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El líder opositor venezolano Leopoldo López, al que le concedieron arresto domiciliario después de más de tres años en la cárcel, saluda a sus seguidores en Caracas, Venezuela, julio 8, 2017. REUTERS/Andres Martinez Casares

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Por Eyanir Chinea

CARACAS (Reuters) - Después de 40 meses de reclusión en una cárcel militar, el líder venezolano Leopoldo López volvió a darse un baño de pueblo el sábado al saludar desde el muro de su casa a una multitud de sus seguidores.

Aunque con más canas, ondeando una bandera de Venezuela y con el puño derecho en alto, López hizo recordar el 2014 cuando, ante una multitud que le imploraba que no lo hiciera, se entregó a las autoridades tras dar un discurso también encaramado, pero entonces sobre una estatua del prócer cubano José Martí.

López, el rostro más visible de la facción beligerante de la oposición venezolana, seguirá cumpliendo en su casa una condena de casi 14 años, acusado de encender una ola de protestas contra el gobierno socialista de Nicolás Maduro.

"Venezuela, esto es un paso hacia la libertad. No tengo resentimiento alguno y tampoco voluntad alguna de claudicar en mi lucha", dijo López en un comunicado leído el sábado por su equipo.

Proveniente de una acaudalada familia con tradición en la política, en el 2000 López saltó a la arena como un atractivo y joven dirigente cuando fundó junto al excandidato presidencial Henrique Capriles el partido Primero Justicia, donde también militó el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges.

Antes se había graduado de economista en Estados Unidos y cursó una maestría de Políticas Públicas en Harvard.

El mismo año en que fundó su primer partido, fue elegido como alcalde del opulento municipio caraqueño de Chacao, cargo que repitió por segunda oportunidad hasta el 2008.

En el 2009, enfrentado con Capriles y Borges y con miras a postularse como alcalde de Caracas, funda su propio partido, Voluntad Popular; pero tuvo que abandonar la carrera electoral por una inhabilitación para presentarse a cargos públicos.

Sin embargo, se perfiló como un posible contrincante del líder socialista Hugo Chávez, fallecido de cáncer en el 2013. Finalmente claudicó y apoyó a Capriles, quien perdió las votación de ese mismo año.

Pero nunca ha ocultado -ni desistido- de su intención de eventualmente convertirse en presidente de su país.

De hecho, su padre ha contado en varias entrevistas que, de niño, López jugaba a ser presidente de Venezuela colgándose una banda atravesada hecha a mano.

"Estamos orgullosos y honrados de que Leopoldo sea nuestro líder", dijo el sábado a las afueras de la casa de López, Freddy Guevara, líder de Voluntad Popular, poco antes de la aparición de su jefe emocionara a los presentes.

"El arresto domiciliario al menos nos permite tener su liderazgo y su conducción cerca de la lucha, y sus orientaciones más claras para continuar la conquista de la libertad", agregó Guevara, también vicepresidente de la Asamblea Nacional.

"EL QUE SE CANSA, PIERDE"

López está casado desde el 2007 con Lilian Tintori, una popular expresentadora de televisión y atleta que, tras el arresto de su esposo, se convirtió en su portavoz en varias giras internacionales, incluyendo el Vaticano y la Casa Blanca.

Fruto de ese matrimonio tienen dos hijos pequeños: Manuela, de siete años, y Leopoldo, de cuatro.

Si bien es considerado un héroe por muchos opositores, también es deplorado por los sectores más radicales del movimiento fundado por Chávez, quienes lo desdeñan por su entorno adinerado y lo responsabilizan por la muerte de unas 43 personas en las protestas antigubernamentales del 2014.

Muchas veces su carácter impulsivo y desafiante ha generado críticas entre los mismos opositores.

El Gobierno lo pinta como un peligroso rebelde y con frecuencia recuerda a los venezolanos su papel clave en el breve golpe de Estado del 2002 en contra Chávez, cuando incluso ayudó a arrestar a un ministro con una multitud.

Su gestión le valió varios reconocimientos, nacionales e internacionales, pero tras su mandato fue acusado de desviar recursos de la alcaldía y recibir una donación de la estatal PDVSA para su partido político en 1998, justo cuando su madre trabajaba en la petrolera, por lo que fue inhabilitado.

López se defendió de la inhabilitación alegando que era una medida del gobierno socialista para impedir su avance político, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos determinó en un fallo del 2011 que el Estado venezolano violó los derechos de López y ordenó que le permitieran postularse como candidato.

Chávez aseguraba que en Venezuela no había "presos políticos" sino "políticos presos" y su sucesor en el cargo bautizó a López como "el monstruo de Ramo Verde", haciendo referencia a la prisión militar donde estaba.

En septiembre del 2015, la justicia condenó a López a 13 años y nueve meses tras las rejas acusándolo de delitos como "incendio" y "daños a la propiedad pública", pero uno de los fiscales que llevó el caso huyó de Venezuela y dijo que había sido sometido a "inmensas presiones" para encerrarlo.

"Venezuela esto es un paso a la libertad, no tengo resentimiento alguno y tampoco voluntad alguna de claudicar", dijo López a través de un mensaje escrito el sábado, pidiendo a sus seguidores que mantengan las protestas que han sacudido las calles del país y dejado al menos 91 muertos en tres meses.

Luego repitió la frase que se ha convertido en el mantra de su partido y de la facción más aguerrida de la oposición: "El que se cansa, pierde y aquí nadie se cansa", dijo.

(Editado por Diego Oré y Pablo Garibian)

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Reuters