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Clandestinidad y trabajo negro Las sombras chinescas de Suiza

Por
(Keystone)

Trabajo ilegal, documentos falsificados, empleos mal pagados y miedo a la policía. Es la vida de una persona sin permiso de estancia legal. En Suiza, cada vez más chinos se sumergen en una existencia en la ilegalidad. Mirada a esta realidad a través de los ojos de uno de ellos.

Huxian* nació en 1981 en la isla de Macao, a 50 kilómetros de Hong-Kong, es de nacionalidad portuguesa.. Su pasaporte, color vino, indica el año de emisión de 2007.

La realidad es otra. Huxian viene de Fujian, una provincia al sureste chino. No tiene aún 30 años y no habla una palabra de portugués. Fue a Macao, pero solo una vez. “Todos los datos del pasaporte están registrados, pero pertenecen a otra persona”, confiesa.

Vestido con vaqueros, una playera y tenis blancos, Huxian acaba de terminar de trabajar. Con pulcra apariencia y gel en el cabello, llega puntual a nuestra cita. Estamos en un bar al aire libre en la región de Berna, a pocos pasos del departamento que comparte con otro chino. Huxian habla poco alemán, pero prefiere expresarse en ese idioma. Llegó a Suiza hace 5 años, “por azar”.

3.000 francos por un pasaporte

Huxian vino en auto desde Hungría, su primera etapa europea. “Allí nos quedamos tres días. Alguien me dijo que había trabajo en Suiza. En ese tiempo tenía un pasaporte chino con visa Schengen para Hungría. Esto me permitió entrar legalmente en Suiza como turista”.

El pasaporte y la visa caducaron. Y no fue difícil obtener un nuevo documento. “Hablé con una persona telefónicamente. Nunca la vi. Nadie se conoce y todo es anónimo. Eso funciona así”.

 

Dos meses y 3000 francos más tarde, Huxian recibió su nuevo pasaporte. En la cubierta se inscribe con letras doradas: Unión Europea – Portugal. “Me lo enviaron desde China. Allá son muy buenos para hacer copias”, afirma con tono serio.

Los chinos con pasaporte portugués no es una incongruencia. Se trata de habitantes de la ex colonia portuguesa de Macao, que desde el 20 de diciembre de 1999 es una región administrativa especial de China. Los oriundos de Macao, ciudadanos de la Unión Europea, pueden aprovechar las facilidades de trabajo y de residencia prevista en los acuerdos bilaterales entre Suiza y la UE.

Para salir a flote entre la competencia

Desde que llegó a Suiza, Huxian ha trabajado. “Estoy aquí para eso, así que trabajo”, afirma, sin precisar el tipo de actividad. Jamás ha tenido un contrato laboral en las manos y sus salarios los recibe de contado sobre una mesa.

Actualmente trabaja en una tienda, seis días a la semana. Hace horas suplementarias que nadie paga y siempre que su jefe lo llama, está a disposición para trabajar. “Por ejemplo, para cocinar durante una fiesta”. Según él, el pago es bueno: unos 1.600 francos por mes. La mitad del salario mínimo en Suiza, pero tres veces más que los 500 francos que ganaba los primeros tiempos en Suiza. “Tengo suerte, conozco a gente a la que no le pagan”.

Para Jing Li*, gerente de un pequeño restaurante chino en la zona de montaña bernesa, los trabajadores ilegales son el salvamento para muchos establecimientos asiáticos. “si tuviera que pagar el mínimo previsto por el sector y las cargas sociales a cada empleado, no podría sobrevivir”, justifica.

De sus cuatro colaboradores chinos, uno trabaja de modo ilegal. “Recibe 70 francos por 8 horas de trabajo al día, es decir, 1.500 francos al mes como máximo”, indica el gerente. Los otros, declarados, ganan entre 3.200 y 3.800 francos (el chef) “Salarios netos mensuales”, precisa Jing Li. En cuanto al restaurant, tiene ingresos de entre 50.000 y 60.000 francos anuales.

Redada policial

A inicios de junio de 2013, la Oficina Federal de Policía (fedpol), coordinó una operación contra una red de pasantes. Nueve cantones condujeron la acción. Argovia, Basilea-Campo, Berna, Friburgo, Lucerna, Neuchâtel, Vaud, Zug y Zúrich.

Los controles permitieron detener a ciudadanos chinos “sospechosos desde hacía buen tiempo de haber obtenido permisos de trabajo con documentos de viaje europeos falsos y trabajar ilegalmente en restaurantes chinos”, indica la fedpol en un comunicado.

En total, 349 personas fueron interceptadas y controladas. 57 personas más fueron detenidas provisionalmente.

En Suiza, la estancia ilegal y el ejercicio de una actividad lucrativa sin permiso de trabajo está castigada con multas y penas de prisión que pueden ser de hasta un año.

Las personas sospechosas de traficar humanos no se limitan al sector de la restauración. “Desde 2012, observamos que hay cada vez más chinos en el sector de la prostitución. Se sabe que los costos para hacer venir a alguien de China son relativamente elevados. No pueden ser reembolsados rápidamente. Esto crea una situación de dependencia de la persona”, explica Boris Mesaric, de la fedpol.

Un operativo reciente de la policía en España y Francia confirmó lo anterior. Las investigaciones permitieron desenmascarar a una red de pasantes que solicitaba entre 40.000 y 50.000 euros para hacer entrar ilegalmente a ciudadanos chinos a Europa y EE.UU. En ciertos casos, indica la policía española, esta red servía igualmente para la explotación sexual de inmigrantes.

