Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

Foto de archivo. El presidente chino, Xi Jinping, conversa con la canciller alemana Angela Merkel mientras posan para una foto de grupo durante la cumbre del G20 en Hangzhou, China. 4 septiembre, 2016. REUTERS/Damir Sagolj

(reuters_tickers)

Por Noah Barkin

BERLÍN (Reuters) - Cuando el presidente de China, Xi Jinping, subió al estrado en Davos en enero y presentó a su país como un campeón del libre mercado listo para ocupar el papel de liderazgo global dejado por Estados Unidos, funcionarios alemanes no pudieron aguantar la risa.

Sus expectativas eran que Donald Trump, que asumió la presidencia de Estados Unidos días después, redujera rápidamente la retórica proteccionista de su campaña presidencial y reparara los vínculos con sus aliados occidentales, dejando poco espacio para Pekín.

Seis meses después, cuando Xi llega a Berlín para una visita altamente simbólica a la canciller alemana, Angela Merkel, antes de la cumbre del Grupo de las 20 economías más desarrolladas del mundo (G-20) en Hamburgo, lo que parecía risible en los Alpes suizos ya no es tan absurdo.

Pese a preocupaciones por derechos humanos en China, frustraciones por acceso al mercado y preocupaciones por una ola de adquisiciones corporativas en Europa por parte de empresas estatales chinas, Alemania está siendo obligada a un incómodo acercamiento con Pekín mientras Trump refuerza su promesa de poner a "Estados Unidos primero".

Para Merkel, la anfitriona del G-20, Xi es un aliado y Trump un rival problemático en algunos de los temas más importantes en agenda en Hamburgo, desde el comercio y el cambio climático hasta el desarrollo económico en África.

Y es por eso que Merkel cenará con Xi el martes y planificará la estrategia del G-20 con él en un almuerzo el miércoles.

Posteriormente, ambos líderes participarán en una clásica "diplomacia panda" e inaugurarán un complejo chino de 10 millones de dólares en el zoológico de Berlín para Meng Meng y Jiao Qing, dos pandas gigantes que China está prestando a Alemania como muestra de amistad.

"Pekín ve a Europa como una península asiática. Nosotros la vemos en forma diferente", comentó Merkel en una entrevista con la revista alemana Wirtschaftwoche la semana pasada.

"Sin embargo, es un hecho que partes de la industria alemana son dependientes de China. De modo que necesitamos lidiar con las exigencias chinas de un modo que lleve armonía y ventajas a ambas partes", agregó.

(Reporte adicional de Ben Blanchard en Pekín y Andrea Shalal en Berlín; escrito por Noah Barkin. Editado en español por Patricio Abusleme)

Reuters