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De Zúrich a Zaculeu Investigadores trabajan en descifrar los misterios mayas

Celebración de un ritual tradicional maya.

Celebración de un ritual tradicional maya.

(AFP)

Estudios de alta precisión arrojan nueva luz sobre las drásticas transformaciones climáticas vividas por la civilización maya. Expertos suizos descartan que el fin del mundo esté cerca y afirman que nuestro calendario no está bien alineado con el maya.

Algunos años atrás, Sebastian Breitenbach, investigador posdoctoral de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETHZ), recibió una estalagmita proveniente de una cueva de Belice y se le pidió que la analizara. Dicha cueva se ubicaba en una región de Centroamérica en donde se había desarrollado el imperio maya.

Como paleoclimatólgo, sabía exactamente qué buscar y en dónde. Debía concentrarse en los isótopos estables de la piedra -como los depósitos de uranio-, porque ahí encontraría información sobre las precipitaciones pluviales de la época y sobre los cambios medioambientales sufridos a lo largo de varios miles de años.

El análisis de la estalagmita que realizaron Breitenbach y un grupo de expertos internacionales, los dejó sorprendidos con sus resultados.

“La precisión obtenida ahora es entre cinco y 10 veces superior a la que se tenía disponible en esta región de Belice hasta ese momento. “En Yucatán (México), ya tenemos algunos registros de estalagmitas, pero encontremos lo que encontremos en el futuro, incluso la información climática que ya obtuvimos y no ha sido publicada, evidencia grandes errores con respecto a datos del pasado, dijo Breitenbach a swissinfo.ch

¿La sequía llevó al declive?

Los resultados obtenidos por este grupo de científicos, publicados en noviembre pasado, evidenciaron que en la región en la que floreció la cultura maya durante más de 2.500 años se observaron de forma repentina periodos de extrema sequía y cambios climatológicos. ¿Pudo esto contribuir a que los mayas abandonaran algunas de sus ciudades en aquella época?

“El colapso de una civilización jamás puede ser atribuido a un solo factor”, dice a swissinfo.ch Eric Velásquez, experto en cultura maya de la Universidad Nacional Autónoma de México. “Los arqueólogos han determinado que en algunos casos fueron la desforestación y la devastación ambiental las que aceleraron la crisis de algunas ciudades. Pero en otras, fueron guerras intensas y la violencia existente las razones las que jugaron el rol fundamental”.

Velásquez cita como ejemplo de Mayapán, ubicada en la península de Yucatán, en donde fue la lucha entre grupos rivales, y no la sequía, la que propició el declive de esta ciudad maya hacia mediados del siglo XV.

Sin embargo, el análisis de Breitenbach sobre la estalagmita dejó claro que el único periodo en el que la piedra no creció en absoluto –indicando con ello un prolongado periodo de sequía- coincide con el periodo en el que se habla del colapso de la civilización maya.

Esto es, una tendencia a la aridez se verificó entre el año 660 y el 1000 D.C. y fue seguida por un periodo de severa sequía que se estima tuvo lugar entre los años 1020 y el 1100 DC. Se cree que dichas condiciones medioambientales provocaron un periodo de conflicto armado y de disturbios que habrían conducido eventualmente a la posterior caída del antiguo imperio maya.

En busca de más pruebas

Breitenbach entiende que exista cierto escepticismo ante estos hallazgos y que los resultados de su investigación sean cuestionados, pero destaca de nuevo la exactitud de los mismos y afirma que el mismo grupo de especialistas realiza nuevas investigaciones que constituirán un sólido argumento científico sobre la forma en la una significativa sequía afectó al imperio maya.

Actualmente, algunos de los colegas de Breitenbach trabajan en la misma región de Belice en un proyecto que se concentra en analizar los isotopos de los anillos de crecimiento de algunos árboles de la zona en busca de nuevas señales sobre la sequía. El experto de la ETHZ informa que los resultados obtenidos hasta ahora –que también poseen un gran nivel de precisión- confirman la información hallada en la estalagmita.

“Con frecuencia cuando se obtiene un solo registro, la gente puede creer o no en él, pero cuando se obtienen dos o tres constancias con los mismos resultados en la misma región, entonces el nivel de confiabilidad del primer resultado aumenta”, puntualiza.

