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Ronald Maclovio se quita la camiseta para mostrar las cicatrices que dejaron 10 balas en su pecho. En junio de 2015, dice, colonos ilegales le dispararon y atacaron a su comunidad en Francia Sirpi, un poblado indígena Miskito en la costa caribeña de Nicaragua también conocida como la Costa de Mosquito. "Lo hicieron como diversión", afirma. En la foto de archivo, un niño índigena Miskito juega en una laguna en la pequeña localidad de Kaska, en la costa caribe de Nicaragua. Septiembre 27, 2007. REUTERS/Oswaldo Rivas (NICARAGUA)

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Por Tristan Martin y Faye Planer

FRANCIA SIRPI, Nicaragua (Thomson Reuters Foundation) - Ronald Maclovio se quita la camiseta para mostrar las cicatrices que dejaron 10 balas en su pecho.

En junio de 2015, dice, colonos ilegales le dispararon y atacaron a su comunidad en Francia Sirpi, un poblado indígena Miskito en la costa caribeña de Nicaragua también conocida como la Costa de Mosquito. "Lo hicieron como diversión", afirma.

Maclovio no es el único: muchos Miskito hablan de ataques no provocados por parte de colonos no indígenas y tensiones por la tierra.

Lo peor de este conflicto se ha desarrollado lejos del único camino que conecta la región con el resto de Nicaragua. Dominada por bosques de pino, esta llanura remota costera, escasamente poblada, se ha convertido en el territorio disputado más violentamente en el país.

Los Miskito, el mayor grupo indígena en la costa caribeña, con una población de hasta 300.000 personas, culpan por los ataques a los "colonos" que llegan de otras partes del país y ocupan sus ancestrales territorios.

Según CEJUDHCAN, una organización de derechos humanos que trabaja con comunidades indígenas, el conflicto por la tierra ha dejado a 32 Miskito muertos y 66 desaparecidos o heridos desde 2012.

Sin embargo, creciente evidencia de venta inescrupulosa de tierra por parte de líderes Miskito sugiere una raíz más compleja de la violencia.

Tras décadas de una coexistencia pacífica entre los Miskito y los colonos no indígenas, las relaciones se han agriado. "No queremos ver ni una sola gallina, cerdo, o vaca de ellos. Queremos un desalojo completo", dijo Virgilio Thomas Moore, juez de Francia Sirpi elegido por los Miskito.

FALTA DE ACCIÓN

Los nuevos colonos, dicen activistas, llegan en busca de tierra barata y fértil, madera y oro. Si bien no hay datos sobre las muertes y heridas sufridas en este grupo, testimonios de testigos sugieren que ambos lados han cometido actos violentos.

El problema está exacerbado, añaden, por la falta de acción del gobierno para mediar y resolver las disputas por la tierra. Esto ha llevado a que muchos Miskito hagan justicia por mano propia para expulsar a los colonos.

Carlos Alemán, gobernador de la Región Autónoma del Atlántico Norte de Nicaragua no respondió a pedidos por comentarios. La oficina del Fiscal Genera, Hernán Estrada, tampoco respondió a preguntas por teléfono y correo electrónico.

Pese a una ley que prohíbe la venta de tierra indígena en la región, se ha informado que algunos líderes nativos otorgaron "permisos" para que colonos usaran extensiones de tierra a largo plazo.

Pero muchos colonos afirman que aparentemente luego ordenan la muerte de quienes compraron esa tierra para reclamarla y volverla a vender. El hermano de Narcisa Davila estaba sembrando maíz una mañana en la tierra que recién había comprado cuando lo rodearon hombres en uniforme y le dispararon. Murió horas después.

"Primero venden la tierra y luego envían a gente a matar al colono mestizo para recuperar la tierra y venderla a un precio más alto. No solo mi hermano murió, hay muchos mestizos (colonos) que han muerto en esas colinas, luchando por la tierra", dijo Davila a la Fundación Thomson Reuters.

El juez Thomas Moore en Francia Sirpi dijo que llegó el momento de que su comunidad tome el tema en sus propias manos.

"Les daremos seis meses, más no", afirmó. "Si el gobierno no hace nada para sacarlos, nosotros lo haremos. Iremos a invadir esas colinas", añadió.

A varios kilómetros de distancia, recostado en una hamaca en su rancho, el colono José Boanerges, presidente de la Asociación de agricultores y ganadores de Tasba Pri, una organización que defiende a los colonos en disputas por tierra, considera esta posibilidad.

"Quieren hacer un ‘autosaneamiento’. Pero ellos también tienen que respetar todo lo que vendieron", comentó. "Y si no lo respetan, es la guerra", afirmó.

(Editado en español por Patricia Avila. La Fundación Thomson Reuters es la rama caritativa de Thomson Reuters que cubre noticias sobre temas humanitarios, derechos de la mujer, corrupción y cambio climático. Visite http://news.trust.org)

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Reuters