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Parlamentarios viajan a Corea del Norte Visita "condicionada" a un país aislado

Parte del paisaje urbano de Corea del Norte, las carretas tiradas por bueyes.

Parte del paisaje urbano de Corea del Norte, las carretas tiradas por bueyes.

“La situación es precaria, el país está parcialmente desindustrializado y se advierte la urgencia de apertura”, señala Peter Vollmer tras la visita de un grupo parlamentario a Corea del Norte. El antiguo consejero nacional (diputado) dice haber visto algunos cambios desde el viaje que hizo en 1985.

 “Uno de ellos es que los viajeros debieron dejar sus teléfonos móviles en el aeropuerto de Pjonjang”, relata el socialdemócrata Peter Vollmer. El grupo suizo pasó 10 días incomunicado del resto del mundo, sin internet, prensa extranjera ni televisión. “Se puede telefonear, aunque es complicado. Corea del Norte posee una red de telefonía móvil con frecuencia propia y hay acceso a internet, pero muy limitado. Por ninguna parte se ven antenas parabólicas”.

La delegación de 5 parlamentarios activos y 3 ex legisladores de diversos colores políticos comienza su viaje en la capital de Corea del Norte, Pionyang. Desde allí parten en autobús acompañados por el guía turístico y traductor norcoreano rumbo a Hwangu, Yonson, Kaeson, Wonson; admiran la cadena montañosa de Kumgang y van luego a la línea demarcatoria de Panmunjong entre las Coreas del Norte y del Sur, que aún no logran hacer la paz.

Calles limpias, vacías

“La construcción en Pionyang es intensa, se multiplican los edificios de viviendas”. Son visibles los retratos y monumentos de Kim Il Sung, el abuelo, y de Kim Jong Il, padre del actual líder del país, pero no hay anuncios luminosos ni otro tipo de publicidad. “En las casas hay luces escasas. Al caer la oscuridad de la noche se ve a la gente leyendo diarios o libros bajo el alumbrado público de las calles”, cuenta Vollmer.

Todo está limpio y cuidado. “En todas partes, incluyendo los pueblos, hay equipos civiles y de soldados que limpian y barren permanentemente”. Apenas hay circulación automotor. Ni hablar de vehículos privados.

“Nuestro autobús siguió su recorrido solitario en las autopistas marcadas por algunos baches debidos al uso. También viajamos por carreteras secundarias naturales empleadas para el secado de maíz y el tránsito de ciclistas. Fue una situación exigente para nuestro chófer que empleó dos horas en un tramo de 60 kilómetros”.

Abastecimiento alimentario

El grupo de parlamentarios visitó varios proyectos de cooperación impulsados por Suiza, entre ellos uno agrario sobre métodos de cultivo en laderas. “En Corea del Norte hay sitios parecidos a los del Emmental: regiones y colinas de inclinación leve seguidas de  laderas más pronunciadas y de muchas montañas sin apenas tierra de labranza útil. Suiza puede ofrecer bastante conocimiento (know-how) en este campo”, explica Vollmer.

Por otra parte, Suiza envía allí desde hace años leche en polvo enriquecida con vitaminas, empaquetada y distribuida por el Programa Mundial de Alimentos a lactantes, escuelas, hospitales y guarderías infantiles. “Ese proyecto tiene sentido y ayuda a la población”, comenta Vollmer.

Aún después de la hambruna pasada en los años de la década 1990, millones de seres humanos en Corea del Norte siguen dependiendo de la ayuda alimentaria del extranjero. Durante la visita a un orfanato, iniciado por Caritas, los visitantes suizos vieron niños de baja estatura, flacos. “Ya no se puede remediar los casos de malnutrición anterior, es deprimente”, lamenta el bernés.

¿Un país abatido?

A juicio del antiguo consejero nacional, en su visita al país en 1985 vio que el país se encontraba en un estado de exaltación. “Corea del Norte acababa de poner en marcha la mecanización agrícola y de construir sus propios tractores. La caída del Muro del Muro (de Berlín) en Europa y el colapso de la Unión Soviética llevaron a la bancarrota. De un día para otro, Rusia cerró el grifo del petróleo y lo abrió solamente a cambio de divisas. La economía norcoreana quedaba así al borde de la quiebra. Luego vino la gran hambruna, un revés gigantesco”.

