“Hemos vivido con el freno de mano puesto”

© Thomas Kern/swissinfo.ch

Intentaron tener hijos durante diez años, sin contar a nadie este deseo incumplido. Hoy en día, son padres de dos niñas gemelas y quieren ayudar a romper el tabú.

Este contenido fue publicado el 09 junio 2020 - 11:00
Alexandra Kohler

Serie: Ser padres en Suiza 

¿Qué significa asumir la responsabilidad de tener hijos?  ¿Qué dificultades tiene ser padre o madre en Suiza? ¿Y qué pasa si el deseo de tener hijos no se cumple?

En nuestra serie abordaremos diferentes facetas de ser padres.

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“¿Cuándo vais a tener hijos?”, “¿No tenéis niños?”, “¡A nosotros nos funcionó enseguida!”. Janaina y Mike Rothenbühler han escuchado muy a menudo estas palabras. Aunque bienintencionadas siempre, para ellos eran un infierno. Esta pareja, de 38 y 49 años actualmente y residentes en Argovia, ha intentado tener hijos durante casi 10 años. Y no son los únicos: en torno al 10% de las parejas suizas que desean tener hijos no lo consigue.         

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Han pasado juntos por pruebas muy diversas: tratamientos hormonales, inseminación artificial y abortos espontáneos. Ahora tienen gemelas. Pero Aimara e Inaiê, nacidas en la semana 28 de gestación, fueron bebés prematuras. Ahora están bien. ¿Final feliz? No es tan simple. Janaina y Mike cuentan cómo vivieron todo este proceso.

Janaina: Nos conocimos en 2006 y de inmediato nos sentimos inmensamente felices juntos. Todo iba bien y rápidamente abordé el tema de los niños. Siempre he querido tener hijos.     

Mike: Para mí no era tan importante, porque ya tengo un hijo de una relación anterior. Pensé que ambos caminos eran correctos, así que lo intentamos.

Janaina: Cuando, después de un año, todavía no me había quedado embarazada, hicimos algunos exámenes para comprobar mi estado hormonal y el esperma de Mike. Según los resultados, ambos éramos fértiles. No había razón para que no funcionara. Hubiera preferido que los médicos me hubieran dicho "hay esto o lo otro en ti que no va bien, pero lo podemos arreglar".   

Mike: Y en nuestro entorno todas se estaban quedando embarazadas. Era grave.

Janaina: Sí, y además sus consejos: "Solo tienes que relajarte, no te pongas tensa, no pienses demasiado en ello". Todo el mundo me decía esto, pero no era tan fácil.

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Dos años después de decidir tener un hijo, Janaina y Mike reciben ayuda médica. Realizan varias inseminaciones artificiales, en las que el esperma se inyecta directamente en el útero. Pero Janaina no se queda embarazada.

Mike: Tenía que entregar el esperma en el hospital de manera regular. Tenía que atravesar un pasillo largo con mi botellita en la mano y responder siempre a las mismas preguntas: "¿Cuánto tiempo ha pasado, Sr. Rothenbühler?". Fue muy doloroso para mí, un poco como ir al matadero.  

Janaina: Te entendía, pero desde mi punto de vista, no fue tan malo. Yo pasé por cosas bastante peores.  

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Pero Janaina no se queda embarazada todavía. Está desesperada. Mike, también. Empiezan a discutir. Para ambos es una tortura no saber por qué no funciona. La Navidad, un infierno: bebés y niños por todas partes. La familia no sabe que Janaina y Mike llevan años intentado tener un hijo.  

Janaina: No quería compasión. Era un asunto privado. La mayoría de la gente no entiende por lo que estás pasando. Durante mucho tiempo sentí que vivíamos la vida con el freno de mano puesto. Porque siempre piensas que tal vez lo logres ese mes. Hemos renunciado, por ejemplo, a las vacaciones, o a otras cosas.  

Mike: ¡Y la presión que me pusiste! El sexo era solo según el calendario, y solo para quedarte embarazada... Hemos pasado por algunas crisis de pareja. Pero hemos seguido juntos.

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Después de cuatro años, los médicos sugieren otra vía: la fecundación in vitro con la reimplantación del óvulo fecundado. Janaina está abierta a la idea, pero Mike, al principio, no la acepta.

