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Shnit El festival suizo de cortometrajes que devino mundial



La Iglesia del Espíritu Santo es uno de los escenarios del festival en Berna.

La Iglesia del Espíritu Santo es uno de los escenarios del festival en Berna.

(shnit.ch)

Desde su inicio hace 13 años en Berna, el festival de cortometraje shnit ha crecido de manera considerable. Ahora es un evento respetado que se realiza al mismo tiempo en ocho ciudades de todo el mundo y cuyo desafío es lograr que sus producciones lleguen a diversas audiencias alrededor del planeta.

“¿Veremos 30 segundos más?” Un hombre, enfundado en una camiseta rayada de árbitro, inquiere desde el micrófono de una sala pletórica la noche de apertura del shnitEnlace externo en Berna. Su pregunta genera una mezcla de abucheos y aplausos. “Tenemos 50-50: Seguimos!”, agrega en tono triunfante. Un bailarín cruza el escenario mientras la película recomienza y una música repetitiva emana de los altavoces.

Pero unos segundos más tarde aumenta la rechifla y se suspende la proyección.  Esto es lo que sucede durante una velada crítica de cine, uno de los eventos que pretende reunir las formas de ver e interactuar con las películas.

“Usted muestra un par de cortometrajes y el público grita para que continúen o sean retiradas. Algunas de las películas no llegan al final”, explica a swissinfo.ch el cineasta Olivier Beguin, ganador de una velada semejante en 2014 y ahora miembro del jurado. “¡El año pasado logré 14 minutos, hasta el final. Estuvo bien!”

Convocada al frente de la escena, Anina Zimmerli, estudiante de 23 años de la Universidad de Friburgo, es presentada a la audiencia antes de la proyección de su cortometraje, Marilyn Monroe. Al minuto del inicio empieza el borlote, pero después de un breve enfrentamiento entre por y contras, logra que se concluyan sus tres minutos.

“Yo estaba un poco sorprendida de que la gente gritara, pero es comprensible porque mi película no es profesional, la hice más bien por diversión”, precisa Zimmerli.

‘Escenarios’

La velada crítica de cine es solamente una parte del programa de cinco días. El festival tiene diversas secciones incluidas las de cine animación, documental, temas específicos y la competencia principal, donde más de 60 cortometrajes de 20 países son evaluados por un jurado internacional.

Neto VillalobosEnlace externo, de Costa Rica, es uno de los miembros del jurado que se ocupa de las películas de menos de diez minutos. Dice que no trata de buscar algo en particular, además de la competencia técnica, pero que tampoco le complace ver meras “fórmulas”. “Solamente espero sentir algo... puede ser humor o que me afecte de manera negativa, pero si usted no siente nada creo que se está perdiendo algo”.

Uno de los aspectos exclusivos de shnit es que tiene lugar durante el mismo período de 12 días en ocho ciudades, en los denominados ‘playgroundsEnlace externo’ (campos de juego). En San José, Costa Rica, shnit comenzó hace cinco años.

El festival muestra las mismas películas que la principal competición en Berna, además de una sección ‘Made in Costa Rica’. Villalobos no cree que las diferencias culturales limiten el disfrute de las diferentes audiencias.

“Se puede narrar una historia muy específica, pero al final deben transmitirse sentimientos humanos... puede haber diferencias culturales, pero en última instancia, todos somos seres humanos y todos sentimos felicidad o tristeza”.

Sabores nacionales

En Moscú, shnit se celebra por segunda vez. “Una revolución se produce alrededor de los cortometrajes”, dice Anna GudkovaEnlace externo, miembro del jurado nacional, a swissinfo.ch. Es uno de los jueces de las películas de fabricación rusa y ha advertido un cambio en el nivel de la producción de los cortometrajes en los últimos años.

“La diferencia es ahora más pequeña, porque fue enorme. Durante muchos años, a lo largo del régimen soviético, tuvimos una educación más teórica (en las escuelas de cine). Ahora realmente hay un cambio puesto que no se necesita tanto dinero o equipo para hacer la película que se quiere”.

Sin embargo, considera que las áreas, los temas y la variedad de personajes de las películas europeas son todavía más amplios. “Veo más personas ‘reales’ en las producciones europeas que en las rusas”.

Cada ciudad sede tiene su propio sabor nacional y su historia, pero shnit espera probar que no se requiere un gran presupuesto para lograr un atractivo internacional.

'Playgrounds'

El festival se celebrar en ocho ciudades anfitrionas conocidas como “campos de juego”: Berna, Suiza; Bangkok, Tailandia; Buenos Aires, Argentina; El Cairo, Egipto; Ciudad del Cabo, Sudáfrica; Hong Kong; Moscú, Rusia y San José, Costa Rica.

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Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

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