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Cuando la civilización impone la ley de la selva



Werner Zehnder y su esposa Rosmarie, de nuevo en Suiza.

Werner Zehnder y su esposa Rosmarie, de nuevo en Suiza.

Un día de1960 el joven misionero suizo Werner Zehnder se embarcó en Génova con destino al Callao, y de allí a Puerto Bethel, un lugar perdido en la selva amazónica peruana.

El encuentro con los shipibo-conibo lo marcaría de por vida. En más de 50 años ha sido testigo del asedio de Occidente sobre esa cultura “compleja e indefensa”.

“Bethel tenía 300 habitantes, los techos eran de hojas de palma, no había electricidad ni agua potable. Cuando se marchó mi antecesor asumí la responsabilidad encomendada por mi iglesia”, recuerda Zehnder, quien fue a Perú por mandato de la Misión Suiza Indígena (SIM), hoy Indicamino.

Gracias a sus conocimientos ancestrales, los shipibos-conibo eran autosuficientes: encontraban lo necesario para vivir en la naturaleza o lo producían con sus propias manos, con participación de la comunidad, que era como una gran familia, refiere.

“Nuestras profesiones eran desconocidas. Tenían curanderos que sabían mucho de medicina herbolaria, quiroprácticos, chamanes, cuentistas. Su cultura era una unidad, los diferentes aspectos se entretejían y los cambios en uno afectaban al todo”.

También esperaban ayuda integral, agrega Zehnder. “Sus expectativas no se limitaban a escuchar el Evangelio o sobre valores éticos, aspiraban además a mejoras materiales y sociales”.

Por ello, la llegada de Rosmarie a Bethel fue oportuna. Zehnder la conoció en 1958 en Inglaterra cuando estudiaban en el 'Wycliffe Bible Translators'. La joven culminó en ese país además su formación como partera, después de haber estudiado enfermería. La pareja se casó en 1961 en Pucallpa.

El lado oscuro del paraíso

Aunque Zehnder reconoce que “la vida en Bethel era como en un paraíso”, no soslaya su lado oscuro. “Una noche apareció un hombre con su esposa que tenía dolores de parto, más el bebé no nacía. Cuando llegó al mundo con ayuda de Rosmarie, tenía una herida en la cabeza. Los padres habían intentado ayudarle a nacer con un anzuelo. Felizmente sobrevivió sin secuelas”.

La noción del tiempo de los shipibos llamó la atención de los Zehnder. “Un hombre tocaba la campana para anunciar la oración en la comunidad. Pero a veces lo hacía a las cinco de la mañana, otras, horas después”.

La Biblia, en idioma shipibo

Tan pronto Zehnder llegó a Bethel, empezó a aprender el idioma shipibo. Después de visitar un segundo curso de lingüística en Inglaterra en sus vacaciones, en 1970, junto con dos colaboradores shipibos continuó la traducción de la Biblia que había empezado otro misionero.  

El equipo hizo varios borradores, los revisaron, hasta que finalmente tuvieron el primer ejemplar impreso del Nuevo Testamento y 4 libros con historias del Antiguo Testamento.

“En la revisión final del Nuevo Testamento (1980), participaron 10 hombres de diferentes pueblos que hablaban diferentes dialectos. Entre ellos había un padre de familia que no sabía leer ni escribir y justo por ello nos ayudó a hacer los textos más entendibles”, rememora el misionero.

En 1983 entregaron la impresión a las comunidades shibipo-conibo. Veinte años después, otras personas lo revisaron y tradujeron 40% del texto del Antiguo Testamento, sin imprimirlo aún.

La vida cambió para siempre

A mediados del siglo pasado, la vida de la etnia shipiba empezó a cambiar radicalmente. Llegaron comerciantes que les ofrecían jabón, hilos de nylon para pescar, cartuchos para cazar, machetes y otros instrumentos.

