte y, por la otra, las industrias de servicios, como la banca y los seguros, con una orientación global.

“Eso crea nuevas mentalidades y nuevos intereses”.

“En las votaciones nacionales de los últimos 20 años hemos visto cada vez más conflictos entre las ciudades y el campo. Y eso es un peligro para la cohesión nacional. Es cada vez más difícil encontrar enfoques que lleven a un progreso genuino y garanticen una buena vida social”, dice.

Lustenberger es menos pesimista.

“Tenemos que considerar seriamente las diferentes mentalidades. No hay que poner en riesgo la cohesión de la federación, pero en Suiza todo el mundo pertenece a una minoría, y nadie está en la mayoría”.

Nuevas ideas

Cuando se delega demasiado poder a los cantones, los perdedores, si lo desean,  pueden adoptar medidas a nivel cantonal.

“Esa es la gran ventaja del sistema federal”, señala Linder. “Todo el mundo puede vivir de acuerdo con sus propias preferencias, los cantones rurales con menos protección de la familia, los urbanos con más”.

Pero si bien esto es cierto en los temas sociales, no se aplica, por ejemplo, en los asuntos de política exterior.

Muchas propuestas han sido presentadas sobre cómo hacer el sistema más justo para los cantones más grandes, preservando la protección de los más pequeños. Eso implica la redistribución del peso de los votos de acuerdo con el tamaño de los cantones, o una modificación en la proporción de los cantones necesarios para lograr una mayoría, por ejemplo, de la mitad a dos tercios.

Tras la votación del 3 de marzo, muchas cartas enviadas a los periódicos acusaron a los que piden el cambio de ser simplemente “malos perdedores”.

En un artículo publicado en el Bund y el periódico Tages-Anzeiger, el politólogo Marcos Balsiger, de la agencia de comunicaciones Crossing Border, escribió que la mayoría cantonal no es “sagrada”.

“Una característica de una democracia viva es que siempre se abre al debate. Esta cualidad ha llevado al éxito a nuestro país”.

Todo el mundo está consciente del problema que implica tratar de alterar el sistema, resume Linder.

“Las ciudades, naturalmente, están a favor, pero los pequeños cantones están en contra. Si se desea un cambio, será necesario modificar la Constitución, y los pequeños cantones dirán que no”.

“No hay solución”.

Evolución de la población

La distribución de la población en Suiza ha cambiado considerablemente desde 1850.

La población total en ese momento era 2.392.740.

En ese año, el semicantón de Appenzell Rodas Interiores - el más pequeño de Suiza - tenía 11.270 habitantes, es decir, el 0,5% de la población nacional.

En 2010 sumaba 15.720 residentes (0,2%).

En 1850 la población del cantón de Zúrich llegaba a 250.700 (10,5% ).  En 2010 era de 1.373.100 (17,5%).

A finales de 2008, la mitad de la población suiza vivía en cinco cantones: Zúrich, Berna, Vaud, Argovia y San Gall.

Casi tres cuartas partes de la población viven en zonas urbanas.

Es mayor el número de personas que viven en las seis ciudades más grandes del país, al total de habitantes de los doce cantones más pequeños.

 

(Fuente: Oficina Federal de Estadística)

Fin del recuadro


Traducción, Marcela Aguila Rubín , swissinfo.ch


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