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Un soldado iraquí inspecciona a un ciudadano en Al Karma, Irak, el 8 de septiembre de 2017. REUTERS/Essam Al-Sudani

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Por Raya Jalabi y Ulf Laessing

SUR DE MOSUL (Reuters) - Las autoridades iraquíes mantienen retenidos en un campamento a 1.400 esposas extranjeras e hijos de supuestos combatientes de Estado Islámico, después de que las fuerzas gubernamentales expulsaron al grupo yihadista de uno de sus últimos bastiones en Irak, dijeron funcionarios locales.

Muchos dicen ser de Rusia, Turquía y Asia Central, pero también hay algunos de países europeos, dijeron los funcionarios. En su mayoría han llegado al campamento al sur de Mosul desde el 30 de agosto.

Un oficial de inteligencia iraquí dijo que estaban en proceso de verificar sus nacionalidades con sus países de origen, ya que muchas de las mujeres no tenían sus documentos originales.

    Se trata del grupo más grande de extranjeros vinculados al EI retenido por las fuerzas iraquíes desde que comenzaron a expulsar a los militantes de Mosul y otras áreas en el norte de Irak el año pasado, dijo un funcionario. Miles de extranjeros han estado luchando por el EI en Irak y Siria.

Un alto funcionario de seguridad dijo que las autoridades están intentando encontrar un lugar seguro para albergar a las familias mientras negocian con embajadas el regreso a sus hogares. No se les permite salir del campamento.

    Reporteros de Reuters vieron a cientos de mujeres y niños sentados en colchones dentro de lo que los trabajadores humanitarios llaman un "sitio militarizado". Entre los idiomas hablados allí están el turco, el francés y el ruso.

"Quiero regresar (a Francia) pero no sé cómo", afirmó una mujer velada de habla francesa y origen checheno que dijo que había vivido en París. Asimismo, señaló que no sabía cuál fue el destino de su marido, que la llevó a Irak cuando se unió al EI.

El oficial de seguridad dijo que las mujeres y los niños se rindieron en su mayoría a la milicia peshmerga kurda cerca de la ciudad norteña de Tal Afar, junto con sus maridos. Los kurdos entregaron a las mujeres y niños a las fuerzas iraquíes, pero se quedaron con los hombres, supuestos combatientes todos ellos.

Muchas de las familias habían huido a Tal Afar después de que las tropas iraquíes expulsaron el EI de Mosul el 30 de agosto. Las fuerzas iraquíes retomaron el mes pasado Tal Afar, una ciudad de mayoría étnica turcomana de donde han salido algunos de los más altos comandantes del EI. La mayor parte de los 200.000 habitantes que tenía antes de la guerra han huido.

TENSIÓN

Los trabajadores humanitarios y las autoridades están preocupados por las tensiones entre los iraquíes que perdieron sus hogares y viven también en el campamento y los recién llegados. Muchos iraquíes quieren venganza por el duro trato que recibieron bajo la interpretación extremista del Islam sunita que impusieron en Mosul y otras áreas capturadas en 2014.

"Las familias están en una parte (del campamento) por su propia seguridad", dijo un oficial de inteligencia militar iraquí.

El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC, por sus siglas en inglés), que presta apoyo a las 541 mujeres y sus hijos, dijo que Irak "debe actuar rápidamente para aclarar sus planes futuros sobre estas personas".

"Como todos los que huyen del conflicto, es imprescindible que estos individuos puedan tener acceso a protección, asistencia e información", dijo el NRC en un comunicado. "Están en una detención de facto".

    Los funcionarios occidentales están preocupados por los combatientes radicalizados y sus familiares que regresan a casa después del colapso del "califato" del EI. Funcionarios franceses han indicado que prefieren que se juzgue en Irak a sus ciudadanos afiliados al grupo extremista.

    "La filosofía general es que los adultos deben ir a juicio en Irak", dijo una fuente diplomática francesa a Reuters el mes pasado, en relación a los que fueron combatientes. "Creemos que los niños se beneficiarían de los servicios judiciales y sociales en Francia".

"ENGAÑADA"

Las mujeres del campamento estaban cocinando fideos o acostadas en colchones con sus bebés en las carpas. Muchas vestían aún abayas y velos negros, vestimenta obligatoria en las áreas controladas por los militantes.

    "Mi madre ni siquiera sabe dónde estoy", dijo una mujer francesa de 27 años de origen argelino que dijo que fue engañada por su marido para ir con él a través de Turquía a Siria y luego a Irak cuando se unió al Estado Islámico el año pasado.

"Acababa de dar a luz a esta niña tres meses antes", dijo sosteniéndola y pidiendo que no la nombrara. "Dijo 'vayamos de vacaciones una semana a Turquía'. Ya había comprado los billetes de avión y el hotel".

    Después de cuatro meses en Mosul, huyó lejos de su marido a Tal Afar en febrero. Esperaba poder regresar a Francia, pero él la encontró y no le dejó irse.

Entre lágrimas contó cómo su hijo de cinco años murió en junio por un proyectil mientras jugaba en las calles.

"No entiendo por qué nos hizo esto", dijo en referencia a su marido, quien según dijo murió peleando en Mosul. "Muerto o vivo, no puede importarme menos".

(Reporte adicional de John Irish en París; editado en español por Carlos Serrano)

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Reuters