Para contener el coronavirus es mejor un conjunto de medidas

Un hotel en Taipéi el pasado 17 de abril, cuando Taiwán no había registrado ningún caso nuevo por tercera vez en esa semana. Keystone / David Chang

Desde su aparición en China a principios de este año, la pandemia de COVID-19 se ha extendido por todo el planeta y está ahora presente en al menos 185 países. El nuevo coronavirus y su modo de propagación no han revelado todavía todos sus secretos y la enfermedad está lejos de estar dominada. Una panorámica de las medidas tomadas para frenar la pandemia.

“Queremos subrayar una vez más que la relajación de las restricciones no significa el fin de la pandemia en ningún país”. Esta advertencia fue formulada el lunes pasado por Tedros Adhanom Ghebreyesu, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando numerosos países de Asia, Europa y del continente americano intentan relanzar su actividad económica, que ha estado prácticamente paralizada por medidas de confinamiento más o menos estrictas.

Sin embargo, establecer un palmarés de los países que han tenido más éxito en contener la propagación del virus sería de lo más arriesgado, porque no se puede excluir un rebrote del número de contagios en esos países, como sugiere la evolución de la situación en Japón. Además, hay otras regiones que no se han visto afectadas de lleno por la enfermedad, como el continente africano.

Cuatro meses después de su aparición en la megalópolis china de Wuhan, la pandemia ha sido objeto de distintas respuestas, con resultados iniciales contrastados. Antoine Flahault, director del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra, recuerda que el virus ha afectado principalmente a las zonas templadas y ricas del hemisferio norte: “Los países que se han visto golpeados de lleno por el tsunami pandémico han sufrido en su lucha contra el virus, aun siendo economías sólidas y disponiendo de infraestructuras hospitalarias de alta calidad, como Italia, Francia, España o Estados Unidos. Les está costando hacer frente, aunque por el momento resisten.

En cambio, los países que hasta ahora han aguantado mejor son los “del sudeste asiático, vecinos de China, que fueron los primeros en enfrentarse a la amenaza, así como Alemania y, en menor medida, Suiza, que entre los países occidentales son posiblemente los que mejor han sabido prevenir y responder a la llegada en masa de personas contagiadas a las unidades de cuidados intensivos, limitando de momento la mortalidad”, afirma Flahault.

Merece también la pena mencionar algunos países de Asia oriental como Corea del Sur y Taiwán (esta última considerada una provincia china por Pekín), así como la propia China, que logró contener la pandemia a pesar del retraso inicial y de los datos, tal vez discutibles, facilitados a la comunidad internacional. En Europa, Portugal parece haberse salvado por el momento, al igual que Grecia.

Fachada del asilo de ancianos Don Gnocchi, en Milán. Cada país aprende de las experiencias, más o menos trágicas, vividas por los demás, como Grecia con respecto a Italia. Lapresse

Reaccionar rápidamente

Por tanto, la impresión es que la prosperidad y el desarrollo de un país no son necesariamente garantías de éxito frente a la epidemia. En cambio, lo que sí parece determinante es la gestión de la crisis realizada por las autoridades. El abanico de medidas adoptadas y la rapidez con que han sido implementadas son factores decisivos. Al advertir el caos causado por la COVID-19 en el norte de Italia, Grecia tomó rápidamente sus primeras medidas, consciente de las debilidades de su sistema sanitario.

Para un país afectado por la pandemia, la velocidad de su actuación es un elemento de primer orden para evitar la saturación de los centros hospitalarios y limitar el número de pacientes que sucumben al coronavirus.

La isla de Taiwán fue el primer país en reaccionar. El 1 de enero se activó un plan gubernamental que establecía un control estricto de las personas que entraban en su territorio desde Wuhan, primer foco de la epidemia.

“Al establecer un estrecho control sobre todo el que llegaba a su territorio, algo que ciertamente es más fácil en una isla, Taipéi se dotó de los medios para evitar la penetración del virus”, asegura Gilles Poumerol, especialista en seguridad sanitaria en el Geneva Centre for Security Policy (GCSP).

La detección temprana de un nuevo virus y la rápida intervención sobre el brote permiten contener su propagación, tal y como recomienda el Reglamento Sanitario Internacional aprobado en 2005 por la OMS. “Si China hubiera tomado estas medidas una semana después de la aparición del nuevo coronavirus en Wuhan, probablemente nunca habría salido del barrio afectado”, afirma Gilles Poumerol.

La ciudad de Wuhan, epicentro de la epidemia de la COVID-19, ha sido durante siglos el centro comercial de China. Como ocurría en el pasado, las ciudades densamente pobladas favorecen la propagación de las enfermedades infecciosas. Copyright 2020 The Associated Press. All Rights Reserved.

