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Un detenido de ICE descansa sus manos en la ventana de su celda en el ala de segregación en el centro de detención de inmigración de Adelanto, administrado por Geo Group Inc , en Adelanto, California, Estados Unidos, el 13 de abril de 2017. Roberto Galán, de 33 años, pagó 3.000 dólares a un traficante para que lo introdujera en Estados Unidos desde El Salvador por vez primera cuando era un adolescente en 1997. Desde entonces, ha sido deportado dos veces y ha regresado. REUTERS/Lucy Nicholson

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Por Lucy Nicholson

ADELANTO, EEUU, 1 mayo (Reuters) - Roberto Galán, de 33 años, pagó 3.000 dólares a un traficante para que lo introdujera en Estados Unidos desde El Salvador por vez primera cuando era un adolescente en 1997. Desde entonces, ha sido deportado dos veces y ha regresado.

Ahora está sometido de nuevo al proceso de deportación y está retenido en la Instalación de Detención de Adelanto, cerca de San Bernardino, California, junto a más de 1.800 inmigrantes, tras ser arrestado por agentes de Inmigración y Fronteras.

Galán, que tiene condenas en California por vender marihuana y posesión de un arma de fuego, viste ropa roja en Adelanto, lo que muestra que es un detenido de "alto riesgo", por haber cometido un delito grave y haber estado preso en una cárcel estatal o federal. Otros visten de azul -si carecen de condenas criminales o cometieron faltas muy menores- o naranja -si fueron autores de un delito no tan grave.

"No quiero que me deporten (...) Quiero quedarme en Estados Unidos con mi familia", dijo Galán en el centro en que está bajo custodia desde hace 20 meses. Su madre, su esposa y sus dos hijos pequeños viven de forma legal en Estados Unidos. "Se sienten mal porque queremos vivir juntos", agregó.

Galán espera que este mes se decida su última apelación. "Veo a gente que quiere quedarse aquí y pelea su caso durante dos, tres, cuatro años, más de cuatro años, y después se les niega todo", comentó en relación al centro, la mayor instalación de detención de inmigrantes del estado.

En el lugar -gestionado por la firma Geo Group Inc de Florida- podía verse a algunos detenidos hablando mientras comían arroz y frijoles, mientras otros estaban sentados en silencio. Dos hombres compartían sus auriculares para ver la televisión y algunos jugaban al dominó.

Unos 240 de los detenidos en Adelanto son mujeres. En un dormitorio, una leía una novela recostada en su cama, mientras otra doblaba ropa. Dos de las internas leían reportes sobre una huelga de hambre en un centro migratorio en Tacoma, Washington, a unos 1.600 kilómetros al norte.

Los detenidos de Adelanto tienen acceso a una biblioteca, una clínica, servicios religiosos y una zona recreativa en la que pueden jugar al fútbol y al baloncesto. También hay seis salas en las que jueces federales de inmigración realizan las audiencias para las deportaciones en persona o a través de un enlace por video.

(Escrito por Daniel Wallis; editado en español por Carlos Serrano)

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