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Punto de vista 60 años del golpe de Estado contra Jacobo Árbenz

En junio de 1954, expiraba la joven democracia guatemalteca. La Guerra Fría se instalaba en América Latina. Estados Unidos se disponía a combatir toda influencia comunista en el hemisferio occidental. Simultáneamente, el suizo Jacobo Árbenz Guzmán iniciaba una odisea personal tras haber sido destituido como presidente del pequeño país centroamericano.

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Por Ivo Rogic

Hijo de un farmacéutico oriundo de Andelfingen (cantón Zúrich) emigrado a Guatemala, Árbenz desarrolló una brillante carrera dentro de la academia militar y cuando fue nombrado oficial del Ejército, decidió abrazar ideales socialistas que lo condujeron a sumarse a la revuelta militar que se enfrentó a la sangrienta dictadura de Jorge Ubico (1944).

El antiguo modelo guatemalteco, que se decidía desde Washington y se hacía patente a través de empresas como United Fruit Company (UFC), que encabezaba el monopolio de la producción frutícola y de las vías de comunicación de Guatemala, llamaba al cambio. Reconocido como una figura democrática importante dentro del ámbito progresista, Árbenz fue nombrado ministro de Defensa durante el gobierno de Juan José Arévalo. Un cargo que ejerció durante un sexenio, hasta que el suizo-guatemalteco ganó las elecciones presidenciales de 1950.

Ivo Rogic es historiador e investigador de la Universidad de Friburgo

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Reforma agraria y EEUU

El cargo de Jacobo Árbenz como jefe del Ejecutivo de Guatemala comenzó formalmente en marzo de 1951 y con él encabezó un proceso para transformar una sociedad arcaica en un Estado moderno y capitalista. Pero tenía la intención clara de desmantelar los monopolios de las empresas norteamericanas en Guatemala. Así puso en marcha una reforma agraria que distribuyó las tierras del país –75% de ellas aún sin cultivar– entre los campesinos, que representaban 90% de la fuerza laboral del país.

La UFC se vio tocada de inmediato y fue indemnizada por ello. Pero en EEUU la respuesta fue rápida. Representantes del gigante económico iniciaron una agresiva campaña contra Árbenz a través de senadores, diputados e influyentes periodistas. Y el gobierno de Dwight Eisenhower convirtió la moderada reforma agraria de Árbenz en una acción anticonstitucional guiada por el comunismo internacional. A través de la CIA, dirigida en aquel tiempo por Allen Dulles, EEUU financió y armó a grupos de exiliados y a mercenarios centroamericanos basados en Honduras con objeto de invadir Guatemala.

Durante la 10ª Conferencia Interamericana de Caracas (celebrada en marzo de 1954), John Foster Dulles, secretario de Estado de EEUU y hermano del director de la CIA, votó una resolución que condenaba “la infiltración comunista” en Guatemala. Washington impuso, pues, un embargo comercial al pequeño país centroamericano. Y el 18 de junio de 1954 inició una ofensiva paramilitar encabezada por Carlos Castillo Armas. El ejército guatemalteco, amenazado por los marines estadounidenses, se mostró poco combativo ante las fuerzas invasoras.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

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Los aviones bombardearon los centros neurálgicos del país, mientras la CIA seguía adelante con una campaña de propaganda a través de las ondas radiales que minaba la moral de los defensores. Árbenz renunció finalmente el 27 de junio para refugiarse en la Embajada de México.

Suiza se pliega ante EEUU

El embargo que Washington impuso a Guatemala repercutió en la industria suiza de armas que, presionada por la diplomacia estadounidense, suspendió sus exportaciones a Guatemala.  Con ello, Suiza sacrificó sus intereses comerciales en aras de unas buenas relaciones con Estados Unidos.

La reforma agraria de Árbenz, que también había afectado a los intereses de varios ciudadanos suizos, fue percibida negativamente por la diplomacia helvética. Diversos diplomáticos suizos en Latinoamérica secundaron en Berna la idea de que existía un riesgo inminente de que el comunismo se apoderara de Guatemala y generara un efecto dominó en la región.

Curiosidades

Che Guevara: En Ciudad de Guatemala, durante el gobierno de Árbenz, una multitud de militantes latinoamericanos de izquierda se reunieron fascinados por la noticia del nuevo régimen. Entre ellos el joven Ernesto Guevara que, durante el golpe, no dudó en intervenir en defensa del gobierno. El fracaso de la experiencia del gobierno de Árbenz radicalizó la posición de Guevara. Cuando se fugó de la dictadura militar de su país, se dirigió a México donde un amigo le presentó a los hermanos Castro, con quienes fraguaría la Revolución Cubana de 1959.

El caso Hamburgo: Tras la llegada al poder de Árbenz, Suiza ignoró las advertencias de EEUU y reivindicó el derecho de libre comercio con Guatemala. A principios de junio de 1954, EEUU intervino cuando un importante cargamento de armas suizas estaba a punto de dejar el puerto de Hamburgo. El navío fue bloqueado por las autoridades de la República Federal de Alemania y Frances Elisabeth Willis, embajador de EEUU en Berna, reprochó al gobierno suizo no haberse sumado al embargo decretado contra Guatemala. Berna debió reconsiderar su posición inicial. Solo un diputado helvético se opuso a la limitación impuesta por Washington a la soberanía de Suiza en política comercial.

