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Posponen decisiones sobre problemas ambientales

Doris Leuthard, ministra suiza de Medio Ambiente, durante su discurso en Río. Keystone

Clausurada el viernes 22 por la Presidenta de Brasil Dilma Rousseff, la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sustentable, más conocida como Río+20, logró resultados que dividen opiniones.

Este contenido fue publicado el 25 junio 2012 - 11:00
Maurício Thuswohl, Traducción, Sergio Ferrari, swissinfo.ch

Uno de los principales objetivos de Río+20, la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS)  fue postergado para 2014. Hasta entonces será cumplida una agenda de discusiones sobre el tema, de forma que los ODS puedan ser adoptados oficialmente en 2015, en sustitución de las Metas del Milenio: “Ese fue uno de los grandes avances de la conferencia” evalúa Antonio Patriota,  ministro brasilero de Relaciones Exteriores.

La decisión concreta más esperada por los países en desarrollo, la creación de un Fondo de Desarrollo Sustentable también fue postergada. Con un monto previsto de US$ 30 billones anuales a ser utilizados para financiar acciones  que combatan al calentamiento global en los países más pobres, el fondo no se materializó debido a la presión de los países ricos, quienes deberían ser, justamente, sus principales donantes. El motivo esgrimido para posponer la creación del fondo es la crisis económica que golpea, sobre todo, a los Estados Unidos y a la Unión Europea.

De los tres pilares imaginados  por la ONU para encaminar las discusiones durante la cumbre,  la erradicación de la pobreza también terminó siendo citada de forma rápida en la declaración final de Río+20, titulada “El Futuro que Queremos”. Incluso así, por exigencia de los Estados Unidos de América, fue incluida la palabra “extrema” en la redacción definitiva del documento. La discusión sobre un nuevo sistema de gobernabilidad ambiental global tampoco logró avances, siendo aceptada la creación de un “panel de alto nivel” para discutir el tema en el ámbito de la ONU.

Tercer pilar, la discusión sobre la economía verde, principal tema de polémica entre gobernantes, economistas y ambientalistas en los meses que precedieron a Río+20, también está presente de forma vaga en la declaración final de la conferencia: “Somos casi doscientos países y tenemos innumerables visiones diferentes sobre lo que debe ser la economía verde. Avanzamos en lo que fue posible” afirmó el alemán Achim Steiner,  Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El debate sobre el fortalecimiento del PNUMA fue uno de los puntos sobre los cuales más se avanzó en Río+20. A pesar de no haber sido aprobada la transformación del programa en una agencia autónoma y especializada según el molde de la Organización Mundial del Comercio (OMC), como quería la Unión Europea, se dio la señal verde para el aumento de las inversiones para la ampliación del estatus del PNUMA ya partir de la 67ª Asamblea General de la ONU, prevista para septiembre en Nueva York.

Estados Unidos y la Unión Europea

La adopción de compromisos más concretos en Río+20 dependía de condiciones de financiamiento  que no fueran garantizadas por los países más ricos envueltos en sus crisis financieras. Los Estados Unidos de América, por ejemplo, vetaron cualquier discusión sobre el Fondo de Desarrollo Sustentable.

En año electoral, el presidente Barack Obama evitó el espinoso tema ambiental y su país fue representado en Río+20 por la Secretaria de Estado Hillary Clinton, que permaneció apenas un día en Río de Janeiro, donde anunció una ayuda de US$ 20 millones asignada por su país solamente para proyectos de generación de energía limpia en África.

Debilitada por la ausencia de los primeros ministros de Alemania, Angela Merkel y de Gran Bretaña, David Cameron, la Unión Europea también se opuso a la adopción de cualquier compromiso concreto de financiamiento, pero tuvo en el presidente de Francia una voz disonante. François Hollande defendió en Río+20 la tasa a las transacciones financieras internacionales y lamentó el tono de la declaración final de la conferencia:

“El documento quedó muy por debajo de las expectativas. Si no fortalecemos el PNUMA y no adoptamos mecanismos de financiamiento a las acciones ambientales, no lograremos nuestros objetivos”.

“Objetivos logrados”

Incluso reconociendo que los avances hubieran podido ser mayores, tanto el gobierno brasilero como la ONU califican a Río+20 como un éxito.

El representante chino Sha Zukang, Secretario General de la conferencia, señaló en una entrevista colectiva que “los únicos objetivos asumidos por Río+20, que eran renovar el compromiso político internacional con el desarrollo sustentable y reafirmar los principios de 1992, fueron alcanzados”.

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, que en un primer momento calificó la declaración final de Río+20 como “vaga” , cambió el tono después de la clausura de la cumbre: “El documento responde a nuestras preocupaciones en relación a la igualdad social, al desarrollo económico y a la sostenibilidad. Además, incluye recomendaciones muy claras”, expresó.

Anfitriona de Río+20, la Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, destacó el esfuerzo colectivo de las delegaciones de cada país para que fuese posible la aprobación de una declaración final en la conferencia y pidió que de aquí hacia el futuro todos implementen las recomendaciones asumidas:

“Cada país puede y debe avanzar en relación a los compromisos e ir más allá del documento.  Por lo tanto, ningún país tiene el derecho de restar por debajo de los acuerdos del documento”, expresó.

Metrópolis

Reunidos durante la cumbre Rio+20 para el encuentro con el ‘Climate Leadership Group (C40), los alcaldes de 59 ciudades del mundo anunciaron un nuevo compromiso para reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero.

Durante una conferencia de prensa colectiva dirigida por el alcalde de Nueva York y el presidente del C40, Michael Boomberg, se anunció la meta de evitar la emisión de 1,3 billones de toneladas de gases antes de 2030.

Si se consigue este objetivo, Bloomberg considera que se reducirán las emisiones de gases con efecto invernadero generados por las grandes metrópolis hasta en un 45% para el 2030.

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