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#WeAreSwissAbroad Yvette Meisser: Aquí el pastor habla del fuego del infierno

Mujer montando a caballo

En Estados Unidos, Yvette Meisser practica la equitación al estilo oeste.

(zvg)

Hace ya más de cinco años que Yvette Meisser se marchó de Suiza, estaba divorciada y tenía tres hijos menores. Su meta al principio era México, pero después, los cuatro se quedaron en Texas, en la diminuta localidad de Trinity, en medio de la nada. "No queremos volver a Suiza, no podríamos, dice esta mujer que nació en Davos.

"Todos tenemos nuestras propias opiniones. Eso es realmente lo principal en este país: La verdad es que en el fondo no me interesa en qué crees, porque no me impedirá aceptarte por lo que eres." Las palabras que Martellus Bennett pronunció el 5 de febrero de 2017, justo después del Super Bowl en Houston, Texas, dieron la vuelta al mundo.

Bennett quiso en aquella ocasión hacer hincapié en que no le preocupa ganarse la enemistad de los numerosos e influyentes partidarios de Trump en la organización de los Patriots. Y es que Bennett, jugador del equipo Patriotas de Nueva Inglaterra (New England Patriots) recalcó tras la victoria de su equipo lo que ya había anunciado antes, que la tradicional visita de la Liga de Campeones (NLF) a la Casa Blanca tendrían que hacerla sus compañeros sin él, porque a él no le gusta este hombre.

Tampoco a Yvette Meisser le gusta Donald Trump: "No le aguanto", dice. Y piensa, como el futbolista Bennett, que "aquí uno puede decir que considera algo una estupidez. La gente lo acepta." Pero de eso hablaremos más tarde.

Yvette Meisser, 41, está sentada en el Starbucks de HuntsvilleEnlace externo, una pequeña ciudad de Texas, a unas cien millas de Houston. Habíamos quedado en hacer la entrevista por Skype, y en realidad ella quería hacerla desde su casa, a las afueras de Trinity. Pero luego hubo una tormenta, un pino cayó sobre el cableado que conduce al bosque, justo allí donde ella vive, un poco aislada, con sus tres hijos.

Por eso nos encontramos en la vecina localidad de Huntsville y hacemos la entrevista en Starbucks. Antes de hablar por Skype, Meisser respondió a la solicitud de que contara su historia: "me alegraría si puedo ayudar a alguien a lanzarse, marcharse al extranjero y empezar una nueva vida."



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Nuestro gran deseo en swissinfo.ch es ofrecerles a ustedes una plataforma para visibilizar sus experiencias a través de retratos, anécdotas e historias. 

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(swissinfo.ch)

Un pueblo con dos semáforos

TrinityEnlace externo. En algún sitio al este de la carretera Interstate 45 que conecta Houston con Dallas, un pueblo minúsculo. Trinity tiene dos semáforos, según Wikipedia en su apartado de “particularidades geográficas". Es realmente diminuto. Allá fueron a parar Meisser y sus hijos, Ian, de 17 años, Noelle, de 16, y Diogo, de 14.

También conviven con perros. "Tenemos dos gigantescos y dos pequeños", nos explica. Los perros son algunos de los que, junto con varios colegas, salva de las luchas de perros locales, los rehabilita, les busca gente que los cuide o se queda con ellos – como uno de los dos grandes, que también tienen su función: "Aquí casi todo el mundo está armado. Nosotros, no, nosotros tenemos perros."

El grande ahuyentó una vez a un ladrón en pleno día. Y añade que por allí no solo hay gente buena. De vez en cuando se siente como en la serie de televisión ‘Breaking Bad’, en la que se ve a gente fabricando en casa su propia metanfentamina. Y se sabe que allí vive una extranjera con tres niños." ¿Así que siempre tiene miedo en Trinity? "No, en principio no tengo miedo", dice muy segura.

La patria ancestral de Trump

El miedo lo deja para una gran parte de sus conciudadanos. Por ejemplo, los electores de Donald Trump. Son la mayoría en Trinity, más del 80%. "Le votaron por miedo", dice Meisser convencida. "Por tradición republicana y porque el nivel de educación es muy bajo allí."

