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En la imagen, miembros del ejército iraquí­ durante una patrulla en Kerbala el 29 de junio de 2014. Las tropas iraquíes luchaban el lunes por expulsar a un grupo escindido de Al Qaeda de la ciudad de Tikrit, después de que su líder declarase un califato de un nuevo Estado islámico en un territorio capturado este mes entre Irak y Siria. REUTERS/Mushtaq Muhammed

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Por Oliver Holmes y Isra'a al-Rubei'i

BAGDAD (Reuters) - Las tropas iraquíes luchaban el lunes por expulsar a un grupo escindido de Al Qaeda de la ciudad de Tikrit, después de que su líder declarase un califato de un nuevo Estado islámico en un territorio capturado este mes entre Irak y Siria.

Alarmando a las potencias regionales y mundiales, el Estado Islámico en Irak y el Levante (ISIL) ha reivindicado la autoridad universal al abandonar el elemento local en su nombre.

Y dijo que Abu Bakr al-Baghdadi, como líder del grupo, era ahora califa del mundo musulmán, un título medieval cuya última aparición en la historia se remonta al sultán otomano depuesto hace 90 años tras la Primera Guerra Mundial.

"Él es el imán y califa para los musulmanes de todo el mundo", dijo el portavoz del grupo Abu Muhammad al-Adnani en un comunicado online el domingo, empleando títulos que conllevan poder civil y religioso. La declaración se produce al inicio del mes sagrado musulmán del Ramadán.

La medida, que sigue a una lucha de tres semanas para capturar territorio por parte de los combatientes de ISIL y aliados en la minoría suní de Irak, trata de eliminar las fronteras internacionales de las potencias coloniales y desafiar al Gobierno chií de Bagdad, respaldado por Estados Unidos e Irán.

También supone un desafío directo al liderazgo mundial de Al Qaeda, que lo repudia, y de los mandatarios conservadores suníes del golfo Pérsico que ya lo ven como una amenaza de seguridad.

El Gobierno iraquí ha pedido ayuda internacional y ha acusado a los vecinos suníes, sobre todo a Arabia Saudí, de haber reforzado la insurgencia islamista en Siria e Irak.

El portavoz del Ejército iraquí Qassim Atta dijo que declarar un califato podría salir mal y subrayó que el grupo de Baghdadi podría suponer una amenaza para otras naciones.

"Esta declaración es un mensaje por parte del Estado Islámico no sólo para Irak o Siria, sino para la región y el mundo. El mensaje es que el Estado Islámico se ha convertido en una amenaza para todos los países", dijo.

"Creo que todos los países, una vez que lean la declaración, cambiarán sus actitudes debido a que ordena a todo el mundo que sea leal", agregó.

Los combatientes del grupo tomaron la ciudad de Mosul el 10 de junio y han avanzado hacia Bagdad, provocando el envío de asesores militares estadounidenses. En Siria, ISIL ha capturado territorio en el norte y el este, junto con la frontera del desierto con Irak.

El Gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, con la ayuda de milicias chiíes, ha logrado detener a los insurgentes en su intento de alcanzar la capital, pero las fuerzas de seguridad no han podido recuperar las ciudades que abandonaron en los combates anteriores.

El Ejército intentó la semana pasada recuperar Tikrit, pero fue incapaz. Los helicópteros golpearon las posiciones de ISIL alrededor de la ciudad por la noche. En las afueras hacia el sur, el lunes se libraba una batalla, dijeron vecinos del lugar.

Tikrit es la ciudad natal de Saddam Hussein, cuyo derrocamiento por parte de Estados Unidos en 2003 acabó con un largo dominio de los suníes en lo que hoy es un país de mayoría chií.

PAPEL INTERNACIONAL

Los combates han empezado a atraer apoyo internacional para Bagdad, dos años y medio después de que las tropas estadounidenses se retirasen del país.

Armados y entrenados por Estados Unidos, los soldados iraquíes no lograron detener la ofensiva de ISIL y han pasado apuros para utilizar armas pesadas. Sólo dos aviones son capaces de disparar el potente misil Hellfire.

Estados Unidos opera aeronaves armadas y desarmadas en el espacio aéreo de Irak, pero dice que no han entrado en combate.

Rusia ha enviado sus primeros aviones de combate a Bagdad.

En Faluya, que los insurgentes controlan desde hace seis meses y está justo al oeste de Bagdad, un contador de banco que pidió el anonimato dijo que el anuncio del califato era "un paso atrás".

"Sólo volverá al Gobierno incluso más hostil contra nosotros", dijo. "Nos aislará más del resto del mundo", agregó.

ISIL se ha aliado con otros grupos menos radicales de suníes y con combatientes tribales descontentos con Maliki. Los miembros del partido de Saddam, Baaz, también lucharon en la revuelta.

(Reporte adicional de Sylvia Westall in Beirut, Stephen Kalin en El Cairo, William Maclean en Dubái y Tom Henegen en París. Traducido en la Redacción de Madrid. Editado por Lucila Sigal)

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