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Suiza-Unión Europea "Con o sin acuerdo, Suiza se encuentra en un callejón sin salida"

Un grupo de gente de espaldas vota a mano alzada

El periodista y escritor Steffen Klatt sostiene que Suiza debería exigir la codecisión en la Unión Europea en los temas que afectan al país.

(Keystone)

La política europea de Suiza ha sido objeto de numerosos diagnósticos. En su nuevo libro ‘Blind im Wandel. Ein Nationalstaat in der Sackgasse" (Ciego ante el cambio. Un Estado nacional en un callejón sin salida), el periodista alemán Steffen Klatt presenta un punto de vista novedoso pero, al mismo tiempo, poco reconfortante. swissinfo.ch entrevista al autor.

swissinfo.ch: Suiza se halla de nuevo negociando en Bruselas. ¿Necesitamos ese acuerdo marco?

Steffen Klatt (S. K.): Con acuerdo o sin acuerdo, Suiza se encuentra en un callejón sin salida. No quiere formar parte de la Unión Europea (UE), pero quiere participar del mercado único. Por ese motivo está obligada a aceptar las normas de ese mercado sin poder sentarse a la mesa en la que se deciden dichas normas.  

Es un problema que existe desde hace 30 años. En 1989, cuando Jacques Delors, entonces presidente de la Comisión Europea, impulsó la creación del Espacio Económico Europeo (EEE), se propuso que los países integrantes de este acuerdo pudieran también participar en la elaboración de las reglas. Suiza intervino entonces en las negociaciones con la intención de obtener tal derecho de decisión. Pero no lo consiguió. Desde entonces, la UE ha cambiado mucho, pero la situación de Suiza ha seguido siendo la misma.

Steffen Klatt (* 1966) estudió historia, filosofía y literatura en Berlín, Basilea y Odense (Dinamarca) y economía política en Leipzig.

De 1995 a 2005 trabajó para el ‘St. Galler Tagblatt’ como corresponsal ante la UE y la OTAN y como corresponsal en la Suiza francófona.

Desde 2005 dirige la agencia de noticias ‘Café Europe’, de la que es fundador.

(Claudia Berger)

swissinfo.ch: 1992 marcó un punto de inflexión. El rechazo a la adhesión al EEE dio lugar a la vía bilateral. En 2014 se aprobó la iniciativa sobre la inmigración masiva. Su libro se publica en 2018. ¿Por qué ahora?

S.K.: La iniciativa contra la inmigración masiva ha mostrado un problema fundamental de la democracia suiza. En realidad el 9 de febrero de 2014 el pueblo suizo ha dicho que no quería continuar con los acuerdos bilaterales que habían sido aprobados con anterioridad en cinco ocasiones. El problema adquirió entonces una dimensión diferente.

El Consejo Federal [gobierno] y el Parlamento implementaron fielmente esas cinco decisiones del electorado, integrándolas en una larga serie de leyes y reglamentos. Y de repente, el pueblo cambia de opinión. Si se hubiera tomado esa votación al pie de la letra, el resultado habría sido la ruptura de los acuerdos bilaterales. Naturalmente, al final el Parlamento acabó encontrando una solución ingeniosa desde el punto de vista jurídico. Pero el problema fundamental sigue ahí.

Además de la iniciativa sobre la inmigración masiva, existe una serie de cuestiones de política europea que cada dos meses provocan una crisis real o aparente. El ejemplo más reciente es la regla de los ocho días, pero también están el fin del secreto bancario, la fortaleza del franco suizo o la evolución del sector energético, que parece pasar de ser la gallina de los huevos de oro a convertirse en destinatario de limosna. La acumulación de elementos disfuncionales en la economía y política suizas es muy notable. Alguien debería escribir algo sobre eso.

swissinfo.ch: En el caso de la iniciativa contra la inmigración masiva la contradicción es evidente: la implementación se desvía mucho del texto original.

S.K.: Eso significa que el pueblo hoy ya no es soberano y que la democracia directa no mantiene lo que promete, es decir, ser la voz de los ciudadanos. Hoy el ciudadano ya no tiene participación significativa en la toma de decisiones. En realidad, se trata de una democracia representativa en la que los partidos pueden en última instancia bloquearse mutuamente. Un sistema en el que, cuando los partidos fracasan en el Parlamento, pueden todavía tener su revancha en las urnas.

swissinfo.ch: Es posible que de hecho sea así. Sin embargo, la democracia directa está anclada en los derechos de los ciudadanos y son vinculantes. Nadie en Suiza se atrevería a tocarlos.

S.K.: Estos derechos populares se remontan a una época en que el Estado decidía por si solo las pocas reglas que tenía que establecer. Hoy esas reglas vienen de Bruselas. Por eso hay que adaptar la democracia directa y decir que nosotros, el pueblo, queremos tomar las decisiones fundamentales.  Así, podemos tranquilamente dejar que sean los parlamentarios los que decidan como convertir en ley esas decisiones.

