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Reconocimiento para el fundador del WEF ¿Concede Suiza la nacionalidad por méritos especiales?

Klaus Schwab y Ueli Maurer se saludan en el Foro de Davos

El fundador del  WEF  Klaus Schwab (izqda) y el presidente de Suiza Ueli Maurer, durante una reunión del Foro Económico Mundial en enero de 2019.

(Keystone / Laurent Gillieron)

La propuesta del presidente de la Confederación, Ueli Maurer, de conceder la nacionalidad suiza al fundador del Foro Económico Mundial de Davos (WEF), Klaus Schwab, ha causado asombro. Las órdenes al mérito concedidas por el Estado no forman parte de la tradición republicana de Suiza.

El Foro Económico Mundial de DavosEnlace externo (WEF) celebra su 50º aniversario el próximo año. Durante ese medio siglo, el foro ha congregado en la localidad de Davos a cientos de jefes de Estado y de Gobierno, así como a las élites empresarial, económica y científica del mundo entero. Y esta presencia ha beneficiado no solo a la  estación alpina de los Grisones: cada año, a finales de enero, Suiza acapara los focos de la prensa internacional durante varios días.

Para el presidente de Suiza es hora de rendir homenaje al fundador del WEF. Según el dominical SonntagsZeitung, la intención de Ueli Maurer es organizar una ceremonia oficial en enero próximo en Davos para expresar la gratitud del Gobierno a Klaus Schwab. En ese marco el mánager alemán, que reside desde hace mucho tiempo en Suiza pero nunca ha solicitado la naturalización, supuestamente recibirá la nacionalidad helvética.

La idea ha causado sorpresa y perplejidad en los círculos políticos. Esta sería la primera vez que se recompensa a una personalidad extranjera con el pasaporte suizo. Generalmente son los cantones los responsables de otorgar la nacionalidad a partir de criterios muy precisos, considerados como unos de los más restrictivos en Europa. El propio partido de Ueli Maurer, la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora) que lucha contra la inmigración, se ha manifestado contrariado. “Los méritos del señor Schwab son indiscutibles, pero rendir un homenaje estatal a una persona no es una práctica suiza. Además, ni siquiera tenemos una orden al mérito”, ha declarado el presidente de la UDC, Albert Rösti.

Tradición republicana

En efecto, a diferencia de muchos países europeos, Suiza no otorga ni títulos ni insignias oficiales, como la Legión de Honor francesa, el título de Sir británico o de “Cavaliere” italiano. La mayoría de estas condecoraciones están vinculadas a tradiciones imperiales o monárquicas, que nunca han existido en Suiza. Ni siquiera hubo una real aristocracia comparable a la de los países vecinos. Los municipios estaban generalmente bajo el dominio de corporaciones y patriciados, formados por ciudadanos locales de larga data para salvaguardar sus derechos a ejercer sus oficios o poseer tierras y montes frente a los recién llegados.

Las corporaciones y patriciados perdieron gran parte de sus privilegios con el nacimiento del Estado democrático de 1848, que estableció una ciudadanía suiza igual para todos. Para evitar el riesgo de abusos o dependencia de los funcionarios frente a autoridades extranjeras, la primera Constitución de 1848 ya prohibía que los miembros de las autoridades federales (desde los ministros hasta los funcionarios) aceptaran títulos e insignias de caballería de gobiernos extranjeros. Esta prohibición se extendió en 1874 a los ciudadanos incorporados en el ejército y en 1931 a los miembros de las autoridades cantonales.

Esta restricción no figura en la nueva Constitución Federal de 2000, pero ha sido incluida en las leyes relativas a la organización del Gobierno, el Parlamento y la Administración y el Ejército. En aquel momento, el Consejo Federal reiteró que los títulos y las insignias “no forman parte de la tradición” y no “corresponden a los valores fundamentales” de Suiza. Incluso en el ejército las distinciones especiales se otorgan solo como reconocimiento a la duración del servicio o a la participación en una misión especial.

Ciudadano honorario de Davos

El mismo Gobierno suizo es un reflejo de esta tradición republicana, según la cual ningún ciudadano pertenece a una orden superior ni puede considerarse superior a de los demás: los ministros se turnan en la presidencia de la Confederación, un mandato anual y rotativo durante el cual no se les otorgan más poderes. El presidente es simplemente un “primus inter pares” (el primero entre iguales, en latín) y asume funciones representativas y tareas tradicionales durante su mandato.

Debido a estas usanzas, probablemente Klaus Schwab tendrá que contestarse con la distinción de ciudadano honorario de Davos que recibió hace unos veinte años. Este reconocimiento, que los municipios conceden a personalidades suizas o extranjeras de vez en cuando, tiene un mero valor honorífico y no va acompañado del pasaporte suizo.



Traducción del italiano: Belén Couceiro

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