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Un miembro del servicio militar contraterrorista camina entre las ruinas de la mezquita Grand al-Nuri en la Ciudad Vieja de Mosul, en Irak, June 30, 2017. REUTERS/Alaa Al-Marjani

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Por Stephen Kalin

MOSUL, Irak (Reuters) - El minarete inclinado de la mezquita Grand al-Nuri de Mosul había sobrevivido a las conquistas de mongoles y otomanos, al abandono bajo el mandato de Saddam Hussein, a los ataques aéreos durante la guerra entre Irán e Irak y a la invasión estadounidense del 2003.

    Sin embargo, después de tres años del califato autoproclamado de Estado Islámico, ahora quedan poco más que un montón de piedras en el centro de una ciudad destrozada.

Según todas las fuentes, salvo el grupo islamista, los yihadistas volaron la mezquita y la torre de 850 años de antigüedad con explosivos la semana pasada, mientras las fuerzas iraquíes se acercaban al edificio.

    Una visita de Reuters al lugar el viernes, un día después de que el ejército iraquí anunciara su recuperación, confirmó la magnitud de la destrucción: el minarete Al Hadba, de 45 metros, se redujo apenas a un montículo mientras que la cúpula color verde menta era la única parte de la sala de oración que permanecía en pie.

    En julio de 2014, el líder de Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, pronunció un sermón bajo la cúpula de la mezquita en el que se presentaba como dirigente de un califato moderno que abarcaba territorios que el grupo escindido de Al Qaeda acababa de capturar en Irak y en la vecina Siria.

"Yo soy su líder, aunque no soy el mejor de ustedes", dijo, ataviado con turbante negro y túnicas que denotaban la afirmación de que desciende de la tribu del profeta Mahoma.

    En cuestión de meses, Estado Islámico estaba realizando e inspirando ataques en lugares tan lejanos como París, Londres y California. Rápidamente se formó una coalición militar internacional liderada por Estados Unidos para enfrentar al grupo.

    Tres años después, el púlpito desde donde hablaba Baghdadi se ha convertido en escombros. Los terrenos de la mezquita están cubiertos de piedra y hormigón, y un segmento de un minarete secundario es uno de los únicos objetos discernibles entre los cascotes. El riesgo de que haya municiones sin detonar o minas impidieron una inspección minuciosa del interior del lugar.

    Después de su discurso inaugural en 2014, Baghdadi descendió del púlpito para dirigir a sus seguidores en la adoración, de pie en un nicho de oración que ahora es apenas reconocible en medio de las ruinas. El proyecto de Baghdadi de resucitar el califato islámico que prácticamente desapareció con la caída del Imperio Otomano a inicio del siglo XX también se ha desmoronado.

El grupo todavía gobierna sobre un área que según algunas estimaciones equivale al tamaño de Bélgica. Pero los expertos dicen que sus pérdidas territoriales socavan su legitimidad y el atractivo para los posibles reclutas que durante tiempo acudieron desde países de todo el mundo.

La mezquita de Nuri recibió su nombre por Nuruddin al-Zanki, un noble que luchó contra los primeros cruzados desde un territorio que cubría parte de las actuales Turquía, Siria e Irak. Fue construida en 1172-73, poco antes de su muerte, y albergó una escuela islámica.

Ahora, entre los escombros, solo se ven añicos de sus diseños. La batalla de ocho meses contra Mosul también ha destruido viviendas e infraestructura básica en la ciudad y ha desplazado a casi un millón de residentes.

(Reporte de Stephen Kalin; traducido en la redacción de Madrid; Editado en español por Ana Laura Mitidieri)

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Reuters