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De izquierda a derecha en la imagen: El presidente Juan Manuel Santos, el jefe de Misión de las Naciones Unidas en Colombia, Jean Arnault y el máximo dirigente de las Farc, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", en la ceremonia de entrega de armas en la localidad de Mesetas, 27, 2017. REUTERS/Jaime Saldarriaga

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Por Luis Jaime Acosta

MESETAS, Colombia (Reuters) - Las FARC concluyeron el martes el proceso de abandono de las armas ante las Naciones Unidas, poniendo fin a su lucha como grupo guerrillero y a su participación en un violento conflicto que desangró a la nación sudamericana por más de cinco décadas.

La entrega del último 40 por ciento del arsenal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se cumplió en la zona montañosa de Mesetas, en el sureste del país, en donde por décadas el grupo rebelde, que se transformará en un partido político, ejerció un gobierno de facto con el que desafió al Estado.

La Misión de la ONU en Colombia informó que ya recibió y almacenó en contenedores 7.132 armas, la mayoría del arsenal de las FARC que estaba en poder de los combatientes rebeldes, cumpliendo lo acordado entre el Gobierno y la guerrilla para acabar un conflicto que ha dejado 220.000 muertos.

Las armas de las FARC serán fundidas para construir tres monumentos en honor a la paz.

En el lugar, una pequeña ciudadela de construcciones precarias de madera, lona y plásticos verdes y negros, también se exhibían siluetas en tamaño natural con las fotos de jefes guerrilleros que murieron en combate como Alfonso Cano, Raúl Reyes, alias el Negro Acacio e Iván Ríos.

Unos 7.000 integrantes de las FARC además de cientos de colaboradores permanecen actualmente concentrados en 26 lugares en medio de selvas y montañas, bajo la supervisión de la ONU, en la parte previa de su reincorporación a la vida civil.

PAZ IRREVERSIBLE

"Hoy, con emoción, constatamos el fin de esta guerra absurda que no solo duró mas de cinco décadas, sino algo peor, cobró más de 8 millones de víctimas y 220.000 compatriotas muertos", dijo el presidente, Juan Manuel Santos, desde una tarima en medio de un lodazal y frente a una pancarta blanca en la que se leía "Nuestra única arma la palabra: FARC EP".

"Hay días que marcan nuestra vidas (...) hoy es un día muy especial, el día que las armas se cambiaron por las palabras (...) puedo decir desde el fondo de mi corazón que por vivir este día por lograr este día, ha valido la pena ser presidente de Colombia", agregó tras señalar que el fin del conflicto es irreversible.

El grupo guerrillero, que a finales de la década de 1990 llegó a tener 17.000 combatientes y lanzó una ofensiva militar en varias regiones del país, a tal punto que Colombia fue considerado como un Estado fallido, buscará ahora desde la política el poder que no consiguió con las armas.

De acuerdo con fuentes de seguridad y del Gobierno, las FARC lograron una expansión militar financiadas con recursos del narcotráfico, el secuestro y la extorsión.

Pero el grupo rebelde que surgió en 1964 como un ejército campesino que reclamaba una reforma agraria y mejoras sociales, enfrentó una ofensiva militar sin presentes que se inició en el 2002, en el primer gobierno del expresidente Álvaro Uribe, que la obligó a replegarse y en la que murieron varios de sus comandantes.

"No le fallamos a Colombia, hoy dejamos las armas. Adiós a las armas, adiós a la guerra, bienvenida la paz", dijo el máximo dirigente del grupo rebelde, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko".

Santos, quien asumió la presidencia en el 2010, tuvo en sus comienzos una política de zanahoria y garrote con las FARC, con las que empezó en secreto contactos que permitieron establecer las bases de la negociación que se realizó en Cuba y que después de cuatro años culminó con el histórico acuerdo de paz que se firmó en noviembre del 2016.

Además del abandono de las armas, el acuerdo de paz incluye la entrega de tierras a campesinos pobres, desminado, lucha contra el narcotráfico e inversión social del Estado en educación, salud y carreteras para erradicar la pobreza, cuya implementación tardará al menos una década y que enfrenta la oposición de un amplio sector de la sociedad.

Pero para que haya una paz completa en Colombia, Santos -ganador del Premio Nobel de la Paz en el 2016- busca un acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) a través de una negociación que se realiza en Ecuador, mientras enfrenta militarmente a las bandas criminales conformadas por antiguos paramilitares de ultraderecha y que se dedican al narcotráfico.

(Reporte de Luis Jaime Acosta, editado por Gabriela Donoso)

Reuters