Este equipo de investigadores estudia los anillos de los árboles y también los dinteles, o piezas de madera que había entre las puertas de las estructuras mayas antiguas. El trabajo que realizan podría revelar en un futuro no distante cuándo fueron construidas dichas estructuras y desde cuándo se encuentran deshabitadas.

El experto en cultura maya, Alfredo Barrero, del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, considera que las nuevas tecnologías son una herramienta muy valiosa para desentrañar los secretos de los mayas y la forma en la que vivían.

Con respecto a los mayas, en el presente, los físicos, por ejemplo, puedan realizar una gran contribución al estudio del origen arqueológico de los materiales. Hoy existen tecnologías que permiten estudiar la composición de los materiales que los mayas utilizaban para fabricar sus herramientas, señala el arqueólogo mexicano.

Alineando calendarios

Breitenbach expresa también que Douglas Kenett, el arqueólogo que formó parte del estudio sobre la estalagmita, está utilizando las inscripciones de los dinteles y de otros artefactos mayas para cumplir un propósito paralelo: alinear mejor aún el calendario maya al de la era moderna, ya que la curva de calibración que existe actualmente contiene errores significativos.

¿Y qué hay sobre la famosa profecía del fin del mundo el 21 de diciembre de este año que los mayas supuestamente vaticinaron?

“Desde nuestra perspectiva, es un absoluto sinsentido”, afirma Breitenbach, “en esta fecha solo está concluyendo el ciclo de un gran calendario que luego volverá a comenzar, así que no hay tal fin del mundo. Por otra parte, la alineación entre el calendario maya y el nuestro no es tiene la precisión que creemos que posee”.

Los mayas modernos

Aunque es común calificar como “colapso” el declive de la civilización maya, los investigadores subrayan que esta sociedad no desapareció, sino que simplemente se transformó y dispersó.

No podemos hablar de la extinción de los mayas cuando hay más de cinco millones de ellos hablando sus lenguas y preservándolas alrededor del mundo. Los mayas han llevado sus culturas a otros lugares y muchos viven fuera de su territorio. Son gente moderna de nuestra era, pero heredera de su cosmovisión propia y de sus tradiciones ancestrales.

Breitenbach asegura que también hay descendientes de los mayas viviendo en Centroamérica, por lo que es claro que no desaparecieron. Pero añade que aún hay muchas preguntas sin respuesta sobre los drásticos cambios que experimentó esta civilización, ajustes que de hecho podrían ser confrontados de nuevo por la civilización moderna.

“Los mayas aún están aquí, no es como si se hubieran colapsado y todo mundo hubiera muerto, esa visión catastrófica no es la correcta. Sin embargo, los detalles (sobre el declive) aún son desconocidos, y conocer por qué la gente abandonó sus ciudades y migró a la selva o a pueblos más pequeños es un tema muy, muy apasionante”.

Pistas sobre las lluvias

Además de medir el nivel de las precipitaciones que se registraban durante los tiempos del imperio maya, la investigación en curso sobre patrones climáticos que enfrentó esta cultura también exige que los científicos determinen qué parte de  las lluvias se evaporó, para que las conclusiones sean exactas, y esto representa un gran reto, afirmó Breitenbah.

Analizar y comprender los patrones pluviales en países como Suiza resulta sencillo porque los registros meteorológicos son muy antiguos. Pero en  otros lugares del mundo dichas mediciones son recientes y existe poco material disponible para las comparaciones.

“El problema (en Belice) es que los registros meteorológicos son bastante nuevos, con frecuencia nos remiten solo hasta los años 40’s o 60’s. Así que resulta verdaderamente difícil establecer una relación precisa y calibrar nuestros registros, especialmente considerando que cualquier pequeño cambio en la oxigenación registrada implicaría varios cientos de milímetros de lluvia”, apunta el investigador helvético.

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La investigación recorre el mundo

La investigación de Breitenbach sobre la estalagmita lo ha llevado a  sitios tan remotos como Siberia o el Tíbet.

Actualmente, en Siberia está examinando lo registros climáticos contenidos en el llamado permagel, esto es, la capa de hielo permanente en los niveles superficiales  y elevados de las regiones muy frías, que esconde grandes depósitos de metano y otros gases de efecto invernadero.

En India, el investigador del ETHZ trabaja activamente en estudiar los cambios en las precipitaciones del monzón, que han aumentado en frecuencia e intensidad durante los últimos años, lo que afecta a miles de millones de personas.

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swissinfo.ch


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