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El Papa Francisco celebra santa misa en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera de Medellín, Colombia, 9 de septiembre, 2017. REUTERS/Jaime Saldarriaga

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Por Philip Pullella y Julia Symmes Cobb

MEDELLÍN, Colombia (Reuters) - El Papa Francisco instó el sábado desde Colombia a pedir el perdón de Dios para los narcotraficantes, a los que llamó "sicarios de la droga" que han destruido con su negocio ilegal miles de vidas de jóvenes en todo el mundo.

En su penúltimo día de visita a Colombia, el Sumo Pontífice en un encuentro en la ciudad de Medellín invitó a un grupo de sacerdotes, monjas, seminaristas y novicias a pedir por la conversión de los involucrados en el narcotráfico para que se acabe ese flagelo que derrota a la juventud.

"Los jóvenes son naturalmente inquietos. Inquietud tantas veces engañada, destruida por los sicarios de la droga. Medellín me trae ese recuerdo. Me evoca tantas vidas jóvenes truncadas, descartadas, destruidas", dijo el Papa.

"Los invito a recordar, a acompañar este luctuoso cortejo, a pedir perdón para quienes destruyeron las ilusiones de tantos jóvenes. Pedirle al Señor que convierta sus corazones. A pedir que acabe esta derrota de la humanidad joven", agregó.

Medellín, la segunda ciudad más poblada de Colombia con unos 3,7 millones de habitantes, fue famosa por haber sido la sede del cartel que dirigió el narcotraficante Pablo Escobar, quien sembró sangre y terror en el país en su lucha contra el Estado.

El temido narcotraficante fue asesinado a tiros en la ciudad en una operación de la policía respaldada por Estados Unidos en 1993. Recientemente fue resucitado como personaje de la popular serie Narcos de Netflix.

Pero pese a los esfuerzos de los últimos gobiernos y al apoyo de Estados Unidos con recursos, Colombia continúa siendo uno de los mayores productores mundiales de cocaína, un negocio en el que están involucrados carteles de la droga, la guerrilla izquierdista y bandas criminales de exparamilitares de derecha.

En Colombia, como en muchos otros países de América Latina, se ha disparado el consumo de drogas entre la juventud.

VUELTA A LO ESENCIAL

Pero Medellín hoy es una ciudad muy distinta a la que visitó el Papa Juan Pablo II en 1986, cuando los enfrentamientos entre cárteles del narcotráfico, paramilitares y guerrilleros irrumpían en los barrios pobres. Entonces, el pontífice se conmovió por la violencia.

La ciudad, ahora anunciada como un modelo de desarrollo urbano, instaló teleféricos por las escarpadas montañas que la rodean para evitar a los residentes de la clase trabajadora una penosa escalada y construyó bibliotecas en barrios.

Al comienzo de la jornada en Medellín, la lluvia y las nubes le impidieron al Papa abordar un helicóptero desde el aeropuerto donde aterrizó para viajar al sitio de la misa, por lo que debió hacer el recorrido en automóvil retrasando su la agenda.

Cientos de personas salieron de sus casas a lo largo de la ruta de 43 kilómetros cuando se enteraron que Francisco viajaba por carretera.

"Gracias por su paciencia, por su perseverancia y por su coraje, por las horas que han pasado acá incluso bajo la lluvia, lamentablemente hubo un atraso significativo", le dijo a la multitud, excusándose por la demora.

    En una homilía a cientos de miles de personas en campos enlodados, Francisco invitó a los colombianos a ir a lo esencial, a renovarse e involucrarse más con la sociedad para promover el amor, la reconciliación y la paz.

LLAMADO A LA AUSTERIDAD

El líder de los 1.200 millones de católicos en el mundo promueve un mensaje de reconciliación en Colombia para superar la violencia, mientras la nación busca sanar las heridas de una guerra interna de más de 50 años que ha cobrado 220.000 vidas.

La nación de 49 millones de habitantes está divida entre quienes apoyan la reincorporación a la sociedad de los más de 7.000 excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que firmaron la paz con el gobierno y quienes la rechazan y exigen que paguen cárcel por sus crímenes y delitos.

Francisco también ha utilizado su viaje al país mayoritariamente católico para denunciar la desigualdad social que todavía afecta a Colombia, que sufre de extrema pobreza en algunas zonas rurales.

    El máximo jerarca de la Iglesia Católica pidió a los gobernantes leyes para enfrentar las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad social, que dice estimula la violencia.

En la tarde del sábado, visitó un albergue de niños desprotegidos y aseguró que la sociedad no puede permitir que se maltrate la niñez ni se le impida vivir con serenidad y alegría.

Y horas después en un encuentro con sacerdotes y monjas, exaltó su vocación de servicio y sacrificio pero los alertó para que no caigan en la tentación del dinero.

"El diablo entra por el bolsillo", dijo el Papa. "No podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales".

Francisco concluirá el domingo su visita a Colombia con un viaje a la caribeña ciudad de Cartagena.

(Reporte adicional de Nelson Bocanegra. Escrito por Luis Jaime Acosta. Editado por Pablo Garibian)

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Reuters