Algunos de sus conocidos dependen del seguro "Obama Care", la ley federal que facilita a todos el acceso al seguro de enfermedad – contra el que Trump siempre ha luchado. "Y a pesar de todo votaron a Trump, porque solo entendían sus breves consignas."

Pese a todo, a esta suiza le molesta que el mundo exterior arremeta contra Texas y sus ‘rednecks’ republicanos: "Porque no se puede generalizar." Y se remite a las grandes ciudades, Houston, Dallas, Austin, San Antonio o El Paso, que también en aquellas elecciones votaron en conjunto a los demócratas, y por tanto contra Trump. "Pero eso no basta", ella lo sabe.

De una cosa se dio cuenta enseguida Meisser al llegar a Trinity: "Solo una minoría lee periódicos. A cambio, en todas partes se ve la televisión. Solo Fox, nunca CNN. Y aquí creen todo lo que se dice en esa cadena. Una consigna como 'los demócratas quieren robarte tu libertad' basta para que la gente tenga miedo. Después ya no les molestan todas las mentiras de Trump."

Miedo a perder la "libertad", una palabra cuyo significado muchos no podrían explicar en absoluto, dice Meisser. Miedo a los inmigrantes ilegales. "Sí, lo tenemos", dice. "Sobre todo los niños. Vienen en autobuses de México, que está solo a unas 150 millas. Los manifestantes les chillan a los niños que regresen a su país. Y muchos de los que se quejan de los inmigrantes ilegales tienen un empleado mexicano que les corta el césped por cinco dólares la hora."

También tienen miedo a los musulmanes. "Aunque aquí no tenemos ninguno", dice Meisser. Pero la forma en la que se materializa ese miedo la viven sus hijos en el colegio: "El profesor de Historia, un exsacerdote, les enseña que los musulmanes destruyen el mundo."

Una Iglesia muy influyente

Trinity y la religión. Trinitiy, que también significa Trinidad en la teología cristiana. "Aquí la Iglesia tiene una gran influencia", cuenta Meisser. "La gente va dos veces a la semana a la iglesia." Ella misma solo fue una vez, por curiosidad, en Navidad, con su hijo Ian. "Entramos, el sacerdote estaba hablando del fuego del infierno que nos espera, salimos y nunca más volvimos a entrar."

Ella conoce a gente que se deja impresionar: "Tanto si se trata del fuego del infierno, como del odio contra los homosexuales y las lesbianas o el racismo, todos se han dejado adoctrinar." Nos cuenta cómo un compañero de color de Ian, que juega en su equipo de fútbol, fue provocado por compañeros blancos al día siguiente de la elección de Trump, que le dijeron que había llegado su hora. O la historia de la compañera de colegio de su hija Noelle, que vive con sus dos madres que insisten en que no son lesbianas – y es que, al fin y al cabo, las dos son feligresas.

Meisser ya ha sacado a su hijo Ian del Insituto de Bachillerato de Trinity y le ha matriculado en una escuela privada de Huntsville. Piensa hacer lo mismo con sus otros dos hijos menores.

"Almas perdidas"

Meisser trabaja en Woodlands, en las afueras de HoustonEnlace externo, y recorre seis veces por semana las 70 millas de ida y vuelta para vender seguros de jubilación. "Aquí los seguros son increíblemente complejos. Si sabes cómo funcionan puedes ganar dinero."

Meisser tiene este trabajo, un seguro, y está contenta: "Esto es más de lo que tiene la mayoría aquí. Con esos trabajos que prometieron los republicanos se ganan unos siete dólares escasos por hora, así que hay que tener tres. Y aquí hay gente que vive en un establo y a pesar de todo es feliz."

Es la segunda vez que tiene un trabajo como este. Entre ambos empleos Meisser trabajó en la cárcel de menores local, ocupándose de reclusos de 15 a 18 años. Después de dos años ya no podía más: "Me llevaba el trabajo a casa. Era brutal."

Ha visto cómo se cometían auténticas crueldades con los niños. "Las cárceles de aquí son el mejor sitio para reclutar a miembros de bandas. Es muy triste, son niños de la edad de mis hijos."

