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Ruanda, 18 años después Coexistencia entre genocidas y sobrevivientes

(Keystone)

Tras uno de los más terribles intentos de extermino de la Historia, la restitución de bienes robados es aún motivo de gran conflicto. Al sur ruandés, diversas asociaciones, con respaldo helvético, se ocupan de que las partes encuentren soluciones.

En la cumbre de una de las innumerables colinas del suroeste ruandés, la efervescencia conquista poco a poco el pequeño pueblo de Cyendajuru. En unas horas iniciará la fiesta local por los 25 años de la creación del Frente Patriótico Ruandés (FPR), el partido en el poder tras el fin del genocidio de 1994.

Mientras que un puñado de hombres se ocupan de montar un rudimentario armazón para sostener la tienda donde se celebrarán las festividades, otra reunión también está a punto de comenzar en la sala municipal, justo al lado.

Al llamado de la Asociación Modesto e Inocente (AMI), apadrinada por la ONG Eirene Suiza, unos cuarenta sobrevivientes y antiguos prisioneros condenados por genocidio y crimenes relacionados -como hurtos y destrucción de bienes-, se reúnen cada semana en el intento de resolver pacíficamente sus conflictos.

  

Oficialmente, los Gacaca -los tribunales populares encargados de juzgar a cerca de 2 millones de hutus, acusados de participar en la masacre de unos 800.000 tutsis y hutus moderados-, dieron a conocer sus veredictos el 18 de junio de 2012. El objetivo de sus jurisdicciones fue no sólo el ejercicio de poner en marcha una suerte de catarsis nacional, sino también vaciar las prisiones adaptando y reduciendo las penas a aquellos que rindieron testimonio de lo sucedido.

Pero para muchos de los sobrevivientes resulta insoportable ver volver a sus comunidades a sus verdugos. Condenados por haber robado o destruido los bienes de sus víctimas, los ex detenidos no tienen los medios para reparar sus culpas materiales. Situación a priori intrincada, fuente potencial de nuevos vaivenes hacia la violencia y la abominación.

Encontrar la “paz del corazón”

“Cuando comenzamos a crear los grupos de acercamiento, los exprisioneros y los sobrevivientes del genocidio acudían a la sala, pero se sentaban cada grupo en lados opuestos y se rehusaban a conversar juntos”, explica David Bazirankende, de AMI.

Dos años después, la atmósfera cambió radicalmente. Inmaculada, Mukankundiye, de 56 años, es la primera en tomar la palabra. Los otros escuchan religiosamente su testimonio. “Jamás me hubiese imaginado poder acercarme a los verdugos de mi familia. Gracias a las reuniones del grupo, pudimos restablecer relaciones de convivencia”.

Los métodos de AMI tienen base en la terapia social, la superación de los prejuicios, la verbalización de emociones antes escondidas y la gestión del estrés a través de ejercicios respiratorios. La resiliencia (capacidad humana de sobreponerse al dolor emocional), o “paz del corazón”, como se le llama en Ruanda, es un motor fundamental de la reconciliación.

Pero al centro del dispositivo de acercamiento también está la reparación y la restitución de los bienes robados o dañados durante el genocidio. Para el Estado ruandés, el problema fue arreglado ya por los Gacaca. En realidad, numerosos convenios de indemnización no podrán ser ejecutados. “Los conflictos relacionados con esta restitución se acentúan por la gran precariedad que reina en las regiones rurales”, explica Jérôme Strobel, de Eirene Suiza.

En el caso concreto de esta región, 154 de un total de 605 procesos de restitución de bienes no pudieron ser llevados a cabo, explica la secretaria general del poblado, Athanasie Mukangoga.  

Con ayuda de los animadores de AMI, se buscan soluciones, caso por caso. Gracias a pequeñas cotizaciones mensuales de los miembros del grupo, Jativa Muamzabamdora pudo restituir los bienes robados por su esposo a tres lugareños.

Actividades agrícolas en común

Regularmente se organizan actividades agrícolas en común en las tierras de una de las víctimas, lo que permite reembolsar más rápidamente las deudas. “Al final de la jornada laboral, compartimos cerveza y comida. La confianza se ha restaurado”, explica Bertilde Mukanyandwi, muy contenta de haber podido finalmente restituir a un miembro del grupo los árboles que ella le robó durante el genocidio.

“Estas actividades juntos permiten también terminar con el miedo a los azadones y a los machetes, utensilios utilizados para matar, y que de nuevo vuelven a convertirse en simples artefactos agrícolas”, añade David Bazirankende.

Cuando grandes sumas de dinero están en juego, AMI incita a las víctimas a mostrarse indulgentes y a encontrar un acuerdo sobre las modalidades del pago, si los culpables muestran su arrepentimiento sincero. Pero esto no es siempre sencillo.

“Me deben aún 35.000.000 de francos ruandeses (alrededor de 60.000 francos suizos) por el saqueo de mi negocio, la destrucción de mi casa y la masacre de mis vacas. Los que hicieron todo esto no vienen aquí y se rehúsan a reembolsar su deuda”, se queja Générose Mukarwego.

El debate se anima, pero también hay risas y sonrisas que muestran ya el camino recorrido por los miembros de este grupo en su proceso de reconciliación. “Esto está lejos de todo lo que esperábamos. Al fin del genocidio, nadie pensaba que los ruandeses podrían vivir de nuevo juntos”, se felicita David Bazirankende.

Región prioritaria de Suiza

Debido a la interdependencia histórica, geopolítica y económica de Ruanda, la República Democrática del Congo y de Burundi, Suiza realiza un acercamiento regional en materia de cooperación y de ayuda al desarrollo. En 2012, empleó 37.7 millones de francos, principalmente en los ámbitos de salud y gobernanza.

A partir de 2013, la región de los Grandes lagos será prioritaria de la cooperación helvética. Realizará proyectos de desarrollo económico, especialmente en la formación profesional, la agricultura y la producción ecológica de materiales de construcción.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Suiza estima que “tras la tragedia de 1994, Ruanda ha alcanzado resultados notables en los sectores de salud, educación y agricultura. Importantes reformas fueron implementadas, para mejorar el acceso de la población a los servicios básicos”.

No obstante, Suiza subraya que “el desarrollo económico y social no debe hacerse en detrimento de un espacio democrático limitado, tendencia observada en Ruanda. La libertad de expresión continúa restringida y los medios no pueden ejercer plenamente su papel”.

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Participación ciudadana

Otros grupos organizados con el mismo objetivo se han transformado en verdaderas fuerzas de unión ciudadana en un país administrado tradicionalmente de manera vertical y autoritaria.

No obstante, el proceso de reconciliación sigue siendo extremadamente precario. Pese a haber sido eliminada de la Constitución desde 2003, la referencia étnica se mantiene omnipresente. Pueblos sobrepoblados, aumento de los desequilibrios entre la capital y las provincias y la falta de recursos naturales son algunos de los desafíos que amenazan el frágil equilibro ruandés.

Antoine Mdikuyayo reconoce que la vida no es una sinecura en estas colinas, lejanas al frenesí inmobiliario que se ha instalado en la capital, Kigali. El agua y la electricidad faltan y alimentar a sus tres hijos resulta un desafío diario. Pero Antoine prefiere ver las cosas del lado positivo: “En nuestra comunidad no es raro que el hijo de algún genocida se case con la hija de un sobreviviente, o viceversa. Hace apenas unos años, algo impensable”.


Adaptación: Patricia Islas, swissinfo.ch


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