REPORTAJE-2 Al encuentro de la historia de los pueblos

Verena Graf (centro) junto a delegadas de otras ONG en el Palacio de las Naciones Unidas en Ginebra. swissinfo.ch

A la hora del balance, Verena Graf retiene de sus 25 años defendiendo a los pueblos sin voz, no sólo los momentos difíciles, sino que también encuentros con personas que marcaron su vida.

Este contenido fue publicado el 24 diciembre 2004 - 11:27

La secretaria general permanente de la Liga Internacional por los Derechos y Liberación de los Pueblos (LIDIP), conoció por ejemplo a personas que de perseguidos, pasaron después a ser personajes históricos.

No todo ha sido presiones, chantajes y problemas financieros en sus 25 años representando la LIDIP. Verena Graf recuerda también “momentos gloriosos”, marcados por el encuentro con personas excepcionales en el ámbito de los derechos humanos.

Premios Nobel de la Paz

Entre estos personajes figuran dos premios Nobel de la Paz, la guatemalteca Rigoberta Menchu (1992) y José Ramos Horta (1996), actual ministro de Relaciones Exteriores de Timor Oriental.

“Recuerdo en particular mi encuentro con José Ramón Horta, que hoy es ministro de relaciones Exteriores de Timor, un país que logró su independencia en 1999 y por el cual también intervenimos mucho en la ONU”, explica.

“Cuando el Timor Oriental logró su independencia en 1999 fue una gran alegría para nuestra organización y un gran motivo de satisfacción personal, pues durante muchos años trabajamos junto con José Ramón Horta”, recuerda Verena Graf.

“Otro caso que recuerdo muy gratamente y que tiene que ver con los pueblos indígenas de cuyo caso nos ocupamos ahora, (Declaración de derechos de pueblos indígenas), es el de Rigoberta Menchu”, agrega.

“Tuve el privilegio de conocer a Rigoberta mucho antes de que fuera premio Nobel de la Paz 1992 y embajadora de buena voluntad de la UNESCO. Me recuerdo bien porque en ese entonces ella apenas sabía hablar español y no sabía dirigirse ante los delegados en las sesiones de la Comisión de los derechos Humanos de la ONU”.

Pero en su lista de personas que conoció de cerca o que ayudó a preparar declaraciones y hacer contactos, hay muchos que destacaron después en carreras políticas o como delegados de sus propios pueblos o países ante los organismos internacionales.

Es el caso hoy del dirigente indígena mapuche Aucán Huilcamán, y de muchos otros opositores a las dictaduras argentina y chilena, “que en su tiempo también fueron calificados como terroristas por sus gobiernos”, subraya con ironía.

Un caso emblemático

Pero en el ámbito de causas, Verena Graf retiene una en particular, la chilena, por su duración en el tiempo, por la red de contactos y amistades que anudó, y porque fue la que le permitió perfilarse en el mundo diplomático, de las conferencias y de negociaciones internacionales.

“Recuerdo mucho la de Chile porque fue una de las primeras que he defendido, ya que entonces tampoco yo sabía hablar bien el español, pero fue con la causa de la resistencia chilena que aprendí yo también hablar delante de las asambleas de la ONU”, explica.

“En el caso chileno, confieso que en realidad tenía pocas ilusiones porque pensaba que Pinochet se quedaría en el poder hasta el final de sus días. Grande ha sido mi satisfacción de constatar que no ha sido así”.

“Cuando hubo el cambio, supe después por exiliados que los chilenos que lucharon en el interior siempre estuvieron enterados de nuestras actividades en la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU y eso nos confirmó que nuestro trabajo no había sido en vano.”

“Es verdad, que a veces no tenemos señales claras, ni reacciones sobre nuestras actividades, pero sabemos que sirve lo que hacemos y eso es lo más gratificante para alguien comprometida en la defensa de los derechos de los pueblos,” subraya.

Vínculos que atan

Por último, y ante la imposibilidad de enumerar a todas las personas que de una u otra manera han estado relacionado al trabajo de solidaridad de la LIDIP, Verena Graf se limita a confirmar con satisfacción, que los contactos se mantienen a través del tiempo.

“Trabajamos con personas, con gente que posee un alto grado de sensibilidad social y entonces nuestros contactos prosiguen más allá de la defensa puntual de las causas. Entonces, los lazos que se crean son muy fuertes”, dice.

“En la solidaridad por ejemplo, hoy tenemos un delegado gubernamental de Guatemala que antes era miembro de la oposición a la dictadura militar, y entonces recuerdo que teníamos que acompañarlo al aeropuerto, protegerlo porque estaba amenazado de muerte y ahora la relación continúa en el plano de la amistad.”

Verena Graf concluye reafirmando que esos lazos y esos contactos con la gente, son mucho más gratificante y compensan ampliamente las dificultades financieras, los problemas políticos y la vigilancia policial, de la que ha menudo son objeto, las organizaciones no gubernamentales. Más aún, en una época de las amalgamas fáciles con el terrorismo.

Este reportaje sigue en ‘Más sobre el tema’.

swissinfo, Alberto Dufey

Datos clave

Entre las personalidades encontradas por Verena Graf destacan dos premios Nobel de la Paz: Rigoberta Menchu y José Ramos Horta.

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Contexto

La Liga suiza es una sección de la Liga Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos (LIDIP), cuyo presidente es el Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.

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