“Lo más valioso es el esfuerzo comunitario”

La suiza Marcela Stuber acata el confinamiento mientras trabaja desde su casa organizando grupos de voluntarios de la colectividad suiza en Argentina. Gentileza Marcela Studer

Muchos miembros de la colonia suiza en Argentina son personas de avanzada edad que viven solas. Decenas de jóvenes voluntarios de las asociaciones suizas, armados con ordenadores, mascarillas, guantes y coraje, se han volcado en hacer todo lo posible para aliviarles el confinamiento.

Este contenido fue publicado el 03 mayo 2020 - 11:00
Norma Domínguez, Buenos Aires, swissinfo.ch

Mientras el mundo está sumido en el vaivén del desconcierto y el miedo por la pandemia más feroz que se haya conocido, los lazos sociales se avivan, y son los más jóvenes quienes se atreven a desafiar al virus asesino de la forma que mejor pueden: con la escucha, la asistencia, la palabra y la tecnología.

Eso es lo que están haciendo en Argentina voluntarios de la colonia helvética, convocados por la Federación de Asociaciones Suizas de la República Argentina (FASRA), que asisten a las personas mayores para aliviarles la angustia que genera el coronavirus y que los obliga a confinarse en sus casas.

“Ahora tenemos socios de más de 90 años. Algunos están solos o con otro familiar mayor”

Guillermo Páez, presidente de FASRA

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“En nuestra colectividad hay muchos adultos mayores y una gran cantidad de ellos viven solos. Por eso iniciamos esta acción y la respuesta fue muy  positiva. Todos quieren ayudar: psicólogas, una terapista ocupacional, docentes, …”, relata a swissinfo.ch Guillermo Páez, presidente de FASRA.

“Los más jóvenes son muy audaces. Se organizaron, hicieron lluvia de ideas, armaron una logística increíble y se las arreglaron para crear lazos y empatía con los mayores. Ellos abrieron los contactos y fueron sumando a las diferentes instituciones de distintos puntos del país”, explica.

Docente universitario y contador público de profesión, Páez está orgulloso de la actuación colectiva de las asociaciones frente a esta adversidad y destaca toda la ayuda recibida desde el Club Suizo de Buenos Aires, la embajada suiza, los referentes de distintas partes del país, y también vecinos.

Descendiente de tercera generación de emigrantes suizos (su bisabuela Adela Truffer era valesana), Paéz preside el Club suizo de Rosario (Provincia de Santa Fe) y sabe que las nuevas generaciones están cambiando y revitalizando a las entidades helvéticas de Argentina.

Al ver la red solidaria que se organizó en Argentina para ayudar a los ciudadanos que estaban varados en distintos puntos del país esperando ser repatriados, decidió replicó esa acción, pero enfocada a brindar ayuda a los más vulnerables.

“Surgió a partir de charlas que venía sosteniendo con la agregada cultural de la embajada, Isabelle Mauhourat, sobre las dificultades de los ciudadanos más ancianos para movilizarse durante la ‘cuarentena’ impuesta por el Gobierno nacional para frenar la pandemia”, relata Páez y detalla cómo es el auxilio brindado:

“Lo que se ofrece es la ayuda que podemos dar. Desde llamar por teléfono para charlar, brindarles compañía y saber cómo están, hasta hacerles las compras de medicamentos, alimentos, pagarles los impuestos o ayudarlos con trámites digitales”.

Primero “llamamos a cada uno para contarles lo que estábamos haciendo, lograr que se confíen en nosotros (nos ayudó que muchos nos conocían) y desarrollar un programa que combine nuestras capacidades con lo que ellos necesitan. Y se pudo lograr porque varias personas se pusieron el proyecto al hombro y fueron coordinadoras, estrategas y hacedoras desde Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y otros sitios”, reconoce desde Rosario, donde reside.

“Ahora tenemos socios de más de 90 años; algunos están solos o con otro familiar mayor, y llamarlos por teléfono y tener charlas para que se sientan acompañados y cuidados, poder  escucharlos, ya genera un vínculo increíble que nos hace bien a todos”.

"El programa está abierto para asistencia a todo adulto mayor descendiente o ciudadano suizo en Argentina"

Guillermo Páez, presidente de FASRA

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María Eugenia Leguizamón Theiler (36) es una de las guerreras que llevó la organización de los voluntarios en Buenos Aires.

Cuarta generación de emigrantes valesanos oriundos del pueblo Simplon Dorf, está a la espera de que le otorguen su ciudadanía mientras trabaja en un laboratorio helvético (Ferring Pharmaceuticals) y es miembro activo y secretaria de la Comisión Directiva del Centro Valesano de Buenos Aires.

Su rol desde la asociación es fortalecer el apoyo solidario a los más necesitados durante el confinamiento:

“Esta idea surge de FASRA a través de los grupos de jóvenes que somos quienes podemos brindar mayor ayuda a los adultos mayores, y su vez quienes tenemos herramientas digitales más disponibles para usar al servicio de otros”.

