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El secretario de Estados adjunto de Estados Unidos, John Sullivan (al centro), llega con su delegación a una rueda de prensa durante la 47 Asamblea General de la OEA en Cancún, México. 20 de junio de 2017. La asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA) se transformó el martes en un campo de batalla entre Venezuela y un grupo formado por Estados Unidos, Canadá y diez países latinoamericanos que critica el manejo de la crisis política y económica en la que está sumido el país petrolero. REUTERS/Carlos Jasso

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Por Anthony Esposito

CANCÚN, México (Reuters) - La asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA) se transformó el martes en un campo de batalla entre Venezuela y un grupo formado por Estados Unidos, Canadá y 10 países latinoamericanos que critica el manejo de la crisis política y económica en la que está sumido el país petrolero.

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y Perú publicaron una carta apuntando al Gobierno del socialista Nicolás Maduro por supuestamente interrumpir la democracia en su país y pidiendo el cese de la violencia.

"Ante la interrupción del proceso democrático en la República Bolivariana de Venezuela consideramos que debe persistirse en una salida concertada", dijo la carta en la que pidieron la liberación de los presos políticos y un alto a las detenciones arbitrarias.

En la carta, escrita tras el fracaso de las discusiones para emitir una resolución conjunta de la OEA sobre la crisis venezolana [nL1N1JH0DS], el grupo de países pidió que se abra un canal humanitario para contribuir con alimentos y medicinas a paliar la emergencia que vive la nación sudamericana.

Además, los 12 países llamaron a Maduro a abandonar la convocatoria a una asamblea nacional constituyente para cambiar la carta magna, una iniciativa que muchos ven como una forma de perpetuarse en el poder y calmar la agitación política.

Horas después la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, reaccionó airadamente contra Perú y varios de sus homólogos del grupo que firmaron la carta a quienes llamó "camada de perritos simpáticos del imperialismo" y los acusó de querer intervenir ilegalmente en Venezuela influenciados por Estados Unidos.

"Esa sumisión a los poderes imperiales, aunque no le guste a los representantes algunos de los que están, esa sumisión nunca la van a tener de Venezuela", dijo Rodríguez, enfundada en un vestido rojo, color del Partido Socialista Unido de Venezuela.

LA OEA A PRUEBA

El representante de Washington, John Sullivan, no se quedó atrás y dijo que el principio de no intervención no se podía invocar para justificar la inacción o evitar la responsabilidad sobre la situación, y que las palabras de Rodríguez se podían resumir en "distracciones, distorsiones e irrelevancias".

El país ha vivido más de dos meses de agitación política con protestas en las calles, un periodo durante el cual han muerto al menos 75 personas.

Sullivan dijo que la OEA debía probar su relevancia haciendo algo por el pueblo venezolano, e insistió en su propuesta de crear lo que llama un "grupo de contacto" conformado por algunos países que sin intervenir directamente pueda facilitar una solución a los graves problemas del país.

Rodríguez insistió en que Venezuela no reconocerá ninguna resolución que emane de la asamblea y anunció que Venezuela se retiraba del organismo, al que no volvería nunca más, pero seguía participando del evento, que finalizará el miércoles.

"Ya nos vamos, ya nos fuimos de la organización. Venezuela no forma parte de esta organización", dijo.

"Sin embargo, hay un periodo de dos años de desprendimiento administrativo y nosotros consideramos que era muy importante frente al peligroso proceso de intervención que está promoviendo Estados Unidos a través de esta organización, que Venezuela viniera aquí a levantar su voz", agregó.

En la guerra de discursos también estuvieron involucrados Costa Rica, a cuyo canciller Rodríguez llamó "analfabeta político", Perú y Honduras, que exigieron a Rodríguez explicar cómo el gobierno de Maduro se iba a comprometer de manera legítima a buscar una solución a la crisis.

El director ejecutivo de la organización Human Rights Watch dijo que un pronunciamiento contundente es la única manera que existe de evitar un baño de sangre en Venezuela.

"Si no hay una advertencia clara por parte de este organismo (...) mi impresión es que el régimen de Maduro entenderá entonces que tiene carta blanca, como ha ocurrido hasta ahora, para seguir haciendo lo que le dé la gana en Venezuela", agregó.

(Con reporte adicional de Fabián Cambero en Santiago. Escrito por Anahí Rama. Editado por Pablo Garibian)

Reuters