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Identidad Suiza El sello 'Hecho en Suiza' despierta pasiones

Schweizer Kreuz

Schweizer Kreuz

(Ex-press)

En realidad, todos están de acuerdo: la marca suiza debe ser protegida. Pero mientras el Parlamento libra una batalla de trincheras sobre la definición ‘swissiness’, los imitadores hacen grandes negocios de manera impune con el uso de la etiqueta ‘Swiss Made’.

Érase una vez un país de buena reputación. Con esa fama ganó bastante dinero honrado, pero descuidó la protección suficiente de su nombre y otros también lo utilizaron para hacer fortuna.

El especialista en derecho de marcas, Jürg Simon, fue el primero en darse cuenta cabal de esta situación cuando la Confederación Helvética celebraba sus 700 años de existencia en el año 1991. “Entonces entraron al mercado numerosos productos con la cruz y la banderita suizas, y que no procedían de Suiza”.

Plusvalía

Con la etiqueta ‘Swiss Made’ se puede obtener hasta un 20% más de ganancia, concluye una investigación hecha por especialistas de la Universidad de San Gall. Pero esta ventaja del ‘swissness’ varía mucho de sector a sector, advierte Stephan Feige, coautor del estudio.

“En la actualidad estamos empeñados en medir esa relación con criterios científicos. Es el propósito de un nuevo estudio que toma como ejemplo los casos más serios. En marzo o abril podremos decir más al respecto”. Aunque ya se puede constatar una plusvalía efectiva “dentro y fuera de Suiza”.

Ejemplo: la industria relojera

Los grandes grupos discuten con los fabricantes más pequeños de este sector importante para Suiza sobre cuál debe ser el porcentaje de costos hechos en Suiza - durante la fabricación de la pieza-, para que un reloj reciba la denominación de ‘Swiss Made’.

Los consorcios representados por la Federación de la Industria Relojera de Suiza opinan que debe ser el 60% de los costes de producción. Las fábricas más pequeñas, gran parte de las cuales están agrupadas en IG ‘Swiss Made’, consideran que el 50% actual es el máximo.

En caso de que la ley protectora de marcas y emblemas sea modificada, como desean los productores de relojes de lujo, temen que ésta ocasione la pérdida de miles de puestos de trabajo.

IG ‘Swiss Made’ indica que en Alemania bastaría un 45% del valor añadido en el país, para que un producto lleve la etiqueta de ‘Made in Germany’.

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Abuso

Esa plusvalía es una oportunidad para los imitadores. Por tanto, quien quiere vender caro un producto le pinta la cruz suiza encima y ya está. El número de arbitrariedades ha aumentado en los últimos años y es difícil perseguir  jurídicamente a quienes incurren ellas porque los vacíos legales no lo permiten.

Por eso es conveniente el debate político abierto para proteger la marca suiza con una ley que contenga normas claras, sostiene el especialista en derecho de marcas, Jürg Simon. “La reputación desaparece si cualquiera tiene la libertad de sacar ganancias usando el nombre de Suiza y perjudicando a quienes todavía producen en Suiza”.

En la actualidad, la pérdida de reputación hace que la marca suiza “deje de tener un valor confiable en el mercado”, asienta a su vez Sara Stalder, gerente de la fundación para la protección del consumidor (SKA en su sigla alemana).

Solo que ¿qué significa hoy en día un “producto suizo” si varias partes del mismo provienen de todo el mundo? Por eso sería necesario definir “con la mayor precisión posible” cuándo se debe atribuir a un artículo el valor suizo, subraya Simon.

Nudo gordiano en el Parlamento

Pero el Parlamento ha intentado en vano, desde hace años,  incorporar en una ley el significado claro de swissness. Demasiados intereses intervienen en la lucha de los detalles. Además, el Consejo de los Estados (Senado) y el Consejo Nacional (Diputados) no logran ponerse de acuerdo en varios puntos.

