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Historia y religión

Suiza y el colonialismo

Suiza nunca tuvo colonias y, sin embargo, los suizos cooperaron económicamente con las potencias coloniales y se beneficiaron de las conquistas militares de tierras y recursos.

Este contenido fue publicado el 14 enero 2021 - 14:38
David Eugster (texte), Corinna Staffe (ilustración)

En torno a 1800, los naturalistas europeos calificaban a los confederados como “medio salvajes” que hacían recordar las visitas “de los pueblos primitivos las costas pacíficas”. La Europa intelectual veía en los suizos a gente que seguía viviendo en el estado natural, una caricatura que los propios suizos adoptaron: ninguna publicidad para yogures y ningún concepto turístico se escapa de las imágenes exóticas que pintan a los suizos como “nobles salvajes”. Esta imagen de sí mismos aún emerge en la retórica política que a veces se enciende cuando se debate sobre el peligro de que Suiza pueda convertirse en una colonia de la Unión Europea.

Pero en su historia moderna, los suizos muy pocas veces estuvieron del lado de los colonizados, sino mucho más a menudo del lado de los colonizadores. Es cierto que Suiza como Estado nacional no practicó el imperialismo y que fracasaron también sus intentos por establecer organizaciones económicas más grandes como la Compañía Británica de las Indias Orientales.

Pero también forma parte del colonialismo la convicción de que las personas en las tierras colonizadas son inferiores a los europeos blancos. Este ideario formaba parte de una comprensión global generalizada en la Suiza del siglo XIX.

Generaciones de suizos y suizas crecieron con cuentos infantiles sobre “negritos tontos”, con reportajes sobre salvajes cándidos e inocentes y con imágenes publicitarias en las que los pueblos colonizados aparecían, en el mejor de los casos, como figuras decorativas de productos ultramarinos. Este legado existe en el país hasta el día de hoy.

Soldados suizos en las colonias

No obstante, el problema de los lazos históricos de Suiza con el colonialismo va más allá de los debates sobre productos y nombres que evocan la época colonial. Cabe recordar también que los suizos combatieron como soldados en las colonias. 

Cuando en torno a 1800 se levantaron los esclavos negros en la isla de Santo Domingo —en el Haití actual— contra su sumisión por los colonialistas franceses, Napoleón envió a 600 mercenarios suizos que el Gobierno helvético estaba obligado contractualmente a poner a disposición de Francia. No fue un caso único. También después de la fundación del Estado federal en 1848 los suizos siguieron luchando – ilegalmente –para las potencias coloniales.

Una de las motivaciones era la remuneración. Los mercenarios podían contar con rentas sólidas si no morían en los primeros meses de enfermedades tropicales y no abandonaban antes de tiempo el servicio.

Los suizos y la trata de esclavos

Sin embargo, las grandes fortunas de las colonias no iban a parar a las manos de los mercenarios, que a menudo procedían de familias indigentes y veían en el servicio para los Países Bajos o Francia una gran aventura, sino al comercio de productos ultramarinos y el tráfico de esclavos en las colonias.

Una de las implicaciones más sombrías de Suiza con el colonialismo global es la trata de esclavos.

De la esclavitud se beneficiaron personas y empresas suizas, como inversores y comerciantes que organizaban expediciones de esclavos, compraban y vendían seres humanos y como propietarios de esclavos explotados en el cultivo de las plantaciones coloniales, que ellos a menudo llamaban con orgullo “colonias”.

 La lista de la esclavitud

La organización CooperaxionEnlace externo se ha propuesto elaborar una lista tanto de traficantes y propietarios de esclavos como de antiesclavistas suizos.

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Hasta el siglo XIX, el sistema de esclavitud funcionaba en la región atlántica como como un comercio triangular: los barcos cargados de géneros de trueque navegaban hasta las costas africanas, donde intercambiaban su mercancía por esclavos. Estas personas eran transportadas luego al otro lado del océano, desde donde los barcos regresaban a Europa cargados de productos cultivados o fabricados por los propios esclavos: azúcar, café y sobre todo algodón.

Según Hans Fässler, que lleva décadas estudiando la historia de las relaciones suizas con la esclavitud, en el siglo XVIII Suiza importó más algodón que Inglaterra. El historiador subraya también que el la trata de esclavos fue una industria clave que hizo posible la fabricación de muchos productos. Por decirlo sin rodeos: sin el algodón cosechado por los esclavos, la industrialización de la producción textil en Suiza habría sido imposible.

Un sector de la industria se beneficiaba directa y manifiestamente del tráfico de esclavos: los fabricantes de los denominados tejidos indianos, que se producían para el mercado europeo, pero también expresamente como medio de trueque para el comercio triangular. A menudo, incluso las muestras de tela estaban diseñadas al gusto de los negreros que canjeaban productos de lujo por personas en las costas africanas.

