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Diferencias entre hombres y mujeres, también en materia de salud

© Keystone / Gaetan Bally

Un estudio reciente realizado en Suiza pone de manifiesto las desigualdades que se dan entre las mujeres y los hombres en materia de salud. Desigualdades relacionadas, en parte, con factores sociales. Sus coautoras sostienen que para mejorar la calidad de la atención sanitaria es fundamental tener más en cuenta la repercusión del género.

Este contenido fue publicado el 04 marzo 2021 - 11:00

Las mujeres que sufren un infarto tienen más riesgo de morir que los hombres; los varones cuando están deprimidos se suicidan más. Estos son solo dos ejemplos que muestran que, en cuestión de salud, las mujeres y los hombres se enfrentan a realidades diferentes.

Aunque hace décadas que se sabe, la ciencia médica acaba de comenzar a estudiar la importancia del género. Es decir, todos los comportamientos sociales, más allá de las diferencias biológicas relacionadas con el hecho de ser hombre o mujer, con la idea de que, por lo general, las desigualdades observadas provienen de una combinación de factores.

El caso de las enfermedades cardiovasculares es uno de los mejor documentadosEnlace externo. Consideradas durante mucho tiempo patologías masculinas, se han estudiado sobre todo en hombres. Ahora bien, los síntomas “típicos” que se derivan de estas observaciones se perciben menos en las mujeres.  

En el diagnóstico también pueden influir algunos estereotipos de la profesión médica. Por ejemplo, se tiende a recomendar menos a las mujeres a que consulten a un especialista o a que se sometan a una prueba de esfuerzo.

“En las mujeres el dolor torácico asociado a una crisis cardiaca tiene más probabilidades de que se interprete como que su origen fuera otro, como la angustia”, explica a swissinfo.ch Carole ClairEnlace externo, profesora y médico adjunta del Centro Universitario de Medicina General y Salud Pública (Unisanté) de Lausana y codirectora de la Unidad de Medicina y GéneroEnlace externo.

En el caso de la depresión –más extendida entre las mujeres– se ha observado un sesgo de género inverso, en perjuicio de los hombres. Y todos estos factores pueden conducir a una detección demasiado tardía o a un diagnóstico erróneo.

Medicina y género, un poco de historia

Según la revista médica suiza Revue médicale suisseEnlace externo, el enfoque de “medicina y género” hunde sus raíces en los años 70 y en el movimiento feminista de la segunda ola. En aquella época comienza a denunciarse el estatus que la profesión médica reserva a las mujeres. Y en los países anglosajones se crean centros de salud por y para las mujeres.

A partir de finales de los años 80 la infrarrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos se convierte en un tema a tratar; primero, en Estados Unidos. A raíz de esta movilización, en los años 90 se integra en la medicina la distinción sexo/género.  

Desde principios de la década de 2000 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha intentado incluir esta perspectiva en sus actividades. Y desde 2006 se invita a los Estados miembros de la Unión Europea a que también lo hagan.  

La Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) de Suiza dedica su primer informe al género y la salud a mediados de la década de 2000. Sin embargo, para la Revue médicale suisse en 2010 este campo sigue siendo “emergente”.

Los equipos de investigación más avanzados en esta área hoy están en Europa y Norteamérica, sobre todo. La Unidad Medicina y Género de Lausana es un referente en Suiza.

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Más años de vida aunque con menor calidad

Carole Clair y Joëlle SchwarzEnlace externo, doctora en epidemiología, socióloga y directora de la Unidad de Medicina y Género, se han sumado a la Oficina Federal de Estadística (OFS, por sus siglas en francés) para realizar un estudioEnlace externo que se publicó en diciembre y del que se ha hecho eco el periódico Le CourrierEnlace externo. Este trabajo analiza desde el punto de vista del género los resultados de la última Encuesta de Salud SuizaEnlace externo de 2017.

Según el estudio, en Suiza las mujeres viven de media cuatro años más que los hombres, pero sus indicadores de salud generalEnlace externo son peores.

Hay más mujeres que hombres que padecen, como mínimo, una enfermedad crónica o un problema de salud de larga duración, que declaran una falta de energía generalizada o que sufren trastornos del sueño o malestar psicológico. Su esperanza de vida sana es de 71,7 años, frente a los 70,7 años de los hombres.

Año a año la diferencia en la esperanza de vida tiende a reducirse. Este fenómeno (observado en muchos países) en gran medida es el resultado de un acercamiento de los estilos de vida “masculino” y “femenino”.

Un ejemplo de comportamiento de género adoptado por las mujeres de manera más tardía es el tabaquismo. Desde 1980 la prevalencia del cáncer de pulmón entre las mujeres suizas ha aumentado un 94%, mientras que en el caso de los hombres ha disminuido un 36%.   

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Desiguales frente al dolor

Las mujeres declaran tener más dolor crónico y son las mayores consumidoras de analgésicos. Así lo demuestra la encuesta sobre salud, y en la misma línea apuntan los datos relativos a la percepción del dolor en la Unión EuropeaEnlace externo (UE). Está claro que hay más mujeres que hombres que declaran un dolor de intensidad moderada o grave.

