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Una niña boliviana se lava las manos en una fuente en una zona rural cercana a La Paz.

Una niña boliviana se lava las manos en una fuente en una zona rural cercana a La Paz.

(Keystone)

“Derecho humano al agua y sustentabilidad de los recursos hídricos. La experiencia boliviana” fué el título de la conferencia sobre ecología y medio ambiente organizada por la SCILA (Sociedad cultural Ibero Latinoamericana).

En la cita de Lugano, se presentó a modo de ejemplo, la iniciativa boliviana de 'InterAgire', Asociación suiza de voluntariado internacional.

La profesora Costanza Devoto, socióloga suizo-argentina y miembro de la SCILA, junto con dos integrantes de la ONG suiza 'InterAgire' (Asociación Suiza de Voluntariado Nacional), el geólogo tesinés Giacomo Ghielmi y el ingeniero boliviano Gonzalo Moncada se encargaron de ilustrar al atento público el complejo problema del derecho al usufructo del agua como sinónimo de derecho a la vida.

Analizaron el caso particular de América Latina y de Bolivia, con base en el ejemplo de una iniciativa en el país andino apoyada por 'InterAgire'.

La situación en el mundo actual

Los recursos hídricos del planeta están disminuyendo mientras que la población mundial aumenta en manera desproporcianada, ¿qué hacer?: se necesitan nuevas inversiones públicas y privadas, modernas infraestructuras; hay que aplicar nuevas tecnologías y capacidades técnicas, pero, sobre todo, ocurre tomar conciencia de la gravedad del problema.

Ya Bolivia había propuesto en el 2006, durante el IV Fórum del Agua de la Ciudad de México, de definir el acceso a los recursos hídricos como un “derecho humano”, un “derecho fundamental”, había añadido la Unión Europea en esa ocasión.

Hubo que esperar la resolución de la ONU del 29 julio 2010 para ver declarado, por primera vez en la historia, el derecho al agua como derecho humano universal y fundamental, es decir, una extensión del derecho a la vida.

En esa misma declaración se subrayó la prioridad que debe ser dada al uso personal y doméstico del llamado “oro azul” respecto a su uso industrial o de cualquier otra índole. Un agua que debe ser de buena calidad, accesible económicamente a todos y localizada a distancia razonable.

Consecuencias de la escasez de agua

El crecimiento de las actividades humanas, consecuencia de modelos de desarrollo no sustentables, ha determinado la escasez de los recursos naturales en general, pero el caso del agua es una tragedia: por falta de este líquido vital murieron, durante el solo año 2000, dos millones doscientas mil personas (en su mayoría niños); en el 2004, la organización humanitaria británica 'Water Aid' calculó la muerte de un niño cada quince segundos debida a enfermedades causadas por la escasez de agua potable; las proyecciones de la UNESCO preveen que durante los próximos 20 años la cantidad de agua disponible por habitante disminuirá un 30%.

Esto explica por qué el agua es un recurso estratégico para muchos países, al punto que Ismail Serageldini, vicepresidente del Banco Mundial declaraba, ya en el lejano 1995, que “si las guerras del Siglo XX se han combatido por el petróleo, las del siglo XXI tendrán como objeto de contienda el agua”.

La responsabilidad que en ello han tenido los gobiernos es evidente: no se han hecho las necesarias inversiones, ni llevado a cabo las indispensables obras de manutención (por ejemplo, para impedir las inmensas pérdidas de agua en los acueductos), además, las sociedades privadas se han adjudicado la gestión de los recursos hídricos y han aumentado las tarifas de la venta del agua a niveles que pocos usuarios pueden mantener.

¿Y en América Latina?

 

La socióloga Costanza Devoto afirmó en la conferencia de Lugano que “un modelo económico donde el primer deber del ciudadano es el de consumir (porque de otra manera el sistema se desmorona), lleva irremediablemente a la explotación desmedida de los recursos”.

Si no se da al ecosistema el tiempo de renovarse, si se vive a crédito, se destruye irreversiblemente el planeta, que  no será ya capaz de producir “oro azul” suficiente para todos.

En Latinoamérica, además de la explotación desconsiderada de los recursos hídricos (70% para la agricultura, 20% para la industria), se está causando una reducción de la velocidad del renuevo hídrico, debido a las actividades minerarias (Perú, Ecuador, Bolivia y Brasil),  a la construcción de presas (Patagonia chilena), o de hidrovías (como la del Paraná, en Bolivia).

'El pantanal', la mayor zona húmeda contigua del mundo se está disecando...en fin, que ocurren fuerzas y objetivos de los gobiernos y de las organizaciones ambientales internacionales para hacer frente a esta emergencia.

La experiencia boliviana

En el año 2000, las comunidades indígenas de Cochabamba, en Bolivia, expulsaron a una empresa transnacional francesa que intentaba una gestión privada de las aguas públicas, pues se trataba de una práctica en contradicción con los usos y costumbres indígenas (que son comunitarios).

Después de la explusión se actuó una nueva ley de irrigación que protegía a las comunidades y, gracias al nuevo presidente, el indígena Evo Morales, se permitieron nuevas (aunque en realidad antiquísimas) formas de organización social y de uso comunitario de los recursos.

En el 2009 vio la luz la nueva Constitución boliviana, la cual garantiza, entre otras cosas, el derecho humano al agua, la protección del medio ambiente, la competencia exclusiva del poder central del Estado (y no de las empresas privadas), y la acción popular como mecanismo jurídico.

Agua sustentable

Una de las consecuencias negativas de la expulsión de las transnacionales fué la desorganización del abastecimiento de los recursos hídricos, que resultó insuficiente en las periferias. Al tomar conciencia de este problema, algunos voluntarios bolivianos han fundado la ONG 'Agua Sustentable' para buscar solucions para todos los usuarios.

'InterAgire' (voluntarios suizos que trabajan en América Latina) ha colaborado en algunas ocasiones con 'Agua sustentable' en su rol de soporte para la gestión sostenible que apoye  las organizaciones comunitarias.

Se procede con un diagnóstico participativo en donde las soluciones se buscan juntos, uniendo los esfuerzos de los voluntarios a los de los comunitarios, y aplicando nuevas tecnologías.

También se estudian las emergencias existentes, por ejemplo, la disminución de los nevados en las cordilleras (como el Illimani boliviano), o el empobrecimiento de las cuencas de los ríos (como la del río Pilcomayo, debido a la actividad minera).

A Cochabamba me voy

El geólogo del Tesino, Giacomo

Ghielmi  lleva a cabo  un programa en Cochabamba, ciudad que ha crecido en poco tiempo y que cuenta ahora con más de 1 millón 200 mil habitantes; su periferia no goza de servicios hídricos, y los pozos de las casas particulares, que hasta ahora habían suplido a la falta de distribución de agua por parte de la municipalidad, se están agotando o se están contaminando.

La poca agua que se distribuye en la periferia cuesta cinco veces más que en el centro de la ciudad.

La acción de ‘InterAgire’ consiste en impedir que dichos pozos sean contaminados por los botaderos de basura que surgen aquí y allá de manera anárquica, y que la distribución de agua potable se produzca en forma organizada y a precios accesible.

En este proyecto, los usuarios no son solo beneficiarios, sino que desarrollan un rol activo, pues serán ellos los que tarde o temprano tomarán las riendas de la actividad.

Fin del recuadro

swissinfo.ch


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