En concreto, los intereses mas variados chocan cuando se trata de establecer los márgenes porcentuales para productos agrícolas manufacturados y los industriales. En el sector de la relojería, por ejemplo, hay opiniones diferentes sobre la altura que debe tener el ‘listón Swissness’. Y mientras la Unión Suiza de Agricultores lucha por una regulación estricta, la industria alimentaria prefiere la mayor liberalización posible.

A juicio de Thomas Pletscher, miembro directivo de la Federación Suiza de Empresarios ‘economiesuisse’, el debate ha logrado hasta ahora algunas mejoras (introducción de la marca geográfica, mayores posibilidades de interponer una demanda por parte de la Confederación). Pero, precisa, en el tratamiento de las diferencias hay “una discusión que no debió haber surgido de esa manera”.

En su opinión, hubiera sido mejor incluir los detalles de la legislación en los reglamentos de cada sector productivo. “La discusión relativa a la proporción porcentual se habría resuelto así en cada uno de los sectores y no globalmente”, dice Pletscher.

‘Marca’ sin dueño

En 1815 la cruz suiza adquiere por primera vez el carácter de símbolo federal.

Otros símbolos como el Monte Cervino o la  Ballesta son emblemas añadidos que también expresan ‘swissness’.

En vista de que la cruz suiza es un valor y no una marca de producto, no puede ser registrada ni protegida jurídicamente.

La cruz suiza no tiene dueño. Pertenece a todos y a nadie en particular.

Al final de los años 1980, el Consejo Federal quiso legalizar la cruz suiza, pero fracasó en su intento.

La celebración de los 700 años de la Confederación Helvética, en 1991, dio por primera vez un interés comercial notable a la cruz suiza.

En 1994, el Consejo Federal intentó registrarla, pero tampoco lo consiguió.

En 1988, el Gobierno del país estableció que “Suiza es también una marca”. De esa manera hacía referencia a su utilidad comercial.

En la Expo.02 se afianzó y fortaleció más la tendencia comercial de los productos ‘swissness’.

Entretanto hay unas 6.400 marcas con referencia a Suiza.

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¿Más o menos de Suiza?

Una consideración similar expresa Anastasia Li-Treyer, directora de la Unión Suiza de Artículos de Marca Promarca Schweiz al señalar que echa de menos un “concepto global”. Suiza no es pues un país con materias primas, indica.  “Si son pocas las empresas con posibilidad de remitirse al ‘swissness’, porque las condiciones son muy elevadas, pierde completamente su fuerza de atracción.  Y si la industria alimentaria deja de producir en Suiza, los agricultores tampoco podrán vender su materia prima”.

Es muy probable que algunas empresas ´reflexionan acerca de si aún conviene producir en Suiza, estima Li-Treyer. “Suiza ganará o perderá en función de la disposición que se tenga para renunciar a la actitud purista y al proteccionismo agrícola”.

En cambio, la Fundación Suiza de Protección de los Consumidores (SKS) es partidaria de una regulación estricta del ‘swissness’. Sara Stalder teme que se diluya la ley. “Nosotros queremos que el consumidor suizo sea protegido contra fraudes”.

¿Espera perjudicial?

Al tiempo que la piratería aprovecha la carencia legislativa,  en el otro extremo, algunos sectores productivos obligados a planificar a largo plazo, resultan afectados, explica Pletscher. La industria cosmética, en particular, que quisiera  aplicar sus estrategias de mercadeo (marketing). “Pero solamente podrá hacerlo cuando exista un reglamento sectorial o una nueva ley”.

Stephan Feige también supone que la espera prolongada causa perjuicios económicos. Muchas empresas “postergan año tras año” la posibilidad de reinstalar su producción en Suiza o de aprovechar el ‘swissness’ en la comunicación.

Con todo, el especialista en derecho de marcas Jürg Simon ve un rayo de esperanza: “Confío en que el último nudo gordiano sea roto en la primavera de 2013 y la nueva legislación entre en vigor en el 2015, a más tardar”. Por tanto, es aún probable que la pesadilla de la protección de la marca suiza tenga un final feliz”.


Traducción, Juan Espinoza, swissinfo.ch


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