¿En qué medida es neutral Suiza?

Suiza en el Consejo de Seguridad: too small to succeed?

Fundada sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, la ONU celebra este año su 75 aniversario. Suiza sigue siendo uno de sus Estados miembros más recientes. Casi  dos décadas después de su adhesión, aspira ahora a un puesto en el Consejo de Seguridad. Esta candidatura ofrece a Suiza la oportunidad de demostrar que es consecuente en su deseo de seguir un enfoque inclusivo y transparente, escribe Angela Müller, vicepresidenta de la Asociación Suiza-ONU (ASNU).

Este contenido fue publicado el 24 septiembre 2020 - 11:47
Angela Müller, MA, es vicepresidenta de la Asociación Suiza-UNO (ASNU) e investigadora de la Universidad de Zúrich en el ámbito de los derechos humanos

El Consejo de Seguridad, un órgano esencial de la ONU, que puede, entre otras cosas, tomar decisiones jurídicamente vinculantes, está compuesto por quince miembros: cinco permanentes y diez no permanentes, estos últimos elegidos por la Asamblea General de Naciones Unidas por un periodo de dos años, teniendo en cuenta una clave de distribución regional.

Suiza, al igual que Malta, es candidata a uno de los dos puestos que están reservados a su grupo de países para el período 2023/24. Hay muchas posibilidades de que la candidatura tenga éxito, no solo porque (hasta ahora) no hay competencia, sino también por el destacado perfil que Suiza se ha ido forjando en la ONU a lo largo de los años.

Sin embargo, el verdadero reto para la campaña suiza, cuya fase final se presentó este verano bajo el lema "A Plus for Peace (Un plus por la paz), no es de política exterior, sino interior. Porque, si bien esta candidatura ha sido confirmada en distintas ocasiones por el Parlamento, existe no obstante un escepticismo generalizado en el mundo político y entre la población en cuanto a las ventajas, conveniencia y riesgos de un compromiso multilateral activo por parte de este país, que se encuentra en el corazón de Europa y que, de una forma u otra, quiere, debe o puede ser algo diferente.

Ciertamente, una visión crítica nunca está fuera de lugar y puede proporcionar información importante sobre dónde se encuentran los puntos débiles de la cooperación multilateral y sobre las iniciativas y reformas necesarias para mejorarlos. Y precisamente, el funcionamiento del Consejo de Seguridad y su capacidad de acción, a menudo limitada por motivos políticos, es lo que suele dar lugar a críticas justificadas.

Pero tampoco debe sorprendernos que el escepticismo antes mencionado se deba al hecho de que el debate público sobre la política multilateral en Suiza se haya desarrollado en un nivel muy discreto. Como resultado, grandes sectores de la población tienen hoy un conocimiento e interés modestos en las instituciones y procesos multilaterales.

Si los graduados de secundaria superior de este año no saben qué es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -y esto ocurre – entonces es que están mal preparados para nuestro mundo globalizado del siglo XXI, en el que las mayores amenazas, ya sean climáticas, sanitarias, digitales, militares o criminales, son de naturaleza transfronteriza. Estos problemas no pueden resolverse con medidas unilaterales, sino que requieren enfoques integrales y cooperativos para hallar soluciones.

Precisamente para encontrar esas soluciones la ONU y su Consejo de Seguridad, con todo el margen de mejora que se quiera, son el lugar más adecuado. Como miembro del Consejo de Seguridad, Suiza tendría la oportunidad de abogar por esas soluciones y contribuir a darles forma. Esto es parte de su política de compromiso con Naciones Unidas, que ahora tiene casi veinte años de antigüedad y que le ha dado un perfil ampliamente reconocido en Nueva York, Ginebra y otras sedes de la ONU. Es precisamente ese esfuerzo por reformar la ONU y el Consejo de Seguridad el que hace que su candidatura sea creíble e importante: los que critican no deben quedarse fuera, sino que deben intentar marcar la diferencia desde dentro y dar buen ejemplo.

Suiza tendría varias opciones durante su mandato para promover la transparencia de los métodos de trabajo del Consejo de Seguridad entre el resto de los miembros de la ONU. Cuando se está tan presente como Suiza en la política de la ONU, cuando se es un contribuyente financiero tan importante y cuando se es anfitrión, con la Ginebra internacional, de una de las plataformas multilaterales más importantes, se debería poder manifestar su opinión en una amplia variedad de órganos.

El gran problema de política interior que nadie quiere plantear, y de donde proviene gran parte del escepticismo, es la neutralidad. Desde el punto de vista del derecho de la neutralidad es indiscutible que un puesto en el Consejo de Seguridad no es en modo alguno incompatible con él. Este debería ser el caso también en términos de política de neutralidad, ya que la neutralidad no debe entenderse como un llamamiento a permanecer al margen, sino como una distancia con respecto a los conflictos graves. Por lo tanto, el ingreso en el Consejo de Seguridad no contradice la continuidad del compromiso de Suiza con Naciones Unidas, sino que más bien es una consecuencia lógica. La experiencia de otros Estados neutrales en el Consejo de Seguridad, como Irlanda, Austria o Suecia, es prueba de ello.

La pertenencia al Consejo de Seguridad, cuyo coste económico sería asumible para Suiza, brindaría también importantes ventajas en términos de política exterior. Ofrecería una oportunidad única para ampliar la red de contactos y la experiencia, así como para posicionarse e introducir prioridades temáticas, por ejemplo, durante la Presidencia del Consejo, que los miembros asumen por turno durante un mes cada uno. Por último, pero no menos importante, la Ginebra internacional, cuyo fortalecimiento es un pilar básico de la política suiza de Naciones Unidas, también podría beneficiarse considerablemente.

El escepticismo que acompaña a la candidatura en la política nacional solo puede superarse mediante un debate público participativo. Solo se encontrará el apoyo necesario si se comprende y se discute ampliamente la importancia de ser miembro del Consejo de Seguridad, con la ayuda de argumentos fácticos. Un elemento importante para lograr esto es la participación de la población, de la sociedad civil y de la ciencia, como se viene reclamando ya desde diversos ámbitos.

En este sentido, la candidatura también ofrece a Suiza la oportunidad de demostrar que es seria en su deseo de seguir un enfoque inclusivo y transparente, un requisito que exige precisamente con respecto a los métodos de trabajo del Consejo de Seguridad. Si tiene éxito, quedará claro que Suiza es todo menos too small to suceed (demasiado pequeña para triunfar).

Serie de opiniones

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autora y no reflejan necesariamente la posición de swissinfo.ch. 

El 24 de octubre de 2020, día de la ONU, ASNU llevará a cabo un evento público, medio virtual y medio presencial, a favor de la candidatura de Suiza al Consejo de Seguridad. La embajadora Pascale Baeriswyl, jefa de la Misión suiza ante la ONU en Nueva York, Michael Møller, exdirector de la oficina de la ONU en Ginebra, y otros oradores aportarán luz al tema con discursos y rondas de debates.

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Traducción del alemán: José M. Wolff 

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