Yvette Meisser en un cañón de Amarillo, Texas.

Yvette Meisser en un cañón de Amarillo, Texas.

(zvg)

Sigue en contacto a través de Facebook con algunos que entretanto han salido de la cárcel. "Ahora tienen 18 años, a menudo varios hijos y presumen en las redes sociales del dinero que han ganado la noche anterior vendiendo armas y drogas." Suelen ser latinos y negros, por eso es fácil que la gente les juzgue, pero a ellos les resulta difícil distanciarse de todo ese mundo. Son las almas perdidas de este sistema."

Empollando con los niños

No tiene miedo por sus hijos, subraya Meisser. Tuvieron que imponerse en Texas. Al principio, en 2011, antes de empezar su primer año escolar, no sabían nada de inglés. "Les enseñé dos o tres frases importantes para la escuela."

La meta de la escuela era: Darles tres meses para aprender inglés, y seis meses para tener buenas notas. La madre se hizo cargo: "Saqué el dinero de mi pensión en Suiza y me quedé un año en casa para poder estudiar todos los días en casa con los niños. Entonces todavía no tenía permiso de trabajo en EE.UU." Ahora, cinco años después, tiene la ‘green card’ (permiso de residencia indefinido), y sus hijos, eso espera, también la tendrán pronto.

Queda la pregunta de cómo es posible que se marchara justamente a Texas, ¿por qué al campo? Yvette Meisser se echa a reír. "Yo también despotrico muchas veces contra Texas", reconoce. "Sí, se hacen muchas estupideces aquí, e incluso la gente que no tiene la más mínima formación tiene sus ideas y las proclama a los cuatro vientos. Pero a pesar de todo se está bien aquí. Vale la pena por la libertad que se respira, y te puedes enfrentar a los idiotas y decirles: '¡Todo lo que decís es una solemne tontería!' No les molesta. En Suiza enfureces a la gente cuando la contradices." Por eso ya no puede volver, sobre todo sus hijos no podrían volver, está convencida. "Ahora son americanos hasta la médula."

Esa fue una de las razones por las que Meisser se marchó de Suiza, la otra fue que quería que la dejaran en paz. "En Suiza a uno no le dejan a una en paz, y mucho menos a una mujer que educa sola a sus hijos. Siempre te dicen lo que tienes que hacer. Siempre se duda de si sabes hacer algo bien. Ya no me hace falta nada de todo eso."

Meisser estaba acostumbrada a viajar: "Siempre que podía me iba de viaje", cuenta. "Lo cierto es que echo de menos Davos y la nieve en invierno", confiesa. "Y me gustaría ver a mis padres más a menudo."

Gente afectuosa

Aunque a mucha gente en Suiza le parezca increíble, a Meisser le encanta su vida en Texas. Hasta ahora solo habíamos hablado de chifladuras, de Trump y de cómo él "ha dado a los tontos una justificación para la misoginia, el racismo, la violencia y toda una serie de cosas espantosas", como las describe Meisser. Y añade que tampoco eso es cierto, porque en Texas también hay cosas positivas y sobre todo gente buena, recalca, y nos habla de sus vecinos de 80 años que espontáneamente le regalaron un coche cuando el suyo, muy viejo, se estropeó, para que pudiera seguir yendo a trabajar en coche.

"La gente de aquí puede ser realmente encantadora, cuando quiere, y eso es más importante que la simple amabilidad", dice. Pero la razón principal es "la libertad, que aquí es mayor que en cualquier otro sitio". Meisser ha colgado en la pared de su casa un cartel que dice: "Live wild and free – or die " (Vivir sin amarras, libremente – o morir). Y espera que mucho de lo que para ella es negativo en Texas se convierta en algo positivo: "La mayoría de los jóvenes ya ha votado a los demócratas, así que dentro de cuatro años las cosas mejorarán."

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Las opiniones de la persona entrevistada sobre los diversos temas abordados, así como sus comentarios sobre el país donde vive y sus políticas no necesariamente reflejan el punto de vista de swissinfo.ch.

Fin del recuadro


Traducción del alemán: Raquel Ruíz, swissinfo.ch

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