EEUU ante la ONU. Tras la invasión de Armas y sus hombres, Guatemala exigió un debate urgente el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. El veto del representante de EEUU, Henry Cabot Lodge, a la condena de la agresión contra un país soberano dejó a Guatemala a la merced de los invasores. Según August Lindt, observador de Suiza ante la ONU, tal comportamiento arrebató a EEUU su pretendida superioridad moral al supeditar los valores democráticos a la lucha implacable contra el comunismo.

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Robert Fischer figuraba en este grupo. El cónsul general de Suiza en Ciudad de Guatemala aseguraba que Árbenz era un representante del Kremlin. Y tras el golpe de Estado de 1954 informó a Berna de que acababa de llegar a su fin un “régimen del terror” y un “régimen totalitario”, lo que auguraba un futuro mucho más seguro. Por su parte, Jean Holzer, secretario del Consulado de Suiza, se apresuró a reunirse con Armas, el líder de las fuerzas invasoras, que acababa de llegar a la capital guatemalteca a bordo de un avión del embajador de EEUU.

En un informe diplomático, el cónsul Fischer celebró la llegada de Armas, al que calificó como un militar brillante, un católico devoto, un hombre de “principios honestos” y el “jefe del movimiento de liberación” dispuesto a conducir al país hacia la democracia y establecer buenas relaciones con Berna.

Así, la que originalmente era la primera transición pacífica y democrática de la historia de Guatemala se había convertido súbitamente en una “dictadura comunista” y la represión posterior al golpe fue doblegando a todos los hombres cercanos al malogrado régimen de Árbenz.

En aquel momento, el cónsul de Suiza sugirió al Departamento Político Federal (DPF) negar a Salomón Pinto-Juárez, representante de gobierno de Guatemala en Berna, la autorización para regresar a Suiza (aprovechando que Pinto-Juárez estaba de vacaciones en su país). Su “posible actividad comunista” resultaba un riesgo suficiente para el consulado, que pidió que se le prohibiera el derecho de estancia en Suiza, a pesar de que su esposa tenía la nacionalidad helvética. A finales de julio, tras algunas dudas, el DPF (hoy Ministerio de Asuntos Exteriores) terminó por reconocer al gobierno de la junta militar.

August Lindt, a contracorriente

August Lindt, observador de Suiza ante la ONU y titular del Comité Ejecutivo de UNICEF en aquel periodo, asumió una posición distinta. En los informes que preparó para el DFP durante la invasión guatemalteca Lindt explicaba y compartía los argumentos de Jacobo Árbenz. Además, condenaba la campaña propagandística de Estados Unidos y dejaba claro que solo encubría la defensa de los intereses económicos de la UFC.

Para Lindt, el proceso de descolonización económica iniciado por Árbenz en Guatemala no solo era legítimo, sino que además carecía de nexos con el comunismo. Lindt era testigo directo de los debates y acciones de sabotaje que EEUU encabezaba en contra Árbenz en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, en Nueva York.

El proceder de Washington le escandalizaba y obraba el mismo efecto sobre el ministro Max Petitpierre, quien protestó verbalmente ante la embajadora de Estados Unidos en Suiza para denunciar lo anterior.

De Zermatt  a México: Odisea de un presidente

Haciendo valor sus orígenes paternos, la familia Árbenz pidió asilo a Suiza. En diciembre de 1954, Berna concedió al ex presidente un visado de tres meses de estancia. Las autoridades le instalaron en Zermatt y Árbenz permaneció bajo vigilancia de la policía federal, que temía la difusión de ideas comunistas en Suiza.

El monitor de esquí de Árbenz, su traductor y el director de la Oficina de Correos de Zermatt fueron llamados a colaborar con la policía. Desde Ciudad de Guatemala, Robert Fischer desempeño el papel de portavoz de la nueva junta militar y transmitió a Berna acusaciones difamatorias contra el exjefe del Ejecutivo. Suiza rechazó extender el visado de estancia a Árbenz.

Y este decidió no solicitar la nacionalidad helvética, porque habría implicado renunciar a la nacionalidad guatemalteca: algo inaceptable para un expresidente.

Según Markus Feldmann, ministro de Justicia y Policía, Árbenz fue expulsado de Suiza por motivos puramente políticos. El expresidente y su familia tuvieron que abandonar el país para iniciar una larga odisea que los llevó a París, Moscú, Praga, Montevideo y La Habana.

En la Cuba de Fidel Castro, Árbenz fue recibido con frialdad. En 1967, consiguió un visado para una estancia de corta duración en Suiza (en Pully), pero no sin dificultades. Finalmente aceptó la oferta de México de concederle asilo indefinido. Y fue en este país donde fue hallado muerto en su bañera en el año 1971.

En Guatemala, la democracia que muchos diplomáticos predecían tras la caída de Árbenz se trasformó, en realidad, en una tragedia sin fin. Con la llegada al poder de Armas comenzaron en el país una serie de guerras civiles que para el año 1990 ya se habían cobrado 100.000 víctimas mortales y provocado 40.000 desaparecidos.

Eso nadie lo sabía en junio de 1954, cuando la mayor parte de la diplomacia suiza saludó el cambio de régimen y la caída de Árbenz. El 1 de abril de 1955, Berna firmó incluso un acuerdo comercial con la dictadura guatemalteca y en 1962 inauguró una embajada en Ciudad de Guatemala.


traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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