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Ritmos calientes invaden la metrópoli financiera suiza

Caliente 2000: espectáculo de capoeira, danza-lucha afrobrasileña creada por los esclavos en la época de la colonización. (www.caliente.ch)

Este fin de semana Zúrich celebra por séptima vez el festival 'Caliente', el magno evento de la música caribeña-tropical no solamente de Suiza, sino de toda Europa central. Pero 'Caliente' es más que música y espectáculo.

El festival demuestra que Suiza es más 'afro' de lo que parece. Decenas de miles de personas escuchan y gozan una vez más los ritmos y bailes calientes en diferentes plazas y salas de conciertos de Zúrich.

Bandas musicales y grupos de danza de España, Cuba, Chile, Brasil y de Trinidad y Tobago confluyen en un festival afrolatino con algunos toques ibéricos.

Los iniciadores del festival crearon el primer espectáculo de esta índole en 1995 con la idea de visualizar el cambio de la estructura étnica que experimenta Suiza desde el principio de los años ochenta.

No existen estadísticas sobre el número de personas de origen africano que residen en Suiza o se han nacionalizado en este país. Y es que las que clasifican a las personas por su color de piel se consideran racistas y, por lo tanto, no son políticamente correctas.

Según las estimaciones de la Oficina Federal de Censo, Suiza contaba hace veinte años con unos 30.000 residentes que se consideraban no blancos. Hoy la cifra se ha quintuplicado.

De estas 150.000 personas, dos tercios viven en la región de Ginebra, la ciudad más internacional de Suiza, donde tienen sede muchos organismos internacionales, entre ellos varias agencias de la ONU.

El Festival 'Caliente'es un espejo de la sociedad suiza en transformación. Comúnmente se cree que gran parte de la gente de otras razas que se establece en Suiza ejerce oficios no decorosos o llega a este país como consecuencia de un proceso de asilo político.

La realidad es diferente. Muchas de las personas de origen africano que residen en Suiza nacieron en este país. Solamente una cuarta parte de este segmento de la población obtuvo la regularización de su situación a través de una solicitud de asilo.

Los clichés sobre los ciudadanos suizos de origen africano abundan. "Mientras una mujer o un hombre africano no tiene identidad, se le llama negro", señala Kelechi Mennel, etnóloga que vive y trabaja en Suiza. La obtención de un pasaporte helvético no acaba ni con los prejuicios ni con los sentimientos de racismo que existen.

La composición étnica de Suiza ha cambiado; una realidad de la que uno se puede percatar no sólo en el Festival 'Caliente' de Zúrich.

Casi no hay un club helvético de fútbol de primera división que no haya contratado a jugadores de origen africano. Y algunos futbolistas negros de la selección llevan su camisa con el emblema helvético con el mismo orgullo que los demás jugadores.

Arraigada en la tradicional neutralidad y relativo aislamiento que caracterizan su política exterior, Suiza genera sus propias contradicciones.

El país no es miembro de la Unión Europea ni forma parte integral de la ONU y, sin embargo, es el anfitrión del mayor festival del sentir afro-latino-ibérico del centro de Europa. Y eso no es todo.

En marzo pasado, los organizadores del Festival 'Caliente' presentaron su evento en La Habana. Más de 100.000 personas participaron en el espectáculo de música, baile y conga.

Según un chiste cubano, el festival en La Habana era perfecto: los cocineros eran franceses, de las muchachas se ocuparon los cubanos y la organización del festival estuvo en manos de los suizos. ¡Azúcar!

Erwin Dettling, Zúrich


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