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Forma de esclavitud

Según Xavier Ganioz, secretario general del sindicato Unia en el cantón de Friburgo, el recurso a los clandestinos chinos es una práctica  bien expandida que interesa a los “patrones malintencionados”. “Es una forma moderna de esclavitud”, afirma al cotidiano friburgués La Liberté.

En Suiza, los clandestinos chinos representan un fenómeno relativamente nuevo. La inmigración ilegal contaría con unas mil personas. “La migración china es suficientemente destacada a nivel internacional, por ejemplo, en los Estados Unidos, Canadá, Países Bajos e Italia”. En Suiza, por el contrario, aún es limitada”, declara Boris Mesaric, responsable del Servicio de coordinación contra la trata de seres humanos y el tráfico de migrantes de la Policía Federal. Pero no da cifras.

“Este fenómeno en nuestro país, y cómo funciona, son objeto de investigaciones. Estamos trabajando con base en indicios recolectados durante una operación policial reciente”.

En junio, las fuerzas de la policía de diversos cantones realizaron un operativo contra una red de pasantes sospechosos de favorecer la inmigración clandestina desde China. Más de 400 personas fueron detenidas e interrogadas.

“Para comprender cómo funciona el sistema, observamos lo que sucede en el extranjero, donde se demostró que las redes tienen su origen en el tráfico de migrantes y en la falsificación de documentos”, agrega Boris Mesaric.

¿Ilegal? No, es un amigo.

En su restaurante, Jing Li ve las cosas de otro modo. No se considera como un explotador y sacude la cabeza cuando le hablamos de los pasantes de personas y las redes organizadas de este tráfico humano. “Jamás escuché hablar de eso. Simplemente tiendo la mano a alguien que tiene dificultad de encontrar un trabajo. Europa está en crisis. En los últimos tiempos hay cada vez más trabajadores chinos ilegales en Suiza”.

Obtener un permiso de trabajo y hacer venir a un chef de cocina directamente de China es posible, reconoce el gerente. “Pero se requiere de tiempo y pasar por muchos trámites burocráticos. Se vuelve cada vez más difícil recibir una autorización”, deplora.

En el sector de la restauración, la mayor parte de la mano de obra no declarada se emplea justo para ese puesto. Un restaurante chino requiere de un experto en horneado. « De este modo uno puede atraer a la clientela suficiente para mantenerse. La competencia es ruda. Si alguien ofrece un plato por diez francos, alguien lo hará por nueve”.

Jing Li, de 50 años de edad, está casado en Suiza y conoce bien la ley. Es consciente de los riesgos que corre al ocupar a un trabajador no declarado. “La multa puede ser de hasta 20.000 francos”. Pero en caso de control, se dice listo para reaccionar: “Diré que se trata simplemente du un amigo o de un cliente”.

“Solo quiero trabajar”.

Huxian teme a la policía también. Hasta ahora la ha evitado. “Si me atrapan, terminaré en prisión, pero no me pueden retener por mucho tiempo, pues no he hecho nada grave”, considera. De cualquier modo para él la cárcel es mejor que un retorno a Fujian. “Tras las rejas tengo al menos de comer y un sitio para dormir”.

“Lo único que quiero es trabajar y ahorrar sin hacerme problemas”. Trata de economizar cada día para ayudar a sus padres en China. “Es una obligación ocuparse de los padres”, justifica este hijo único.

Su “tiempo libre”, lo pasa haciendo pequeños trabajos. Permanece buen tiempo en la habitación que renta por 300 francos al mes y que comparte con otros inmigrantes. Sin seguro médico ni cobertura social, compra medicamentos directamente de China. “Vale la pena”, dice. ¿Y si cayera enfermo de gravedad y debiera ser atendido ? « Nunca he pensado en ello, pero está excluido ir al hospital”.

Huxian no tiene expectativas ni sueños. “No puedo tenerlos. Solo quiero trabajar y seguir sano”. Y cuando su pasaporte caduque, solicitará otro. “Prolongar un pasaporte falso es más difícil”, explica.

Una cerveza y varios cigarrillos más tarde, nos despedimos de Huxian. Nos agradece por haber escuchado su historia. “Todo es cierto”, insiste al repetir que su único objetivo es vivir una existencia mejor. Después parte. Se detiene en el paso peatonal. La calle está desierta, pero mira dos veces antes de cruzar la calle.

«È l’unica cosa che voglio: darmi da fare e mettere da parte qualche soldo, senza creare problemi», ribadisce. Ogni giorno tenta di risparmiare per aiutare i genitori rimasti in Cina. «Da noi, spetta ai figli occuparsi dei genitori», si giustifica l’unico figlio maschio della famiglia.

Il “tempo libero” lo trascorre «facendo altri lavoretti oppure dormendo». Rimane spesso nella camera che affitta a 300 franchi al mese o si ritrova con altri migranti cinesi. Senza assicurazione né copertura sociale, acquista i medicamenti direttamente dalla Cina. «Conviene», dice lui. E per le malattie o le cure più gravi? «Non ci ho mai pensato, ma escludo di andare all’ospedale. Faccio attenzione».

Huxian non ha aspettative per il futuro. Non ha sogni. «Non posso averne. Voglio solo lavorare e restare in buona salute». Quando il passaporto scadrà, ne richiederà semplicemente un altro. «Prolungare un passaporto falso è più difficile».

Una birra e diverse sigarette più tardi, ci congediamo da Huxian. Ci ringrazia per aver ascoltato la sua storia. «È tutto vero», insiste, ribadendo che il suo unico scopo è di vivere un’esistenza migliore. Poi si allontana lungo il marciapiede. Alle strisce pedonali si ferma. La strada è deserta, ma guarda due volte prima di attraversare.

* Identità nota alla redazione


Traducido por Patricia Islas, swissinfo.ch


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