Desde el punto de vista biológico, algunos analgésicos pueden ser menos eficaces para las mujeres. Además de la cuestión de los ensayos clínicos en grupos de hombres, hace poco se ha demostrado que pueden activarse diferentes circuitos para producir y controlar el dolor.

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También se plantea la hipótesis del factor social. “Las mujeres han aprendido a expresar el dolor más fácilmente que los hombres, por lo que les resulta más sencillo consultar cuando les duele”, señala el estudio.

Sin embargo, las mujeres, en general, reciben dosis más bajas de analgésicos que los hombres. Incluso, de ansiolíticos. “Hay muchos ejemplos de subestimación o normalización del dolor en las mujeres”, reconoce Carole Clair.   

Una última pista podría estar relacionada con las desigualdades de género que existen en la sociedad. Las mujeres sufrirían más estrés psicosocial y dolor crónico debido a su situación habitualmente más desfavorable, porque siguen asumiendo una mayor parte de la carga familiar y doméstica, porque trabajan en empleos peor remunerados, etc.

Un determinante entre otros

El género es un determinante social entre otros, como son la etnia, el estatus socioeconómico o el nivel de educación, dice la socióloga Joëlle Schwarz.

Y también parece que influye el hecho de estar activo o no, ya que la salud de los hombres, en particular, parece verse más afectada por la ausencia de trabajo. La publicación revela que el dolor o ciertas dolencias físicas pueden alcanzar el mismo nivel entre los hombres inactivos o desempleados que entre las mujeres.

Pero la situación laboral difícilmente puede separarse de las normas sociales de género. “Este fenómeno podría explicarse por una presión social acentuada en relación con el papel del hombre como el principal proveedor de ingresos; ya que la identidad masculina claramente se define a través del trabajo profesional con más fuerza que en las mujeres”, precisa el estudio.    

“Para todos los indicadores presentados, hemos observado las diferencias entre mujeres y hombres, y hemos cruzado estos datos con las categorías de edad y nivel de educación”, subraya Joëlle Schwarz.

La paradoja del requerimiento para adelgazar

Otra disparidad es la relativa al peso. Hay más hombres que mujeres con sobrepeso u obesidad, tanto en Suiza como en la Unión EuropeaEnlace externo. El peso puede estar relacionado con la predisposición genética, pero también es resultado de la actividad física, la dieta y el comportamiento social.

En general, las mujeres prestan más atención a su alimentaciónEnlace externo. Y también están más insatisfechas con su peso que los hombres. Esta discrepancia podría entenderse por el fuerte factor social que exige a las mujeres estar delgadas, señala Joëlle Schwarz.  

“Por un lado, podría decirse que esto las protege del sobrepeso o la obesidad, pero con efectos nefastos en términos de malestar (...) y, en el otro extremo, están los problemas de los trastornos de alimentación, mucho más frecuentes entre las mujeres”, analiza la experta.

“Mejorar la atención de los pacientes”

El problema no se limita a los indicadores presentados en este estudio. “A poco que una persona se fije, hay diferencias en todas partes”, dice Carole Clair.

Reexaminar los datos teniendo en cuenta el sexo ha permitido descubrir que algunas quimioterapias causan más efectos secundarios en las mujeres, o que en el caso de un trasplante de riñón ellas corren mayor riesgo de rechazo, afirma la profesora. “La otra diferencia, sobre todo social, es que las mujeres donan muchos más órganos, pero los reciben con menos frecuencia”.

La osteoporosis –una enfermedad que afecta principalmente a mujeres– es una de las pocas áreas en las que la investigación ha incluido principalmente a las mujeres y en la que el pronóstico para los hombres es peor, añade esta médico.    

Desde marzo de 2020, Carole Clair y Joëlle Schwarz trabajan en el desarrollo de un índice de medición de géneroEnlace externo. El proyecto, financiado por el Fondo Nacional Suizo para la Investigación Científica (FNS), está destinado a la investigación en materia de salud en Suiza.

El objetivo es “conocer mejor para poder subsanar las desigualdades corregibles, con el fin de mejorar la atención al paciente”, indican.

Las desigualdades de género se agravan en tiempos de pandemia

El análisis diferenciado según el género ha puesto de manifiesto que han muerto más hombres que mujeres por la COVID-19. Sin embargo, más mujeres se han infectadoEnlace externo, sobreexpuestas al virus porque la mayoría del personal sanitario es femenino. Y también porque a menudo son ellas quienes asumen el papel de cuidadoras.   

Varias organizaciones internacionales prevén que la pandemia de COVID-19 vaya a agravar las desigualdades de género de manera considerable, no solo en el plano económico y social, sino también en el médico, sobre todo en los países en desarrollo.

Uno de los principales riesgos, según la OMSEnlace externo, es que se interrumpan los servicios de salud materna, sexual y reproductiva. Esto podría provocar miles de muertes y millones de embarazos no deseados y abortos peligrosos.   

Además, según una encuestaEnlace externo que Women Deliver y Focus 2030 realizaron en el verano de 2020 en 17 países y que se ha publicado a finales de enero, más mujeres que hombres han experimentado estrés emocional y problemas de salud mental en el contexto de la pandemia (el 37% de las mujeres encuestadas, frente al 27% de los hombres).

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Traducción del francés: Lupe Calvo

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