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"¿Cómo llegamos al universo?"

Robert Aymar a 100 metros bajo tierra, en el túnel del LHC.

(Keystone Archive)

Las respuestas que busca el LHC, el nuevo acelerador del CERN, tienen que ver con la creación de la materia, un "primer principio de nuestra existencia".

Son nada menos que esenciales, recordó en el Club Suizo de la Prensa, Robert Aymar, director general de la institución.

¿Saber lo que pasó algunas fracciones de segundo después del Big Bang, de qué está hecha la materia negra o si el bosón de Higgs existe fuera del papel, va de verdad a cambiar mi vida?

"La humanidad siempre ha pretendido comprender su medio ambiente", replica Robert Aymar, invitado del Club Suizo de Prensa (27.05) en Ginebra.

"Las preguntas más esenciales, son cómo se creó el universo, cuál ha sido su evolución, cómo llegamos a este universo, o cómo la materia viva se creó a partir de la materia inerte...", añade al director general del CERN.

Es difícil no estar de acuerdo: estas preguntas son esenciales y deberían interesar a todo el mundo.

Como a principios de los tiempos

Para intentar responder, el CERN puede contar desde hace más de medio siglo con los talentos de una buena mitad de la comunidad mundial de los físicos especializados en las partículas y con máquinas que no existen en ninguna otra parte.

La más reciente, el LHC, o gran colisionador de hadrones, que en las próximas semanas aumentará su potencia. De manera contraria a su antecesor, el LEP, que enviaba los electrones unos contra otros, la nueva máquina hará entrar en colisión haces de protones, claramente más pesados y más energéticos.

"Estas colisiones crean condiciones de energía vecinas a las que existían en el momento de la creación del mundo", explica Robert Aymar. Generan partículas del mismo tipo que las que nacieron con el Big Bang, y cuyo estudio permite comprender mejor lo que pudo suceder al principio de los tiempos, hace trece mil millones y medio de años.

Higgs, ¿estás ahí?

En esa época, si se cree en la teoría generalmente admitida, las partículas no tenían masa. Y al enfriarse sería cuando el universo primordial habría creado un campo de fuerza, nombrado 'campo de Higgs'. Por razones prácticas, la historia sólo retuvo el nombre del primero de los tres científicos que postularon su existencia: Peter Higgs, Robert Brout y François Englert.

La partícula asociada a este campo, el bosón de Higgs sería la que proporciona su masa a las otros, según un proceso que el físico británico, hoy casi octogenario, explica de la siguiente manera:

Imaginemos una artista cualquiera que ingresa en una sala llena de fans. La primera es el bosón, los otros son el campo de Higgs. Cuando la estrella atraviesa la pieza, la gente se aglutina en torno de ella y frenan su progresión. Le dan así una inercia, y en consecuencia, una masa.

En la práctica, el seguimiento de bosón se vuelve terriblemente difícil por el hecho de que nadie conoce su propia masa. Debemos explorar de manera sistemática la gama de las masas en la cual supuestamente se encuentra. Y es principalmente para eso que se construyó el LHC.

Podría ser que no se encuentre nada, simplemente porque el bosón de Higgs no existe. En ese caso, la teoría se desploma y los físicos deberán elaborar una nueva con el fin de explicar porqué las partículas tienen una masa... teoría que será necesario demostrar luego con experimentación.

Lengua universal

Para solucionar problemas de semejante complejidad, se entiende que el CERN movilice a la élite mundial de los físicos. Sin consideración de nacionalidad.

"El talento humano no tiene fronteras", recuerda Robert Aymar, rindiendo homenaje a los "visionarios que crearon el CERN al término de la Segunda Guerra Mundial y que supieron desde el principio hacer un instrumento de unificación de Europa, donde los enemigos de ayer trabajan juntos".

Rápidamente, esta colaboración europea, "usando la lengua universal que es la lengua científica", se volvió planetaria. Durante toda la Guerra Fría, estadounidenses y soviéticos se codean e intercambian sus resultados. Y hoy, se verán fácilmente indios y paquistaníes o árabes e israelíes trabajar juntos.

¿A la obtención de un nuevo Premio Nobel? ¡"Imposible! , responde Robert Aymar. El Nobel no puede ser asignado sino a tres físicos al máximo, mientras que desde los principios de su concepción, hace 20 años, el LHC empleó a más de 9000".

¿Una broma? Ciertamente, pero que destaca hasta qué punto los grandes descubrimientos sólo pueden ser hoy el fruto de un trabajo en equipo.

swissinfo, Marc-André Miserez
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

SUAVE DESPEGUE

"No hay un botón a pulsar para poner en marcha el LHC", explica Robert Aymar, para ilustrar el lento proceso de arranque de la máquina.

Actualmente, los siete octavos del anillo gigante de 27 kilómetros fueron enfriados a una temperatura 271 grados, necesaria para el funcionamiento de los imanes que aceleran las partículas. Queda una última sección por enfriar, lo que tardará algunas semanas.

Los primeros haces de protones deberían comenzar a circular en los tubos desde principios del mes de julio. La potenciación será progresiva, debido a indispensables pruebas de seguridad, y la primera colisión "útil" para los investigadores tendrá lugar en el transcurso del verano.

Pero sería verdaderamente milagroso que ésta revele de súbito el bosón de Higgs. "Se acumularán medidas durante dos años y su interpretación requerirá mucho tiempo", destaca el dirigente del CERN.

Los Jefes de Estado y de Gobierno de los países que participaron en la aventura no esperarán hasta entonces: fueron invitados a la inauguración oficial del LHC el 21 de octubre de 2008.

Fin del recuadro


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