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Trabajadores transportan casillas electorales de cara a las elecciones presidenciales en Ecuador, feb 14, 2017. Los ecuatorianos votarán el domingo en unas elecciones presidenciales donde se debatirán entre la continuación de un modelo socialista, instaurado por el mandatario Rafael Correa hace una década, o un cambio de timón que busque revitalizar la economía y acallar las denuncias de corrupción. REUTERS/Mariana Bazo

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Por Alexandra Valencia

QUITO (Reuters) - Los ecuatorianos votarán el domingo en unas elecciones presidenciales donde se debatirán entre la continuación de un modelo socialista, instaurado por el mandatario Rafael Correa hace una década, o un cambio de timón que busque revitalizar la economía y acallar las denuncias de corrupción.

El candidato del oficialismo, Lenín Moreno, llega como el favorito, pero podría enfrentar un balotaje con el banquero Guillermo Lasso o, incluso, con Cynthia Viteri, diputada opositora que le pisa los talones.

Moreno, un administrador de 63 años, que padece paraplejia y se moviliza en silla de ruedas, ha liderado por varios meses las encuestas con un discurso conciliador y la promesa de mejorar la obra de Correa, aunque los sondeos pronostican que no lograría los votos necesarios para ganar en primera vuelta.

El deterioro de la economía, el aumento del desempleo y denuncias de corrupción que involucran a funcionarios cercanos al Gobierno han opacado el recorrido de Moreno hacia el Palacio de Carondelet, abriendo un espacio a la oposición que con ofertas de cambio han calado en parte del electorado.

Lasso, ex gerente del Banco de Guayaquil, ha logrado captar la atención de los ecuatorianos descontentos con las políticas actuales y ha prometido dejar atrás el modelo socialista para dar paso a uno liberal, que apunta a más empleo, menos gasto público y mayor inversión extranjera.

Sin embargo, ha tenido que compartir los votos con Viteri, abogada de 51 años que también ofrece cambios al modelo, que en el último tiempo ha sufrido un duro revés en países como Argentina y Brasil, tras un agotamiento que podría llegar a Ecuador.

"Este es un momento de transición: hay volatilidad, escepticismo, dudas de imaginar el después. Hay tensión entre las aspiraciones de cambio y continuidad", dijo a Reuters Paulina Recalde de la firma Perfiles de Opinión, que ubica a Moreno primero en las preferencias con un 35 por ciento de los votos.

El resto de los cinco candidatos, entre los que figura Abdalá Bucaram, ex futbolista e hijo del ex presidente homónimo y un militar retirado, héroe de guerra, tienen menos del 8 por ciento de las preferencias.

Para el domingo están habilitados para votar unos 12,8 millones de ecuatorianos. Si ningún candidato obtiene la mayoría absoluta de los votos o, al menos, el 40 por ciento con una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre su más cercano perseguidor, se celebrará una segunda vuelta el 2 de abril.

El nuevo mandatario asumirá el cargo el 24 de mayo por un periodo de cuatro años.

DUROS RETOS

Si bien Moreno, quien fue vicepresidente entre el 2007 y 2013, ha dicho que buscará la continuidad del proyecto político y aumentará la ayuda social, tiene entre sus planes cambiar el estilo de confrontación que caracterizó la gestión de Correa para abrirse al diálogo y al consenso.

Pero su mayor desafío estará en fiscalizar a funcionarios públicos envueltos en una red de corrupción al interior de la estatal Petroecuador y en una cadena de sobornos con la brasileña Odebrecht que salpica a varios países, lo que ha empañado la despedida de Correa del poder.

"Vamos a hacer una cirugía mayor a la corrupción, he pedido la ayuda de Naciones Unidas para ello (...) sanción sí, cárcel sí, a todos los corruptos, a los de ayer y a los de ahora", dijo Moreno en un reciente debate con los otros candidatos.

Por su parte, Lasso, quien postula por segunda vez a la presidencia, ha seducido a sus seguidores con la oferta de crear fuentes de trabajo -otra de las deudas pendientes que, según analistas, deja Correa- el cierre de entidades públicas y la venta de activos innecesarios, así como una reforma a la Constitución del 2008 y un fuerte proceso de fiscalización de la obra de Correa.

Pero ha tenido que lidiar con su pasado político, que lo vincula con el gobierno de Jamil Mahuad, quien fue responsable de la dolarización posterior a la crisis financiera de 1999, lo que ha creado cierta resistencia entre la clase media que aún recuerda esa época marcada por el desempleo y la inflación.

"Es una buena opción para cambiar el modelo, del que ya estamos cansados; pero es un banquero, que participó en la dolarización y eso me tiene algo temeroso", dijo Hernán Pullas, un empleado privado de 64 años que vive en Quito.

Las elecciones del domingo definirán también la conformación de la Asamblea Nacional que tendría una mayor presencia de partidos de oposición sin una fuerza mayoritaria, lo que, según analistas, complicaría los planes del próximo presidente para continuar o cambiar la estructura levantada por el oficialismo.

(Reporte de Alexandra Valencia, Editado por Diego Oré y Juana Casas)

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