El país actual tiene gran carencia de industrialización, la producción es mínima, la cosecha es modesta y la infraestructura obsoleta. Se ve fábricas que no funcionan y hay falta de repuestos como consecuencia de las sanciones internacionales.

“La gente se desplaza continuamente a pie, apresurada, con el sol en el rostro llevan la carga y marchan entre 20 y 30 km. A veces con carretas jaladas por bueyes”.

La insuficiente red ferroviaria sirve principalmente para el tráfico de mercancías y la gente se moviliza a menudo en camiones con 50 años de uso, relata Vollmer. En Pionyang hay tren subterráneo y trolebuses, “pero se estropean mucho y eso a veces obliga a que cientos de personas esperen al borde de la calle un autobús que quizás no llegue nunca…”

Percepción de una leve apertura

Los visitantes suizos no pudieron establecer contacto con las personas en la calle debido a problemas de idioma. “Algunas veces nos saludaban o sonreían”. Sin embargo, se llevaron a cabo conversaciones con representantes oficiales de los ministerios y durante las visitas a los proyectos y las fábricas.

“Hemos hablado amplia y francamente, pero eludieron dar respuestas con respecto al programa nuclear y las consecuencias negativas del boicot internacional.  La cuestión de los derechos humanos fue también abordada con vacilación”. Tampoco hubo comentario sobre si el líder en funciones desde diciembre pasado, Kim Jong Un, asistió a la escuela en Berna.

Vollmer señala que desde su última visita al país advierte cierta flexibilidad, aunque muy sutil. Tampoco sería tan notable el peligro de guerra casi neurótico. “Además, pudimos fotografiar todo, menos las instalaciones militares. Antes había un soldado estacionado en cada puente, cada calle o túnel y hoy ya no es el caso”.

En opinión del político bernés, Corea del Norte es un país pobre que intenta satisfacer las necesidades elementales de la población. Ha fracasado la política del aislamiento, ahora hace falta apertura, intercambio con el mundo exterior. Aunque el paisaje de Corea del Norte se parezca al del

Emmental, “el país sigue estando lejos de una sociedad civil democrática”.

En todo caso, y de ello está consciente Peter Vollmer, el grupo pudo ver apenas un retazo pequeño del país. Sin olvidar la omnipresencia de las personas acompañantes durante su visita de un par de días.

Un país bajo presión

Corea del Norte protesta contra la crítica de la ONU que en un informe acusa al país de cometer graves violaciones de los derechos humanos.

“Estamos orgullosos del excelente sistema de promoción y protección de los derechos humanos en nuestro país”, replicó a principios de noviembre el embajador norcoreano ante la ONU, Kim Song, durante una comparecencia en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Nueva York. El diplomático calificó el informe de “producto de una política hostil de Estados Unidos y la Unión Europea con su país”.

El informe de Naciones Unidas nombra varios campos de presos políticos, donde los trabajos forzados, la tortura y castigos corporales están en la orden del día. Según los cálculos de la ONU hay entre 150.000 y 200.000 personas detenidas en los campos de prisioneros.

A juicio del relator especial de la ONU sobre la situación en Corea del Norte, Marzuki Darusman, más del 60% de la población sufre de carencia alimentaria.

Por otra parte, Corea del Norte es objeto de la crítica internacional por su programa de armamento nuclear. Tras el primer ensayo nuclear de 2006, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impuso sanciones contra Pyongyang, y las endureció más luego de la segunda prueba norcoreana hecha en 2009.

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Suiza y Corea del Norte

Suiza participa desde 1953 en la Comisión Neutral de Observadores para Corea del Norte. Al principio de su misión en la línea demarcatoria que divide a las dos Coreas contó con 146 oficiales desarmados; hoy lo hace con apenas cinco.

Berna tiene relaciones diplomáticas con Pyongyang desde el año 1974.

Suiza y Corea del Norte mantienen desde el 2003 un diálogo político anual alternativo: una vez en Berna y otra en Pyongyang.

Suiza cuenta desde 1997 con una representación de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) en Pyongyang.

A finales del 2011, Suiza puso fin a gran parte de su cooperación al desarrollo en Corea del Norte, pero mantiene su ayuda humanitaria al país. En ese contexto envía desde 1995 leche en polvo mediante el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas.

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Traducción, Juan Espinoza , swissinfo.ch


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