Una familia suiza que fabricaba estos tejidos los publicitaba así en 1815: “La empresa Favre, Petitpierre & Cía. advierte a los armadores de buques esclavistas y coloniales que fabrica y suministra los productos necesarios para el tráfico de negros, como tejidos indianos y pañuelos.”

Transición al colonialismo sin esclavitud

Después de la prohibición del tráfico negrero en Estados Unidos, la industria textil sufrió una crisis de las materias primas: los mercados del algodón en la India recuperaron atractivo. La empresa suiza Volkart, que operaba 1851 operaba en la India, aprovechó este nicho y se especializó en el comercio con algodón en rama. Una producción que controlaban los británicos, que obligaron a los campesinos indios a producir algodón en lugar de alimentos. Gracias a la estrecha colaboración con los británicos, Volkart pronto logró hacerse con una décima parte de las exportaciones de algodón índico destinadas a las fábricas textiles en toda Europa.  

Otra empresa que sobrevivió bien a la crisis provocada por el fin de la esclavitud fue la Misión de Basilea, una comunidad de misioneros evangélicos en la India. Con el apoyo de las mismas familias de Basilea que antes habían invertido en la trata de esclavos, la Misión emprendió un nuevo modelo de negocios: la conversión al cristianismo de indios “paganos” en India, que fueron expulsados de sus comunidades. Una circunstancia que aprovechó la Misión de Basilea para hacerlos trabajar en sus fábricas de tejidos. En 1860, un misionero alababa el modelo de la siguiente manera:

“Si las personas del mundo pagano quieren convertirse al cristianismo (…) les procuramos una morada cerca de las granjas de la Misión y les damos trabajo, con el que pueden ganarse el pan, sea en la labranza o en cualquier otro oficio. Esto se le llama colonización.”

El colonialismo comprende también la explotación asimétrica de las relaciones de poder en beneficio económico de los colonizadores. El Estado suizo, sin embargo, dejó la búsqueda de lucro en las colonias exclusivamente en manos de la iniciativa privada. Las iniciativas parlamentarias que exigían un mayor apoyo del Estado federal a la “emigración y la colonización” fueron rechazadas. La opinión del Gobierno era que, en primer lugar, un país sin acceso al mar no podía colonizar tierras y, en segundo lugar, la Confederación no podía asumir una responsabilidad que era incapaz de cumplir. 

Curiosamente, estas propuestas venían de los demócratas radicales que en los años 1860 que luchaban por reformas sociales y contra las clases medias en el poder para desarollar los derechos de la democracia directa. Los demócratas radicales que defendían el colonialismo, se consideraban representantes de aquellas personas que huían de la pobreza y del hambre en Suiza.

La política de emigración de Suiza cambió en el siglo XIX. A principios del siglo, las colonias eran consideradas como lugares de acogida para personas que no podían sustentarse en el propio país; pero con el paso del tiempo se convirtieron cada vez más en la base de redes globales: las colonias ofrecían un campo de ensayo para muchos jóvenes comerciantes.

Y estos comerciantes disfrutaban de los mismos privilegios que los miembros de los regímenes coloniales europeos – eran colonizadores sin patria imperialista.

En 1861, el economista alemán Arwed Emminghaus admiraba esta estrategia de las “relaciones comerciales expansivas” de Suiza y veía en ella una variante de la política expansionista imperial de las potencias coloniales.

“No se necesitan flotas ni administraciones costosas, no hay necesidad de guerras ni de opresiones; las conquistas se hacen por la vía más pacífica y sencilla del mundo.”

Fuentes 

Andreas Zangger: Koloniale Schweiz. Ein Stück Globalgeschichte zwischen Europa und Südostasien (1860-1930) [=Suiza colonial. Un segmento de la historia global entre Europa y el sureste asiático (1860-1930)]. Berlín 2011.

Lea Haller: Transithandel: Geld- und Warenströme im globalen Kapitalismus [=Comercio de tránsito: flujos de capitales y mercancías en el capitalismo global]. Fráncfort del Meno 2019.

Patricia Purtschert, Barbara y Lüthi, Francesca (eds.): Postkoloniale Schweiz: Formen und Folgen eines Kolonialismus ohne Kolonien [=Suiza postcolonial: formas y consecuencias de un colonialismo sin colonias]

Thomas David, Bouda Etemad y Janick Marina Schaufelbuehl: Schwarze Geschäfte. Die Beteiligung von Schweizern an Sklaverei und Sklavenhandel im 18. und 19. Jahrhundert [=Negocios negros. La participación de suizos en la esclavitud y la trata negrera en los siglos XVIII y XIX]. Zúrich 2005.

Hans Fässler: Reise in schwarz-weiss: Schweizer Ortstermine in Sachen Sklaverei [=Viaje en blanco y negro: inspecciones suizas en torno a la esclavitud]. Zúrich 2005.

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