Al mismo tiempo, los intrusos- blancos y mestizos- transmitieron graves enfermedades y muchos comenzaron a explotar y a menospreciar a los shipibos. Zehnder no ha podido olvidar el maltrato a uno de ellos.

“El joven se había herido gravemente con el machete. Lo transportamos con el bote a motor y cuando llegamos a emergencia del hospital de Pucallpa debimos comprar una larga lista de medicinas y esperar mucho”.

“El médico, que se hizo esperar aun más, no dirigió ni una mirada al paciente y empezó a coser los puntos de la herida. El paciente gritaba. El médico ni se inmutó, ni aplicó la anestesia que habíamos comprado. Ahí comprendí por qué muchos indígenas prefieren morir a ir al hospital”.

El pulmón del mundo... enfermo

En 2008, Zehnder observó que los shipibos-conibo estaban más preocupados que nunca por la presencia de los intrusos. “Tienen miedo de la contaminación de su hábitat, de la explotación de sus mujeres, de la creciente apropiación de sus tierras. Por cierto, tienen todo el derecho de defenderlas, y lo hacen también para nosotros”.

Cuando el misionero comentó a un peruano que la selva amazónica es el pulmón del mundo, aquel respondió, “sí, pero con tuberculosis avanzada”. En 2009, continúa Zehnder, el Ministro de Medioambiente peruano dijo en Zúrich que en los últimos 50 años se destruyó 50% de la selva. “Este proceso es cada vez más acelerado y a nadie le importa. Eso duele”.

“No dejo de sorprenderme con qué arrogancia y falta de respeto hemos conquistado y sometido, nosotros occidentales, a seres humanos de otras culturas. En realidad, es en nuestro ‘mundo civilizado’ donde reina la ley de la selva, del más fuerte”, reflexiona Zehnder.

Asimilarse para sobrevivir

Si antes la vida de los shipibos fue mejor o peor, es algo que Zehnder dice que no puede responder. “Hoy las condiciones son otras. Algunos jóvenes shipibos sienten vergüenza de su origen, pese a su gran tradición que se ha ido perdiendo con la muerte de los más viejos”.

Los shipibos son conscientes que nuevas situaciones exigen nuevas reglas, apunta. “Ellos comprueban que necesitan aprender para afirmarse en otras culturas, así como lo hicieron sus ancestros en lo que para nosotros es la ‘selva llena de peligros’”.

En 1981 Zehnder fue nombrado pastor de la Iglesia Sax-Frümsen, pero nunca se desvinculó de los shipibos. Antes de su jubilación, en 2001, fundó con otras personas la Asociación 'Peru –Hilfe', “para seguir apoyándolos en el proceso de asimilarse a Occidente”.

Peru – Hilfe

Es una asociación fundada para apoyar al grupo étnico Shipibo asentado en las tierras bajas de la Amazonía peruana y a personas de barrios pobres de Lima.

Su objetivo es satisfacer las necesidades momentáneas de estos grupos, y que reciban apoyo para la autoayuda.

Sus proyectos:

- Ayuda a familias que carecen de buena alimentación, ciudados de salud, acceso a la escolaridad, que viven en malas condiciones higiénicas y ambientales. 

- Becas de formación profesional en Lima y en las zonas selváticas: los jóvenes reciben acompañamiento hasta la finalización de sus estudios.

- Apoyo a los shipibos de la cuenca del río Ucayali en diferentes áreas: junto a pequeños proyectos, una campaña de explicación sobre el Sida, ya que el número de infectados por esta enfermedad aumenta contínuamente.

- Junto con organizaciones locales realiza un trabajo basado en valores cristianos.

La asociación es un grupo de trabajo de la Parroquia Evangélica Reformista de Sax-Frümsen (en el cantón suizo de San Gall). Es apoyada por un círculo privado de amigos y por grupos e instituciones.

Werner Zehnder, expresa: “Nuestro apoyo es insignificante al considerar las necesidades de 20.000 shipibos, pero valiosa para quien la recibe”.

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