La importancia de la detección

El gobierno de Taiwán ha optado por la transparencia, ha llevado a cabo campañas de prevención, ha realizado pruebas de detección a gran escala y ha aislado a los sospechosos, estableciendo al mismo tiempo fuertes sanciones para los infractores. Este conjunto de medidas ha sido también aplicado por Estados como Singapur, Corea del Sur o Vietnam. Todo ello sin mencionar el uso de mascarillas, una medida que ya formaba parte de los hábitos de la población debido a las últimas epidemias y a la intensa contaminación de las ciudades.

“Los países que resisten mejor la ola pandémica son aquellos que, de un modo u otro, han sabido combinar las medidas de confinamiento propuestas por los chinos y derivadas de la experiencia de la gripe de 1918 con medidas mucho más modernas”, señala Antoine Flahault.

El profesor de salud pública menciona entre ellas la inteligencia artificial, las tecnologías de la información y la biotecnología, mediante las cuales se pueden realizar pruebas masivas, el rastreo extensivo de la población que ha estado en contacto con personas que han dado positivo, y el aislamiento y separación física entre las personas contagiadas y las sanas. “Siempre que se han combinado estos métodos la reacción ante la pandemia ha sido más eficaz que la simple adopción del confinamiento”, subraya Flahault. Esto dicho con todos los riesgos y cautelas que conllevan estas tecnologías de control para los ciudadanos y sus libertades.

Con la adopción temprana de estas medidas, esos países asiáticos no han tenido que decretar hasta el momento órdenes de confinamiento estricto, permitiendo así que la actividad económica no se detuviera. Obviamente, queda por ver hasta qué punto estos países se verán afectados por la recesión mundial que ya se vislumbra. Además, y a pesar de las medidas adoptadas, Singapur ha experimentado un resurgimiento de personas contagiadas, principalmente entre los más de 300 000 trabajadores inmigrantes, procedentes en su mayor parte de Bangladés, China e India. Por esta razón la semana pasada la ciudad-estado decidió poner bajo confinamiento todos los barracones-dormitorios que albergan a estos trabajadores con bajos salarios.

A mediados de marzo, el gobierno de la región metropolitana de Lagos anunció el cierre de todo el comercio, con excepción de mercados, tiendas de alimentos y farmacias. Keystone / Akintunde Akinleye

La incógnita africana

El África subsahariana, continente lleno de promesas a pesar de sus muchas debilidades, no se ha visto todavía plenamente afectada por la pandemia de COVID-19. “En África occidental el número de casos no es tan alto como en el norte de África. El tráfico internacional es mucho menor allí que en otros continentes. Por el momento, son principalmente las personas privilegiadas que tenían la posibilidad de viajar al extranjero las que han caído enfermas”, comenta el doctor Chibuzo Okonta, presidente de la asociación “Médicos sin Fronteras” en África occidental y central.

Sin embargo, comienza a aumentar los casos en algunas grandes ciudades. No parece, por tanto, que el clima cálido y húmedo que caracteriza a esta región sea un factor que frene la progresión del virus, sostiene Chibuzo Okonta, para quien más bien la razón reside en la juventud de sus habitantes, ya que hasta ahora el SARS-CoV-2 afecta gravemente sobre todo a los ancianos. La edad media en África es de 19,7 años, mientras que en Europa y Corea del Sur es de 42,2, en China de 37,1 y en Singapur de 34,3.

Otro motivo de esperanza es que los países africanos, incluso más que los asiáticos, tienen una larga experiencia en epidemias. “A pesar de todo lo que se pueda decir de los sistemas de salud en la región, son los únicos que han experimentado ya crisis sanitarias como la actual pandemia. Las numerosas epidemias sufridas -ébola, cólera, meningitis y otras enfermedades contagiosas- ya les han hecho pensar sobre la manera de aumentar el número de camas, la ampliación de las áreas hospitalarias y la recepción de enfermos.

La estilista marfileña Maimouna Konaté fabrica mascarillas protectoras en su taller de costura en la ciudad portuaria de Abiyán. El 23 de marzo, Alassane Ouattara, presidente de Costa de Marfil, declaró el estado de emergencia, el toque de queda y el confinamiento progresivo de la población para frenar la propagación del coronavirus. Keystone / Legnan Koula

Cuidar la economía

Chibuzo Okonta teme las medidas de confinamiento, señalando que no tienen demasiado sentido cuando se vive en una habitación con 10 personas. “Los artesanos, los obreros, y los trabajadores de todos los oficios practicados por la mayoría de la población deben salir para poder trabajar y ganarse la vida. Las autoridades tienen que fijar con anticipación las fechas de inicio y fin del confinamiento para que la gente pueda organizarse”, afirma Chibuzo Okonta.

Si no se cura la economía al mismo tiempo que la salud, se pregunta el médico, ¿quién se ocupará por ejemplo de los millones de refugiados y desplazados en la región? “Se necesita por tanto garantizar la seguridad en los mercados y equiparlos para poder lavarse las manos. Esas medidas funcionaron en el pasado, como ocurrió en Liberia en la época de la epidemia de ébola”.

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