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Narciso Hernández, productor de caña de azúcar, posa para una foto en un campo de caña en Zacatepec de Hidalgo, en el estado de Morelos, México. 31 de mayo, 2017. Desde sus cañaverales en México, molestos campesinos temen un derrumbe de sus ingresos si fallan las negociaciones en Washington para mantener el acceso al mercado estadounidense del azúcar, lo que erosionaría el apoyo al partido gobernante en momentos en que la izquierda está ganando terreno. REUTERS/Edgard Garrido

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Por Adriana Barrera

ZACATEPEC, México (Reuters) - Desde sus cañaverales en México, molestos campesinos temen un derrumbe de sus ingresos si fallan las negociaciones en Washington para mantener el acceso al mercado estadounidense del azúcar, lo que erosionaría el apoyo al partido gobernante en momentos en que la izquierda está ganando terreno.

En Zacatepec, Morelos, en el centro de México, Samuel Montes, cuya familia ha sembrado caña por generaciones, se pregunta qué pasará con él en caso de que el Gobierno mexicano y representantes de la industria acepten nuevas restricciones para el azúcar refinada, la de mejor precio.

También piensa que pasaría si la negociación, en sus últimas horas el fin de semana, colapsa y se imponen aranceles de hasta 80 por ciento al edulcorante mexicano, cerrando de facto el mercado estadounidense, el de mayor valor en el mundo.

"Se nos puede venir un problema social fuerte porque de la caña de azúcar dependen muchísimas familias", dijo Montes. El productor se refiere a 190,000 productores de caña y los 2.4 millones de empleos que hay alrededor de la caña en 15 de los 32 estados del país, de acuerdo a estimaciones del gremio.

El pago de la caña está ligado al precio del azúcar en los mercados que la compran. Los envíos a Estados Unidos se sujetan a los llamados "acuerdos de suspensión" de finales del 2014, que acabaron con el libre ingreso que había desde 2008 bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Los acuerdos fijaron precios mínimos y un tope del 53 por ciento del cupo autorizado en cada ciclo para el azúcar refinada de al menos de 99.5 por ciento de polaridad, que mide la calidad del endulzante.

Pero los refinadores en Estados Unidos quieren bajar este porcentaje de refinada a hasta un 15 por ciento del cupo, dejando el resto para cruda, y reducir la calidad a una polaridad del 99.2 por ciento, cortando el camino para su venta directa a la industria y forzando su paso por las refinerías.

"El industrial lo que quiere (...) es llegar al consumidor final, que es el que da el mejor precio. Lo justo es que el industrial mande su azúcar y llegue al consumidor final", dijo Pedro Ocampo, jefe de la unión de cañeros de Zacatepec.

Estados Unidos consume unos 12 millones de toneladas de azúcar refinada y el precio promedio para el azúcar cruda es 6.0 centavos de dólar por libra, más alto que el promedio mundial.

México exportó el ciclo pasado 1.13 millones de toneladas métricas de azúcar a Estados Unidos, de las que 418,000 fueron de refinada; los embarques a otros mercados fueron de apenas 86,067 toneladas, según datos mexicanos. En Este ciclo, se prevé el envío de 870,689 toneladas métricas a Estados Unidos.

¿APOYO SIN RESERVAS?

La amarga negociación sobre el azúcar se percibe como un punto de partida para medir la temperatura de las negociaciones entre México y Estados Unidos en la renegociación del TLCAN, impulsadas por el presidente Donald Trump y que arrancarían en agosto incluyendo a Canadá.

Pero también ha elevado el enojo contra el gobierno del presidente Enrique Peña, en medio del avance de la izquierda encabezada por Andrés Manuel López Obrador, que ofrece apoyo a los pobres y ha ganado simpatía entre una población decepcionada por la inseguridad y el bajo crecimiento económico.

Cañeros que han apoyado toda su vida al gobernante PRI dicen estar cansados de pagar los platos rotos y no ven tan fácil entregar su confianza en los comicios presidenciales del 2018.

"Eso del PRI pues ya nosotros no les creemos. No, ya no, ya tenemos edad, ya tenemos experiencia, ya vimos muchas películas y ahora solamente nos atenemos a los hechos", dijo Narciso Hernández, cañero de 74 años.

"Toda mi vida he sido priísta y sigo siendo priísta pero naturalmente estoy viendo también que no se le cumple al pueblo", subrayó, tras afirmar que los dos pagos al año que recibe por su caña no le alcanzan para vivir adecuadamente.

El PRI enfrenta un duro reto para retener su bastión más importante este domingo en las elecciones para gobernador del Estado de México, el de mayor peso electoral del país, donde por primera vez podría perder su hegemonía de casi 90 años frente a Morena, el partido de López Obrador.

CONTRA LA FRUCTOSA

Los cañeros y los fabricantes de azúcar quieren que el Gobierno actúe contra la fructosa de Estados Unidos, que aseguran compite de manera desleal con el azúcar nacional y entra a México sin ningún tipo de restricciones.

Los cañeros, que habían mantenido una postura pública conservadora, ahora acusan abiertamente al Gobierno de Peña de no escuchar sus demandas y no ven como una salida la exportación a mercados de menor valor, de cerrarse el estadounidense.

"Tenemos que tomar una decisión que considere todos los elementos, incluyendo el interés mismo de los cañeros, la importancia que tienen los pequeños productores, la relevancia de ser el único país que puede garantizar el acceso al mercado de azúcar estadounidense", dijo recientemente a periodistas el secretario mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo.

Esas circunstancias incluyen 163.23 millones de dólares anuales que México tiene en la mano en represalias comerciales a Estados Unidos, luego de que la Organización Mundial de Comercio (OMC) le dio la razón en una disputa sobre atún.

Si ese monto se aplica a la fructosa, golpearía el equivalente a un tercera parte de las exportaciones estadounidenses de ese edulcorante, de acuerdo a la Asociación de Refinadores de Maíz, que representa a empresas como Archer Daniels Midland Co y Cargill Inc.

México compra más del 80 por ciento de las exportaciones de Estados Unidos de jarabe de maíz de alta fructosa, que en 2016 fueron de 1.3 millones de toneladas, según datos de ese país.

"Si cubrimos nuestras necesidades de importación de azúcar de otros lugares no ganamos ningún empleo, pero si perdemos nuestro mercado de jarabe de maíz en México, eso es insustituible ", dijo John Bode, presidente de la Asociación.

(Con reporte de Chris Prentice en Nueva York, Dave Lawder en Washington y Karl Plume en Chicago. Editado por Anahí Rama/Gabriela Donoso.)

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