Por ejemplo, la votación sobre la revisión del AHV/AVS (seguro de vejez y supervivencia) fue tan compleja que la propia izquierda no llegó a ponerse de acuerdo sobre si había que aceptarla o rechazarla. Y sin embargo las cuestiones fundamentales no se discutieron: ¿estamos dispuestos a trabajar más tiempo, a pagar más impuestos o por el contrario aceptamos recibir una pensión más baja cuando nos jubilemos? Pasar más de cinco años elaborando una revisión del AHV/AVS que finalmente fracasa por una coma es simplemente ineficacia política, nada más.

swissinfo.ch: Usted habla de una democracia en la que el pueblo da el impulso y define las grandes líneas maestras del proceso político en su parte central. ¿Puede explicarnos esto?

"El 9 de febrero de 2014 el pueblo suizo dijo que no quería continuar con los acuerdos bilaterales que habían sido aprobados con anterioridad en cinco ocasiones"

Fin de la cita

S.K.: Actualmente podemos intervenir, al inicio, lanzando una iniciativa o, al final, mediante un referéndum. Pero no podemos participar en la parte central del proceso, cuando se toman las decisiones importantes. Mientras creamos que disponemos realmente de un derecho de participación todo irá bien. Pero en el momento en que ya no lo creamos –por ejemplo, una gran parte de los votantes de la UDC [Unión Democrática de Centro, derecha conservadora] no lo creen- tenemos un problema.

swissinfo.ch: Todo eso sería un síntoma de un problema mayor que usted denomina el declive del “capitalismo helvético”. ¿Qué quiere decir con ello?

S.K.: La particularidad del Estado federal suizo es que tuvo su origen en la época en que nació el capitalismo y se formó la sociedad industrializada en este país. En principio, ese Estado federal original era una gran coalición formada por una parte por artesanos y comerciantes –los demócratas– y por otra por industriales como Alfred Escher.

Dicho de manera sencilla, ese compromiso básico funcionaba de la siguiente manera: los industriales conseguían un Estado federal y podía regular así sus relaciones con el extranjero; y los comerciantes, artesanos y pequeños empresarios decidían lo que ocurría en el interior de los cantones. En principio el Estado suizo era el órgano político de las grandes empresas suizas, una especie de economiesuisse [federación de empresas suizas] mejorada.

Ese acuerdo también explica por qué la riqueza está tan bien distribuida en Suiza, por qué todos tenemos salarios relativamente altos. Aquí la redistribución no ocurre en un segundo momento, sino que todos los sectores de la sociedad están involucrados en la generación de riqueza. Ese ‘new deal’ a la suiza ha funcionado mientras Suiza podía formular sus propias reglas. Pero el sistema se ha hundido desde el momento en que esto ya no ha sido posible.

swissinfo.ch: Pero este fenómeno no afecta solo a Suiza. Franca sigue una política industrial activa y en Alemania la Baja Sajonia participa en la VW.

S.K.: Tiene toda la razón. Los otros sistemas políticos intentan también servir a su clientela. Sin embargo, se ve claramente que ya no funciona como antes. Si no hubiera existido el mercado interno europeo, el ‘escándalo Diesel’ se hubiera resuelto de otra manera. Berlín no ha podido defender a Volkswagen, mientras que en 2008 el Gobierno suizo consiguió salvar al banco UBS. Los Estados miembros de la UE están obligados a adaptarse a la nueva situación. Suiza ha conseguido mantenerse al margen durante mucho tiempo, pero ahora está pagando el precio de ello.

swissinfo.ch: En su libro usted dice que Suiza está desamparada ante Europa. ¿Quién está más desamparado: los partidos, el Consejo Federal o el Parlamento?

S.K.: Todos los partidos se han quemado los dedos con la política europea. Tengo la impresión de que incluso la UDC vacila al abordar el tema y se diría que no le interesa ganar puntos en esta cuestión. Falta simplemente el valor político de exigir la codecisión en los temas que nos afectan.

La codecisión fue un tema impulsado por los consejeros federales [ministros] René Felber [Exteriores] y Jean-Pascal Delamuraz [Economía] y por el Secretario de Estado Franz Blankart. El secretario de Estado actual ya no lo hace, y es un error. Que al final obtengamos la codecisión es otra cuestión, pero lo primero que hay que hacer es exigirla.

De hecho, Schengen demuestra que se pueden lograr muchas cosas. Codecisión significa también que debe haber diputados suizos en el Parlamento Europeo cuando se aprueben directivas que luego vayan a tener validez de ley en Suiza. Esta idea era completamente marginal cuando la expuse por primera vez.

Pero entretanto, ahora también hay voces en la UE que reclaman esto mismo. Habrá que volver a incluir a Gran Bretaña y hay países como Ucrania que desearían entrar en el mercado único, pero que no pueden o no quieren integrarse a nivel político. Por lo tanto, si Suiza exige la codecisión, cosa que Delors prometió hace 30 años, hará un favor a la Unión Europea.