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Mike: ¿Que mi hijo tenga que ser concebido en una probeta? Yo era escéptico. Pero cuanto más entendí que la mayor parte la iba a hacer la naturaleza, más podía imaginarlo. Me convenció un médico de una clínica nueva en Olten.

Janaina: Al principio teníamos que ir al médico a menudo, pero mereció la pena. Luego vino la primera prueba: ¡Estaba embarazada! Estábamos tan felices. Pero las esperanzas se desvanecieron pronto, porque poco después aborté. A ello le siguió un período difícil. Lloré mucho y pensé: “Puede que nunca tenga un hijo”. Mike, en ese momento, fuiste como mi roca en la tormenta, y estaba feliz por ello.    

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La pareja Rothenbühler no piensa en rendirse. Y lo intentan otra vez: tratamiento hormonal, recuperación de óvulos, fecundación, reimplantación. Una nueva esperanza de que funcione. Y, cuando los óvulos fecundados no llegan a implantarse, otra desilusión más. Una nueva etapa de su vida con el freno puesto. Janaina está en torno a los cuarenta y teme el día en que no le queden suficientes óvulos.

Janaina: El deseo de tener hijos, los abortos, eso fue demasiado. Nadie me había preparado para vivirlo.

Mike: Y luego estaba mi edad. Siempre había dicho que no tendría más hijos después de los cincuenta. Si hubiera dependido de mí, podríamos haber vivido sin hijos.

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Pero la pareja lo intenta una vez más: tratamiento hormonal, toma de muestras, fecundación. De los diez óvulos fecundados, se pueden utilizar cuatro. Una nueva esperanza. Y esta vez la implantación tiene éxito: Janaina está esperando gemelas. ¡Por fin! Después de diez años.

Mike: Mi esposa había imaginado durante tanto tiempo lo maravilloso que sería estar embarazada. Y de repente, algo no iba bien.

Janaina: Estaba cansada, me sentía mal, no podía soportar nada. Durante mucho tiempo no llegué a creer que realmente estuviera embarazada. Tenía miedo de perder de nuevo a los bebés. Luego fue la conmoción: tuve una gestosis en la semana 28 del embarazo. Acabé en Urgencias.   

Mike: Le realizaron una cesárea de urgencia. Las niñas pesaron 750 gramos y 1,1 kilos al nacer. Eran diminutas, más pequeñas que un kilo de harina. Con sus ojos negros, parecían extraterrestres, daban miedo.  

Janaina: Pero al menos pudiste verlas. Yo tuve que esperar un día antes de poder verlas y tocarlas.

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Janaina y Mike pudieron llevar a sus hijas a casa más tarde. Primero a una. Después a la otra. Con sus dos gemelas, son cuatro, al fin.

Janaina: El día a día es bastante más estresante de lo que mucha gente imagina. Aunque es maravilloso, llego a mis límites a menudo. Ir a la piscina sola con dos niñas de un año no parece posible. Ahora, poco a poco, se está haciendo más fácil.

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Janaina quiere compartir su experiencia de estos años con mujeres y hombres que ansían tener hijos. Ha participado en distintos talleres y ha realizado formación para asesorar en torno al deseo de tener hijos.

Janaina: Lo que más me ha apoyado es intercambiar ideas, en blogs y foros, con mujeres en mi misma situación. Ahora yo también quiero ayudar. Además, me gustaría ayudar a romper el tabú en torno al tema de querer tener hijos. No se habla lo suficiente de lo que puede ocurrir cuando este deseo no se cumple. En términos de costos y sentimientos. 

Mike: Sí, ahora sabemos mucho más que al principio. Hay cosas que, de haberlas sabido, habríamos hecho de manera diferente. Habríamos comenzado antes la inseminación artificial, por ejemplo.

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Después de una larga espera y mucho sufrimiento, ahora los Rothenbühler tienen dos hijas sanas. Y el centro de fertilidad de Olten todavía guarda en el congelador un óvulo fecundado. ¿En caso de que quieran intentarlo de nuevo? 

Janaina: Por un lado, la idea de “matarlo” es terrible. Me encantaría quedarme embarazada otra vez y disfrutarlo. Pero, ¿intentarlo de nuevo? Siento que nuestra familia ahora está completa. Si nos atenemos a la razón estricta, tenemos que decir que no. 

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