Todo este trabajo solidario “no hubiese sido posible sin el esfuerzo de todas las instituciones, sin el motor de lo jóvenes y sin la experiencia y contactos de los más grandes [mayores]”, dice María Eugenia, que ha vivido la cuarentena en pareja y trabajando desde casa.

Satisfecha con la adhesión inmediata que tuvo la convocatoria de voluntarios, explica que iniciaron un relevamiento de los adultos mayores de cada institución en aislamiento para comenzar por ellos.

“De todos modos el programa está abierto para asistencia a todo adulto mayor descendiente o ciudadano suizo en Argentina”, subraya. Para ella, esta crisis ha sido “un aprendizaje, donde lo más valioso es el esfuerzo comunitario que se muestra como única vía de superación”.

“Es emocionante saber que las personas están dispuestas a ayudar”

Marcela Stuber, profesora de Biología 

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Otra de las coordinadores voluntarias más activas ha sido Marcela Stuber (55), profesora de Biología y facilitadora de la convivencia que reside en Capitán Bermúdez,  Santa Fe.

Madre de dos hijas adultas, confiesa que sobrelleva la cuarentena acatando el ‘quedarse en casa’ y agradece que hoy la tecnología permite valerse de la banca online y trabajar desde casa.

“Este duro momento que atravesamos, nos hace tomar conciencia de la disparidad de realidades socioeconómicas en la que están inmersos nuestros alumnos”, asegura la docente.

Marcela Stuber coordina un grupo de trece voluntarios, de ambos sexos y mayoritariamente de la ciudad de Rosario y zonas linderas. Personas de todas las edades, estudiantes de medicina, amas de casa, profesionales…

“La convocatoria fue muy buena. Se les ayuda para realizar compras alimenticias y farmacéuticas, o facilitarles el contacto con un delivery [entrega a domicilio] para ayudar a los mayores. Este accionar se replica también en Córdoba, Corrientes y otras provincias”.

“Es emocionante saber que las personas están dispuestas a ayudar. Mi grupo está ávido de prestar ayuda y así lo hacen saber con alegría. Esta Pandemia pone de manifiesto el alcance de la solidaridad”, observa emocionada.

“Creo que vamos rumbo a una nueva era dentro de la historia de la humanidad”

María Cecilia Quaglino Lagger, estudiante

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María Cecilia Quaglino Lagger, de 28 años, está terminando sus estudios en Ingeniería Ambiental. Proactiva en la vida de la Asociación Valesana Argentina de Rosario desde sus ocho años, esta descendiente de cuarta generación de emigrantes valesanos es una de las creadoras de la comisión Nuevas Generaciones Suizas.

“El desafío que nos presenta esta cuarentena es reinventarnos, ser resilientes, encontrar nuevas dinámicas para continuar nuestras actividades y aprovechar la tecnología disponible para combatir la soledad, facilitar la comunicación y al mismo tiempo, mantener los vínculos afectivos a la distancia”, dice.

A los jóvenes “nos encantan los desafíos y tenemos mucha creatividad para idear soluciones, sobre todo cuando sabemos que podemos ayudar a alguien del otro lado. No lo dudamos ni un minuto y nos pusimos en acción”, afirma María Cecilia.

“El primer contacto es una llamada telefónica, donde nos presentamos con nuestros nombres y el nombre de la institución a la que representamos dentro del programa. El simple contacto, escucharlos, que sientan que hay una institución y comunidad pensando en ellos, genera lazos, vínculos y gratitud de ambos lados”.

La futura ingeniera detalla que los mayores les cuentan cómo están viviendo esta situación, les hablan de sus familias y recuerdan sus momentos dentro de las instituciones suizas a las que pertenecen.

Como hacer las compras a veces es complejo por las limitaciones impuestas, los voluntarios cuentan con un listado de comercios de confianza que hacen envíos a domicilio y se lo entregan a las personas mayores.

“Nos dimos cuenta de cuán vulnerables somos como seres vivos, y de la importancia de  valorar cada instante dentro de este mundo. Nos replanteamos vínculos con el prójimo, nuestra relación con los ecosistemas y nuestro amor hacia nosotros mismos y afectos más cercanos”, dice antes de despedirse.

Suizos en Argentina

La gran emigración helvética del siglo XIX en Argentina ha echado raíces y actualmente hay cientos de miles de ciudadanos argentinos con descendencia helvética.

La gran mayoría de ellos perdió la nacionalidad suiza con el paso de las generaciones, pero eso no les quita el gran amor a la tierra de sus antepasados y rinden homenaje a ese legado a través de asociaciones muy activas en el ámbito sociocultural.

Argentina alberga el mayor número de ciudadanos helvéticos en Latinoamérica - más de 15 000. 

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