Foto en blanco y negro de los ministros Felber y Delamuraz con el secretario de Estado Kellenberger

Los ministros Delamuraz (centro) y Felber (dcha), aquí con el secretario de Estado Jakob Kellenberger en 1992, reivindicaron el derecho de codecisión.


(Keystone)

swissinfo.ch: Cuando hablamos de codecisión me viene a la mente el editor del semanario ‘Weltwoche’ y diputado nacional de la UDC Roger Köppel. En una ocasión afirmó que era un error pensar que el derecho a la codecisión en la UE reforzaría la soberanía suiza porque en realidad lo único que saldría reforzado sería la soberanía del Consejo Federal. ¿Qué opina usted?

S.K.: Básicamente tiene razón: muchos gobiernos han podido fortalecer su poder gracias a Bruselas. Pero hace un año y medio la región belga de Valonia consiguió parar la firma del acuerdo de libre comercio entre Canadá y la UE.  ¿Por qué? Porque el derecho belga exige que todas las regiones ratifiquen este tipo de acuerdos. También el Gobierno danés tiene que consultar con su comisión de asuntos europeos antes de ratificar esos acuerdos.

La UE tiene una larga experiencia con el rechazo popular. Pero lo que no aceptaría es que un nuevo miembro pueda bloquear cualquier negociación europea. Sin embargo, sí aceptaría diferencias de implementación a nivel nacional, ya que ahí hay margen suficiente para el ejercicio de los derechos populares.

"Falta simplemente el valor político de exigir la codecisión en los temas que nos afectan"

Fin de la cita

swissinfo.ch: ¡Por tanto, hay más democracia en Suiza que en la UE!

S.K.: Antes el Parlamento Europeo era una farsa. Hoy es una asamblea democrática normal. Con menos competencias que el Bundestag alemán, pero más que la Asamblea Nacional francesa. Y la democratización de la UE todavía no ha terminado.

swissinfo.ch: Considerando todos los problemas de la UE, ¿por qué querer entrar a formar parte?

S.K.: No estoy a favor de que Suiza deba obligatoriamente unirse a la UE. Pero no todos los problemas que se debaten acaloradamente en la UE deben verse como una crisis real. También la política interna suiza es dura y a veces controvertida. Y nadie dice por ello que Suiza esté a punto de descomponerse.

Tenemos que poner nuestra relación actual con la UE sobre una base democrática. El mercado único no se cuestiona en la UE. Pero hoy día para Suiza solo es interesante ese mercado único. Ahí deberíamos estar y participar en las decisiones.

swissinfo.ch: ¿Qué opina de esta idea: Suiza se somete al Tribunal Europeo de Justicia y a cambio obtiene un escaño en el Consejo de Ministros de la UE?

S.K.: También podría someterse al Tribunal de Justicia de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) que estuvo presidida hace poco por el suizo Carl Baudenbacher y que además es un invento suizo. Con uno o dos suizos en el plantel de jueces sería el tribunal ideal.

swissinfo.ch: ¿Por qué esta solución no es atractiva para nadie?

S.K.: Pienso que ningún partido cree que pueda ganar votos con una idea de este tipo un año antes de las elecciones. Pero si Suiza no lo exige, ¿quién lo hará? Gran Bretaña estará ocupada con sus propios asuntos durante años, Noruega se ha acomodado a la situación actual y además no está organizada en términos de democracia directa como Suiza. Somos nosotros quienes debemos exigirlo.

swissinfo.ch: Usted es de nacionalidad alemana pero vive desde hace más de 20 años en Suiza. ¿Qué cree que es más probable: que Suiza reforme su sistema de democracia directa o que se adhiera a la UE?

S.K.: No creo que Suiza se una a la UE. Como entidad uniforme con 28 Estados miembros –dentro de poco 27– la UE no existirá durante mucho tiempo. Se establecerán diferencias en el interior y consecuentemente también hacia el exterior. En el futuro no será necesaria una adhesión de este tipo. Pero votaremos a menudo en qué ámbitos queremos integrarnos y hasta qué punto. Y como laboratorio político para nuevos modelos de democracia directa, Suiza tiene, sin duda, un enorme potencial.

swissinfo.ch: Resumiendo: nuestros problemas con la UE son profundos, pero tenemos potencial suficiente para resolverlos de manera constructiva. ¿Es infundado el nerviosismo generado en torno al acuerdo marco?

S.K.: Con el acuerdo marco Suiza fundamentalmente definiría lo que ya hace hoy: asumir el derecho europeo. Esto traería mayor tranquilidad a la política europea, pero seguiría existiendo el problema fundamental. Suiza como país democrático no puede permitirse asumir del exterior una parte importante de su legislación, como el derecho comercial. De lo contrario, desde el punto de vista suizo, el mercado único corre el riesgo de convertirse en una zona de exclusión democrática.

Steffen Klatt, Blind im Wandel, Ein Nationalstaat in der SackgasseEnlace externo, Zytglogge Verlag, Basilea 2018, 204 páginas, CHF 29.00.


Traducción del alemán: José M. Wolff, swissinfo.ch

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