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Una profesión arriesgada La calidad suiza compite en las cimas alpinas

Por
(Keystone)

Ser guía de montaña es un oficio peligroso. Se cobra por ayudar a los clientes a ascender y descender cimas, y se asumen riesgos de avalancha o desprendimiento de rocas. Sin embargo, en el presente, las amenazas vienen de la competencia extranjera.

Este verano, el mundo recordó los riesgos que entraña el montañismo cuando una avalancha en el Mont Blanc enterró a varios alpinistas y algún guía. Nueve personas murieron –un guía helvético entre ellas- y varias más resultaron heridas.

Pero este accidente dirigió la atención también hacia otro problema menos conocido: la movilidad de los guías. Algunos de ellos habían viajado a través de Europa con sus clientes para acompañarlos en el ascenso del Mont Blanc, la montaña más alta de los Alpes (4.810 metros) hallada a horcajadas entre Francia e Italia.

Suiza, con su colección de cumbres majestuosas -muchas de ellas superiores a los 4.000 metros de altitud- es un destino popular para los alpinistas del mundo entero.  Sin embargo, debido a la fortaleza del franco suizo y al elevado costo de la vida del país es cada más frecuente contratar a guías de otros países para ahorrar dinero.

La Asociación Suiza de Guías de Montaña recomienda a sus monitores cobrar alrededor de 645 francos suizos por día de trabajo (659 dólares), una referencia que puede variar en función de la temporada del año, el número de participantes, o la duración y complejidad de la expedición.

Los recorridos con guías de compañías basadas en países de la Unión Europea (UE) son mucho más baratos. Por ejemplo, la Asociación de Guías de Montaña y Esquí de Alemania ofrece una tarifa de 300 euros (442 dólares). Con un tipo de cambio de 1,20 francos por euro, este monto equivale a 360 francos, lo que implica un importante ahorro para los clientes, especialmente si se trata de una expedición de varios días.

Gian Luck, jefe de la escuela de alpinismo de Pontresina (cantón Grisones), confirma a swissinfo.ch que se observen cada vez más guías extranjeros en las montañas del sureste de Suiza, su región natal.

¿A qué precio?

“Algunas compañías suizas son famosas por trabajar solo con guías de origen alemán. Y algunos clientes suizos también prefieren contratar guías extranjeros para ahorrar dinero. Somos una comunidad pequeña y todo se sabe”, expresa el monitor.

El trabajo de Luck y de otros guías de la escuela de Pontresina es de lo más variado. Un día pueden enseñar los principios básicos del alpinismo a un escalador novel y otro, asistir a un montañero experimentado en el ascenso a la cumbre de sus sueños.

“No tengas miedo de pisar con fuerza. Más crampones clavados en el hielo serán siempre mejor que unos cuantos”, dice Luck a un principiante que se familiariza con estas púas del calzado de los alpinistas. Luego le explica cuán importante es usarlas correctamente para evitar accidentes al avanzar en el hielo.

El guía señala a swissinfo.ch que los esfuerzos de reducción de costos que realizan algunas compañías pueden redundar en riesgos y cita que ha escuchado que guías de otras escuelas aceptan más clientes de los recomendados para las excursiones a la Piz Palü, uno de los picos más conocidos de la región.

"Siempre hay una razón por la cual un guía decide salir con tres personas y no con cuatro. Es lo más seguro para todos. Todo el mundo va amarrado con la misma cuerda, si una persona cae, el resto también lo hará”, explica.

Embaucados

Hermann Biner, presidente de la Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (UIAGM), comparte las palabras de Luck y afirma que algunas compañías están aumentado el número de clientes recomendados para las expediciones alpinas con el solo objeto de aumentar sus ingresos.

“Las grandes escuelas de la región alpina frecuentemente asignan seis o siete clientes a cada guía en los recorridos por la montaña Monte Rosa esperando que éstos terminen tan cansados que no alcancen el pico Dufour”, precisa.

Una práctica que entraña grandes riesgos, ya que el número de clientes recomendado para una excursión a esta montaña del cantón del Valais -cuya cima se encuentra a 4.618 metros de altitud- es de máximo dos.

“Es cierto que debido al franco suizo sentimos la presión de los guías de otros países. Pero muchas otras organizaciones y sectores viven lo mismo. Creo que aquí el verdadero problema es que algunos monitores no están respetando las reglas esenciales de seguridad locales, como el número de clientes que deben aceptar en un recorrido”, expresa Biner.

No obstante, reconoce que parte de la misión de la UIAGM, fundada en 1965, es “facilitar las oportunidades de que los guías de montaña trabajen en el extranjero, en cimas del mundo entero”.

La IFMG representa asociaciones de guías de 20 países, incluida Suiza, y tiene un total de 6.000 miembros. Biner, nacido en Zermatt y monitor de montaña desde hace 40 años, no mira con malos ojos la competencia tarifaria que enfrentan actualmente los guías suizos.

En su caso, Luck refiere que su escuela ha enfrentado el reto de los precios enfatizando la experiencia que tiene su compañía, la elevada calidad de sus recorridos, la atención esmerada y elevada seguridad que brinda a los clientes. A principios de agosto, la escuela de alpinismo de Pontresina había registrado 5.000 clientes durante el periodo del verano, su mejor dato en cinco años.

Una nueva era

Luck también ha sido actor activo de la introducción de la escuela de Pontresina –que se publicita como la más antigua del cantón de los Grisones- en la era actual de las aventuras al aire libre. La institución ofrece actividades que van desde caminatas en los glaciares y recorridos por las montañas más escarpadas, hasta descensos de barrancos o ascensos vía ferrata –es decir, en rutas equipadas con clavos, grapas, pasamanos y puentes colgantes– para ayudar a los senderistas noveles, o para facilitar el acceso a zonas muy difíciles a los experimentados.

"Está claro que soy capaz de hacer este viaje por mi cuenta. Pero al ir con mi familia me siento mucho más seguro si salimos con un profesional que pertenece a la zona”, explica un hombre de Lucerna durante una visita guiada a un glaciar.

El guía que lo acompañará es Werner Steininger, quien ataviado con un gorro emplumado parece salido de un libro de historia de guías suizos de montaña. El monitor ha trabajado para la escuela de Pontresina durante los últimos 20 años y exuda esa autenticidad que tanto aprecia quien paga por una expedición en los Alpes suizos.

 “Quizás yo sea el último guía de montaña que aún fuma pipa", dice Steininger, mientras coloca tabaco en la suya, divirtiendo con su gesto al pequeño grupo de excursionistas que se apresta para iniciar un tour de cinco horas que los conducirá de la cima del pico Diavolezza al glaciar Morteratsch.

De los 80 guías que trabajan para la escuela de Pontresina durante la temporada alta en verano, la mayoría son originarios del cantón de Los Grisones o viven de forma permanente aquí. Solo dos de ellos no son suizos –aunque uno viene de la frontera entre Suiza e Italia. Para Luck, el conocimiento y la pericia locales hacen toda la diferencia entre su escuela y la competencia.

Desgracias en la montaña

Cada año, una media de 124 personas pierden la vida en los Alpes suizos por accidentes.

Los alpinistas experimentan la mayor parte de las desgracias (64 en 2011), seguidos por quienes hacen recorridos en la parte superior de los Alpes (lo que con frecuencia exige habilidades en materia de alpinismo), y por los esquiadores.

Otras actividades de ocio causaron 22 pérdidas humanas el año pasado, entre ellas, la caza (8), la caminata con raquetas de nieve (7), e incluso la recolección de champiñones (3).

La mitad de las muertes en las montañas se verifican durante la temporada de nieve.

Según la estadística, en el ejercicio de deportes y pasatiempos en los Alpes, el número de hombres que muere es entre cuatro y cinco veces mayor que el de las mujeres.

Fuente: Club Alpino Suizo

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(Traducción: Andrea Ornelas), swissinfo.ch


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